Las drogas y el alcohol han sido siempre un componente ideal en la correspondencia al efectivo labor de nuestro tanathos o pulsión de muerte. Estas, lejos de permitir una posibilidad de expansión sensorial, interrumpen todo tipo de encuentro con lo posible; su consumo produce aislamiento, menoscabo y menosprecio de las potencialidades del ser humano. La metáfora nos invita a suponer que es como hacer girar una rueda atascada que gira y gira y no avanza absolutamente nada, se paga al contado una ilusión de un movi-miento de algo que nunca se movió…nunca. Nos enseñaron a ver la rueda cuando gira sin movimiento, siempre fue así, y eso no es culpa precisamente de la sustancia en sí. Solamente percibimos el humo o distinguimos el olor a quemado y ahí sí…aguerridamente nos quejamos. Ni hablar si esa rueda es ¨familiar¨, ahí la culpa la tiene ¨algún otro¨.
El negocio de las drogas obviamente deja millonarios beneficios económicos, los Estados se valen de esto como nosotros del agua. Derriban y levantan gobiernos similares a la venta de armas, de la misma manera, con el mismo talante. (¨El señor de la guerra¨).
Los mecanismos de poder imperantes que sientan las bases del ¨status quo¨, en cualquier momento socio-histórico económico y político, se jactan del néctar de las toxicomanías y el alcoholismo. Es Inteligencia de Estado, es saber hacer las cosas. Saben que son banca, nunca punto. Afanosamente alienan subjetividades y se mofan de la degradación humana, imprimen un componente revolucionario o liberador al consumo de drogas como si fuera un ¨jingle per-fumado¨, ¨simpático¨, como un canto de una sirena que sabe que no existe y se ríe igual. Los últimos ¨spots¨ publicitarios vienen cada vez mas sofisticados, más ¨laburados¨ con más aroma en-cantador. Arropan con la musiquita más sutil, como el ¨ perfume¨ de Süskind, hablamos de eso todo el tiempo, como la publi de la cerveza que habla de la igualdad. Es saber pegar en las articulaciones, justo cuando pretendemos levantarnos (¡?)
Eternos trabajadores de lo nefasto, estamos todos dentro. Es la paradoja de este gran ser-vicio incoordinado de emergencias que no emergen, se tapona todo con la ¨guerra al narcotráfico¨, con datos estadísticos que marcan estrategias ciegas pero que legitiman un discurso político embalado para ser comprado. Planes, programas de asistencia como palillos que nos mienten al pretender sostener este gran yunque. Es paradoja pura para que circule libremente lo nefasto. Es el programa de juegos y casinos del propio casino (este año se abrirán 16 casinos mas en la provincia de Mendoza!!!!!!) vale todo, la perinola dice eso en todas sus caras. Y perdemos todos. Educación, salud, seguridad, todo va de la mano ¡pero ojo! La idea es separar y desmembrar todo tipo de relación entre los componentes mencionados, ¨atacar al agente extraño, exterminarlo¨, ¨ir a la cosa¨ (imposible por cierto, obstinadamente torpes siempre hemos aspirado a lo mismo).
Asimismo las representaciones sociales, los discursos petrificados de siempre, ¨bancan la parada¨, están bien colocados para disuadir: ¨seguro están todos drogados, esos¨, ¨en mi época no pasaba esto¨ y tantos otros que conocemos todos, representaciones sociales que no se acaban nunca y que se alimentan siempre del maravilloso componente lógico-racional-formal en que hemos sido educados en occidente. Siempre va a existir una lógica para la miseria humana, sino hay que armarla rápidamente, no nos bancamos fácilmente que somos también lo peor que existe, no hay lugar para eso.
Al fin y al cabo esta todo muy bien pensado, es la maravilla de la perversión, la obra maestra de los grandes ¨tapiteros¨. Ellos hacen el movimiento rápido, virtuosismo de la rapidez de la mano ante el punto invariablemente ciego de nuestra ¨mirada¨. Sabemos que está todo arreglado pero gozamos apostando al propio afano. Eternos trabajadores de lo nefasto, somos todos nosotros, lo que tapamos toda la arena con celofán.