Es muy complicado analizar el discurso de la Señora Presidenta ya que luego de 3 horas y media de alocución pocas cosas quedaron muy claras. A veces parece que la Presidenta tiene poco contacto con la realidad del país, con esa que nos duele a todos. Además repite hasta el hartazgo algunos aciertos, tantas veces, que uno llega a pensar que el único fin es no hablar de los problemas reales, los de la gente común.
Mientras tanto, las obras necesarias para el desarrollo real, como la red ferroviaria o el autoabastecimiento energético, entre otras, brillan por su ausencia. Y estas son inversiones mucho más urgentes y necesarias que, por ejemplo el despilfarro de Aerolíneas. Es claro que el fracaso de la política de subsidiar a las empresas prestatarias sumado a la ausencia de controles tiene directa relación con la lamentable tragedia de Once a la que prácticamente no se refirió.
En otras palabras, basta confrontar el índice de crecimiento con el modelo de distribución del ingreso, para demostrar que no existe una estrategia real de desarrollo. Queda evidente la incomodidad de la Presidenta para criticar a las políticas neoliberales de los 90, por la sencilla razón de que su autor es hoy un aliado del gobierno, Carlos Menem.
Respecto a la escala salarial, la recriminación de la Presidenta a los docentes es una prueba de que la “sintonía fina” se va a concentrar en mantener a raya los salarios, poniéndole un techo a las paritarias. En el mismo sentido, vale destacar también que en ningún momento la Presidenta se refirió al impuesto más atroz del sistema argentino, que es el inflacionario, dado que impacta en los asalariados y en las personas de bajos recursos.
Con respecto a las políticas agropecuarias, hizo mención al “éxito” de lograr un valor del ganado vacuno alto. Hoy en nuestro país y gracias a las medidas de Moreno faltan 12.000.000 de cabezas de ganado y la carne está más cara que nunca. No es que haya más gente comiendo carne, sino que faltan muchísimas vacas. En este máximo valor histórico no hay ninguna buena noticia.
Nos hubiera gustado escuchar, también, algo acerca del régimen tributario, que se sostiene mayoritariamente por el salario y el consumo popular y exceptúa a las transacciones financieras y a las grandes fortunas.
Nada se dijo sobre que, sólo el año pasado, se fueron del sistema financiero unos 21.500 millones de dólares. Eso sí, escuchamos una catarata de números repetidos incansablemente, cayendo finalmente en la cuenta que poco podemos creer en tantas cifras si estas provienen del INDEC.
Si estamos, como dice la Presidenta, en "un modelo de desarrollo que ha hecho del mercado interno y el consumo popular sus banderas principales", ¿por qué los más castigados son los que gastan sus ingresos en el consumo básico, con el IVA de 21 por ciento, y los trabajadores formalizados con la aplicación del Impuesto a las Ganancias?
La descripción del sector energético fue sospechosamente parcial y escueta, a pesar del estado de gravedad en que se encuentra. Por primera vez, desde el año 1989, la Argentina generó un saldo comercial negativo en materia de combustibles de más de tres mil millones de dólares. Esto muestra el fracaso de la política energética del Kirchnerismo, que sin dudas en casi 9 años ya podría haber empezado a mostrar algún resultado. Es lamentable que de ser un país exportador hayamos mutado a un país importador de energía.
Según cifras oficiales, entre el año 2003 y 2010 hubo una descapitalización por pérdida de reservas cuantificable en más de 100.000 millones de dólares.
Mientras la pérdida del autoabastecimiento nos convierte en un país energéticamente dependiente y genera una creciente demanda de dólares para hacer frente a las importaciones de combustibles, el sector financiero ofrece importantísimas ganancias que no aportan un centavo al país.
Respecto a las medidas tendientes a reafirmar la soberanía argentina en Malvinas, no basta con la retórica y la apelación emocional. La política fiscal, de inversiones, y la exterior deben orientarse a fortalecer la posición de soberanía nacional sobre las islas. Todas las empresas que desarrollen su actividad en el país, no solo las británicas, deberán hacerlo en el marco del reconocimiento de la soberanía Argentina. Eso también es sintonía fina. Esperamos que estas sugerencias sean tenidas en cuenta antes de participarnos públicamente de convocatorias a políticas de estado.
Por último, a pesar de la emocionada convocatoria a la unidad nacional, la Presidenta elige el camino de la confrontación con enemigos reales o imaginarios. En este discurso le tocó a Al Jefe de Gobierno de la ciudad, a algunos medios de comunicación y a las corporaciones que no califican como amigas. Desperdicia así la Presidenta la oportunidad de concretar objetivos comunes a todos los argentinos.