El país que no cuida a sus leyendas

En Argentina suceden cosas que no son normales. Entre ellas, está el desprecio por aquellos que abrieron los caminos.

Chuck Berry nació en 1926. En 1953 empezó a tocar blues y a presentarse en vivo. Sus canciones marcaron el camino a seguir y los mismísimos Rolling Stones lo consideran como su gran influencia.

¿Alguien se imaginaría a Chuck Berry presentándose en un bar de Denver, por ejemplo, con un puñado de personas como público?

Cream fue una banda de rock británica formada por Eric Clapton (guitarra), Jack Bruce (bajo y voz) y Ginger Baker (batería). Fueron los que iluminaron a toda una generación. Hace menos de un mes, el genial Claudio Gabis le contó a MDZ que Manal es pura inspiración de Cream.

¿Alguien imagina a Eric Clapton golpeando las puertas de una compañía discográfica pidiéndole a un ejecutivo que lo ayude a editar un disco?

Obviamente, estas cosas no son imaginables, más allá que el carácter de Berry lo llevó a tocar sólo durante muchos años.

Pero en la Argentina se pueden imaginar hechos como estos o aún más denigrantes.

Este fin de semana el genial Javier Martínez, el baterista de Manal, el de la voz aguardentosa, el que escribió y cantó los primeros blues en castellano, el que fue –y es- referente indiscutible para dos generaciones de músicos argentinos estuvo en Mendoza. Y apenas un puñado de fanáticos fue a disfrutarlo.

Es un sacrilegio no estar en un concierto de un músico que abrió el camino, que marcó el rumbo, que le puso luz a la oscuridad de años y años. Hacía más de 20 años que Martínez no venía a Mendoza. Y ni así nos conmovimos…

¿De quién es la culpa? Todos nos olvidamos de nuestros ídolos. Ni cuando entran en desgracia logran conmovernos. Alguna vez llenaron estadios pero hoy no existen. No suenan en las radios, no son entrevistados, no aparecen en las revistas, no graban discos, no pueden mostrar su talento. Simplemente porque le pasaron los años, como a todos, y ya no apostamos más a ellos.

En otros países del mundo, el reconocimiento a los fundadores es permanente. Fueron ellos los que hicieron un montón como para que nosotros ahora estemos donde estamos.

Pero, llamativamente, en Argentina no sucede esto. Y sería buenísimo que Mendoza de un paso adelante y no caiga en esta decrepitud. Sería genial ver que cuando los que hicieron historia se suban a un escenario, la platea le devuelva con amor y pasión toda esa entrega. Y la mejor manera es llenando el lugar en donde se presenten. Y comprando sus discos. Y viendo sus obras. Y comprando sus cuadros. Y leyendo sus libros.

Javier Martínez estuvo en Mendoza. Cantó “No pibe”, “Avellaneda blues”, “Jugo de tomate frío”, “Una casa con diez pinos”, “Informe de un día”, “Porqué hoy nací”, “Soy del sol”, “Corrientes” y otras canciones más que nos pegaron en el centro del pecho. Estuvo a tres o cuatro metros de nosotros, conmoviéndonos.

Ojalá que la próxima vez que venga Martínez o Gabis o Medina o cualquiera de aquellos que nos enseñaron lo que es el rock lo veamos bien lejos, en un escenario grande y con todos los honores que se merecen.

Ojalá que cuando un mendocino, de esos históricos, de esos que nos han hecho quedar bien en el mundo toque a sala llena, cosa que sucede bastante poco.