Ante los saqueos, ni miedo ni violencia

Foto: Diario de Río Negro
Foto: Diario de Río Negro

Hay términos que en determinadas sociedades se resemantizan, de manera que quedan en el imaginario con una carga simbólica que les será propia por mucho tiempo.

En el caso de nuestro país, estos términos son varios, y sólo para ejemplificar podemos citar las palabras “desaparecidos”, “madres”, “hijos” y “proceso”, entre otras varias palabras que usamos a diario, pero que han ganado un valor que excede los tiempos.

Entre estas palabras está “saqueo”. Saqueo, para los argentinos, para quienes vivimos el 2001, es mucho más que un mero asalto, un vaciamiento forzado. Para quienes vieron volar un helicóptero desde la terraza de la Casa Rosada trasladando a un presidente, saqueo es miseria, es el fondo, es gente con hambre, es muertos en la Plaza de Mayo y varios puntos más del país, es “no vamos a pagar la deuda externa” y “quien depositó dólares recibirá dólares” y muchas frases e imágenes más.

Y eso lo saben quienes planearon los robos multitudinarios de esta semana. No sabemos quiénes fueron, pero salta a la vista que no se trató de nada espontáneo. Eligieron esta fecha para hacerlo por la carga simbólica que tiene la palabra saqueo el 20 de diciembre, porque las imágenes de gente llevándose cosas de los supermercados impactan en la memoria.

Pero hay como un exagerado dejo de puesta en escena detrás de todo esto. Tanto en Bariloche como en Santa Fe, tanto en San Fernando como en Tucumán.

No seamos ingenuos. No salgamos con el discurso oficial de que estamos bien y vamos mejor, de que el país avanza a pasos agigantados, de que la atención social cubre casi todas las necesidades.

De ninguna manera es así, y sabemos que hay un gobierno nacional que baja este discurso hipócrita y que hay gobiernos provinciales obsecuentes que tienen a la vista la pobreza y las carencias de la gente pero nada dicen, porque lo importante es defender el modelo.

Pero tampoco seamos ingenuos suponiendo que este contexto es similar al del 2001. Podemos acordar en que el gobierno de Cristina tiene la necesidad de ocultar y fraguar datos porque, justamente, no todo está tan bien como lo pintan, pero de ninguna manera el clima social está dado como para que se llegue a situaciones como las de hace once años.

Si se repasan las imágenes de Bariloche y las de San Fernando (de los otros lugares en los que se produjeron desmanes no hay tantas), se llega fácilmente a la conclusión de que detrás de todo eso hubo una organización que no es barrial.

Un atisbo de conclusión primera (quizá la única que podamos elaborar por el momento) es que detrás de cada lugar asaltado hay un mensaje. Un mensaje con destinatarios claros. Y pensar que detrás de todo esto hubo un solo instigador (hombre, organización, partido político o lo que fuera) parece, a primera vista, incompleto.

En nada se parece esto a lo del 2001. Porque por entonces se trataba de llevar algo a la mesa, en cambio, ahora, aunque seguramente quienes participaron se llevaron comida que pusieron en su mesa, se trata de una seguidilla de mensajes.

Mensajes a intendentes, a gobernadores, a la Presidencia. No lo sabemos.

Pero está claro que el 20 de diciembre del 2012 no es el 20 de diciembre del 2001. Y justamente por eso es que debemos estar atentos, para que no nos gane esa sensación de miedo que parece estar queriendo imponer, pero mucho más atentos deberemos estar para que no se instale la idea de que, ante estos focos de violencia, necesitamos más violencia.

Alejandro Frias