Antonella y Florencia Suárez y su hermana Tania Fuentes de 10, 11 y 14 años, hoy ya están en 3º, 4º y 6º año. Comenzaron su vida escolar en marzo de 2010, cuando la mayor de las tres, fue a inscribirlas espontáneamente en la Escuela Cordillera de Los Andes de Godoy Cruz. A pesar de que comenzaron su vida escolar cuatro años tarde, por cumplir con los requisitos de tener muy buenas notas y compromiso académico (buena conducta y asistencia) fueron seleccionadas por la Fundación FONBEC, como becarias.
Las carencias económicas que privan a la familia hasta de servicios esenciales, como el agua y baño y que sufren además de las carencias propias de la pobreza más cruda, como falta de alimentos, frío intenso en invierno y el calor agobiante en verano; no es impedimento para que las niñas disfruten plenamente de la rutina del aula con un entusiasmo admirable, que se manifiesta en su destacado rendimiento.
Viven con su madre, Julia y dos hermanas menores en una casa muy pequeña y precaria del Campo Pappa, uno de los mayores bolsones de pobreza de la provincia al Oeste de Godoy Cruz, donde proliferan basurales clandestinos, fuente de “pobres ingresos” de gran parte de sus habitantes.
Julia, afirmó: "Por nuestra situación económica, la ayuda es muy importante y la beca es indispensable porque sirve para que las chicas tengan útiles, zapatillas y, algunas veces, se puede comprar comida".
FONBEC trabaja para llegar a todos los niños y jóvenes que estén en la situación de las hermanitas Antonella, Florencia y Tania, para que puedan cumplir sus proyectos de vida, sin estar condicionados el día de mañana a trabajos indignos, subvalorados e informales por falta de competencias.
La Fundación FONBEC que nació en Córdoba hace 13 años y se inició en Mendoza hace 4, beneficia a más de 1.200 estudiantes destacados de bajos recursos, de la Argentina y Bolivia. En nuestra provincia, hay más de 330 becarios que viven en localidades urbanas, suburbanas y rurales de distintas zonas carenciadas.
FONBEC tienen una metodología vinculante: los aspirantes, se registran en una lista de espera y van entrando en programa, a medida que se van sumando padrinos - particulares y empresas -.
Cuando es una empresa la que aporta, eligen entre sus colaboradores, “los referentes” para cada becario, cumpliendo el rol de padrino/madrina. De ese modo, aplican la RSE en un ámbito ideal que favorece el clima laboral: las acciones son concretas y directas y si lo desean pueden participar activamente del proyecto.
El mediador, es un miembro de la comunidad educativa o barrial, y es quien hace la preselección de los becarios, quienes una vez que acreditan el buen rendimiento educativo y las necesidades económicas, escribe la “primer carta” de las que mensualmente le llegará al padrino a través de FONBEC, donde además de confirmar que recibió la beca, le cuenta sus sueños, problemas y proyectos.
Chana Venegas, mediadora del Bajo Luján donde hay 46 becarios, nos dice: los chicos de estos barrios son discriminados, el nombre ya nos “achata”. El valor que se les da a los chicos al becarlos los prestigia e incentiva a lograr un futuro mejor, nos dice con orgullo.
Los premios y distinciones son algunos de los indicadores de que el camino que se recorre una institución es el correcto: FONBEC fue reconocida este año por FAVIM con el premio Ciudadanía y el Premio Emprendedor Solidario, 11ª edición, otorgado por el Foro Ecuménico Social.
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