Mea culpa

Como docente y ciudadano de esta provincia, estoy profundamente dolido y preocupado.  El asesinato a sangre fría de un joven, una bala perdida que se lleva la vida de una pequeña; son acontecimientos que nos condenan como sociedad en general y como personas en particular.

Siempre que suceden estas cosas surgen reacciones de todo tipo.  El lógico pedido de justicia va acompañado de otros no tan lógicos: “basta de derechos humanos”, “pena de muerte”, entre otros.  Esto es un verdadero contrasentido, un oxímoron.  Justicia, verdad y respeto a la vida; son precisamente derechos humanos. 

Algo no hemos hecho bien en las escuelas. Este es un problema cultural del que los docentes debemos hacernos cargo.  La defensa de los derechos humanos -universales y naturales- debe ser algo indiscutible; imposible de poner en tela de juicio.

Pedir la muerte para castigar la muerte es sumamente contradictorio y tan pedagógico como castigar al golpeador dándole un golpe.

Duele ver a la gente vociferar contra los derechos humanos, cuando lo que se reclama es tal vez, el derecho más importante de todos: el respeto a la vida.

Argentina posee una historia muy rica en la defensa de los derechos. Lamentablemente también tenemos pergaminos, en lo que respecta a la violación de los mismos. Hay un ejemplo de respeto y lucha a favor de los derechos imposible de pasar por algo: las abuelas y madres de plaza de mayo.  Ellas y sus familiares sufrieron todo tipo de violaciones: tortura, desaparición, robo de bebés y muerte.  Esto agravado por décadas de impunidad, con los culpables caminando libremente por la calle. Sin embargo, fueron –y son- pacientes, no hicieron justicia por mano propia ni reclamaron por el fin de los derechos humanos. De esos ejemplos, como tantos otros, tenemos que nutrirnos y formar a nuestros chicos.  Cada uno desde el lugar que le toque, trabajar para que esta sociedad, cambie, mejore, evolucione.

El dolor infinito de esos padres es algo imposible de imaginar.  Ojalá las autoridades y la justicia estén a la altura, castiguen a los culpables y fundamentalmente trabajen para que estas cosas no sucedan más.

Justicia por Matías, por Micaela, por y para todos.

Mano justa y pena de vida en la cárcel para los culpables. 

Respeto irrestricto de los derechos humanos.