Carta pública a los padres de Matías y Micaela

Estimados Osvaldo, María Inés, Steffano y Claudia les escribo estas líneas pensando en su dolor y las consecuencias de la pérdida de sus hijos.

Quizás sirva saber que cuando ocurrió lo de Matías, mis hijos no estaban en casa y al salir las noticias, lo primero que pensé que a cualquiera de ellos le podría haber pasado lo mismo, qué culpan podrían tener Matías y Micaela de estar en el lugar y momento equivocado.

No hay consuelo que alcance, y sólo quedan los abrazos y el silencio.

Sin embargo ustedes optaron por movilizar nuestra sociedad para promover cambios ante un  sistema judicial, policial y penitenciario que no tiene respuestas ni rumbo, sólo malas noticias.

Me defino como una persona que actuó y hablo en favor  de los derechos humanos y que además he representado personas como abogado que no son del gusto de la gente.

En primer lugar, aunque no coincida con sus planteos de mano dura y hasta pena de muerte, eso  al menos eso informan los diarios, no puedo dejar de decir que todo lo que Uds hagan para promover el cambio social es positivo. Esta sociedad no puede permitirse ni las cárceles inmundas, ni  una policía sin capacitación ni un poder judicial inmune.

Conozco a los abogados de derechos humanos, porque creo ser uno de ellos, y los aprecio y respeto y créanme que pocos como ellos han sido dignos marcando la agenda del respeto al ser humano durante todos los gobiernos democráticos.

Algunos hechos indignantes como la maestra Claudia Oroná y Laura Abonassar fueron utilizados por la canalla de siempre para enfrentarnos con la gente, por tanto lo que ocurre hoy sucedió ayer.

Hoy las autoridades les darán palmadas en la espalda y algunos medios buscarán la palabra del rencor, pero nada reemplazará la risa, el abrazo de  MATÍAS y MICAELA, ellos se quedaron sin futuro y  Uds seguramente también se verán afectados.

Si mis palabras sirvieran de algo, es que deben seguir promoviendo el cambio y exigir justicia, quizás sea la mejor opción para seguir adelante y demostrarle a sus hijos que como otros casos anteriores, fueron las víctimas quienes derrumbaron las barreras. Ayer las Madres y Abuelas de Plaza  de Mayo, luego la madre de María Soledad o los padres de Sebastián Bordón o la mamá de Christian Guardati, por ser los hechos que más conozco.

No debe importar si los asesinos de sus hijos son o no miembros del Estado, hay dos personas menos en nuestra sociedad y eso debe ser lo importante.

Hoy muchos se suben al discurso de la mano dura y buscarán el culpable de sus tragedias; los abogados de derechos humanos, el juez, la justicia, etc.

Lo que encuentren en sus corazones será el mejor consejero de su lucha que aunque  yo no coincida en sus términos o propuestas son dignas de mi mayor respeto.

Con respeto. Carlos Varela Alvarez, abogado.