Memoria, verdad y justicia en la escuela

La escuela como sitio para reconstruir la historia, en esta comprometida columna de una docente mendocina.

No cabe duda de que los pueblos, igual que los individuos, necesitamos elaborar nuestras experiencias traumáticas, encontrando en ellas elementos que nos permitan proyectarnos hacia el futuro. Y quizás, porque el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra, es que necesitamos mantener presentes los resultados de nuestras experiencias pasadas.

Existe, sin embargo, una diferencia importante entre el recuerdo individual y el recuerdo colectivo. La vida de los pueblos se extiende más allá de una generación. Nos alcanza desde el pasado y se prolonga indefinidamente hacia el futuro. Y cada generación, no sólo tiene derecho a recibir la experiencia acumulada tiempo atrás, sino que, además, está obligada a participar de la construcción colectiva de la memoria.

Alguno podría pensar que si ya transcurrieron treinta y seis años, ¿Por qué mantenemos  vivos esos años de horror? ¿Por qué conservamos ese pasado sin sepultar? ¿Qué nos impide elaborar este duelo?  Y  la respuesta es que no  tener historia, es como mirarse en un espejo roto. En los pedazos se intuyen partes, pero se pierde el sentido del todo.

Sólo a partir de la verdad y la justicia es posible reconstruir la Memoria. No se puede proyectar y edificar un futuro sobre la endeble base de un olvido forzado que nos impida reconocernos. Pretender hacer “borrón y cuenta nueva” es negar nuestra participación en el proceso de elaboración de la conciencia social.

Es aquí donde la escuela toma un protagonismo fundamental, porque desde este lugar, reconstruimos la historia.

Promover instancias de reflexión en la escuela es, contra lo que sostienen algunos, un acierto. Los que creen que repensar el pasado no es bueno, no hacen más que confirmar que algunas ideas de aquella trágica parte de nuestra historia, aún están vigentes.

La escuela es, o al menos debería ser, el ámbito natural para reflexionar acerca de las cuestiones que nos definen como país. Que mejor, entonces, que el espacio escolar para pensar en qué pasó, en por qué y cómo pasó. Sin duda, todos aquellos que en algunos años, deban proyectar y decidir sobre nuestro destino, dispondrán de más elementos para analizar y modificar la realidad.

No hay dudas de que el camino de la verdad es el más difícil. Pero seguramente es el que dará mejores frutos porque, como dice aquella frase siempre vigente, “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”.

Y en nuestra escuela surgió la necesidad desde un grupo de alumnos guiados por la  profesora Noemí Castro, de investigar sobre una parte de toda esta cruel y profusa historia de desapariciones durante la dictadura militar. Y el punto de partida, no fue difuso y lejano, todo lo contrario, fue cercano, muy cercano a nuestra comunidad. Aquí es donde Rodolfo Vera, vecino de la comunidad de Km 11,  cobra importancia en nuestra escuela y en nuestros alumnos. Ellos decidieron llevar a delante una investigación sobre la vida de Rodolfo, su militancia,  sus convicciones, su vida, su familia. Y  se fueron involucrando  en esta causa, comprometiéndose con el pasado y con la historia de nuestro país, pero desde un pequeño barrio mendocino, que también fue protagonista de esos años de horror, en la persona de Rodolfo Vera.

Aquí cabe destacar, el invalorable apoyo que nuestros alumnos recibieron por parte de la familia de Rodolfo, del sector de Derechos humanos del municipio de Guaymallen, de la Casa de la Memoria en Mendoza, de amigos, de vecinos. Y desde allí, los alumnos reescribieron la historia, la historia de Rodolfo, un joven militante, lleno de ideales, de convicciones, de coraje para luchar por lo que  creía, y que se permitía soñar con un  país distinto.

El trabajo realizado por nuestros alumnos, nos llevó a Buenos Aires, para ser expuesto en una muestra de Clubes de Ciencia de todo el país, por ser nuestro club de ciencias, elegido como uno de los dos mejores de la provincia de Mendoza. También participamos de Feria de Ciencias, ganando a nivel departamental  con esta investigación, y fue expuesto en el Concejo deliberante del municipio de Guaymallen, ante la Subsecretaria de Derechos Humanos de la Nación, Dra.Marita Perceval junto a autoridades del municipio, y ONGs dedicadas a los Derechos Humanos.

Toda la actividad realizada durante el presente ciclo lectivo, nos hizo preguntarnos si debíamos compartir estas experiencias pedagógicas.

Y necesariamente la respuesta fue “Por supuesto que sí”. Necesitamos oírnos y contar las historias vividas, necesitamos hablar del pasado para cambiar nuestro futuro  para lograr el compromiso de nuestros jóvenes con la lucha por la vigencia plena de los derechos humanos.

Y esto significa que en el momento de recordar no  invitemos a nuestros alumnos sólo a quedarse contemplando el pasado viendo una película triste, satisfechos de sentirlos compasivos y sensibles. Tratar estos hechos como observadores casuales no nos  preserva  de la reiteración de modelos autoritarios, porque fundamentalistas habrá siempre.  Y solo encontraran oposición en ésta generación de jóvenes y en las venideras teniendo conocimiento de lo que ese pasado significó y las consecuencias que produjo. Nuestra tarea  como escuela es construir la memoria colectiva a partir de  distintas estrategias educativas, que permitan que nuestros alumnos se involucren en ellas.

Dijo Benjamin Franklin……”Dime y lo olvido,  enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.”

Seguramente, desde  estas  estrategias educativas, estaremos trabajando mucho más que contenidos, estaremos construyendo  valores democráticos,  que nos permitirán construir una Argentina mejor.

Esta experiencia nos permitió corroborar  una vez más que la enseñanza que deja huella, no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón.

Es por esto que a partir de lo realizado por nuestros alumnos, pensamos que debíamos  homenajear a los verdaderos protagonistas de esta Historia: ellos son nuestros alumnos, hacedores de la reconstrucción  de esta historia y  Rodolfo Vera, presente hoy aquí, en la figura de su madre Agustina Corvalan de Vera, una luchadora incansable en la causa de los desaparecidos de Mendoza.