En la historia del rock existieron lugares que adquirieron capital importancia por ser los espacios físicos donde los músicos pudieron desarrollarse tranquilamente. Y no sólo por el espacio, sino porque la atmósfera de dichos lugares era la ideal para poder plasmar ritmos, ideas, y movimientos que revolucionaron la música popular.
El “Marquee”, en Londres, fue un claro ejemplo pero en este ensayo vamos a tratar de comentar de que se trató un “viejo sótano”, mugriento y miserable (según los propios protagonistas), que a la postre terminó siendo como un templo adorado por miles y miles de personas en todo el mundo, y que tuvo “sucursales” en grandes ciudades.
Un toldito blanco, a veces con las letras pintadas de color negro, a veces de rojo, que decía: “CBGB OMFUG”. ¿De qué se trató este pequeño lugar, que albergaba a no más de 300 personas, situado en una zona de Nueva York que en su nacimiento era considerada peligrosa?
Se inauguró en diciembre de 1973, y para esta época, las grandes bandas de rock estaban establecidas (Led Zeppelin, Pink Floyd, The Who, Yes, Genesis, Emerson Lake and Palmer), y aburguesadas, en sus grandes giras, moviéndose en limousinas, y comenzando a desarrollar lo que luego se denominó rock de estadios. Los espacios se agrandaban, el dinero comenzó a aparecer en el rock de una manera nunca antes vista en los 60, y a raíz de ello, los espacios para que bandas nuevas se expresen empezaron a escasear. Para peor, en Nueva York, acababan de cerrar el “Mercer Arts Center”, donde tocaban los New York Dolls, y el otro lugar, el “Max Kansas City”, se había transformado en un lugar VIP, para celebridades, donde concurrían Jagger, Bowie, Lou Reed, y varios más a disfrutar de sus propias excentricidades. No había lugar para que las bandas chicas y nuevas se expresaran.
El fundador del CBGB, un tal Hilly Cristal, quería que en su bar se reuniera gente a desayunar, a cenar, a estar tranquila, con matinés vaqueras, y que sólo se tocara y escuchara música country, bluesgrass, y blues: de ahí la mítica sigla CBGB. Y su continuación OMFUG era la sigla de Other Music For Uplifting Gormandizers (Otra música para nacientes consumidores).
Pero la cosa así no duro mucho, y ni el mismo Cristal se iba a imaginar en que se transformaría su bar. Estaba ubicado en un lugar ignoto de Nueva York, en el Lower East Side de Manhattan, en la Calle Bowery 315. Le había alquilado la parte de abajo a un comité de “sin techos”, y gente con diversas discapacidades que el gobierno sustentaba. La idea duró poco: todo cambió en marzo de 1974 cuando un chico que se hacía llamar Tom Verlaine (por el poeta) le suplicó a Cristal que le dejara tocar en su bar, a pesar de que su banda no tocaba country, bluegrass ni blues: era un domingo, no pasaba nada, y el viejo aceptó. Nadie imaginó que ese permiso, sería el puntapié inicial de lo que luego se denominó “new wave neoyorquina”, y que sería fundamental para el despegue de cientos de bandas, y por supuesto, de capital importancia para el movimiento punk.
Este Tom Verlaine, tocó con su grupo, “Television”, donde en los comienzos también estaba Richard Hell. Salió bien; alguno debe haber pedido una cerveza de más mientras tocaban, y a Hilly Cristal eso le gustó. Tocaron de nuevo, y ya en su tercera presentación estaban viéndolos Patti Smith y Lenny Kaye. El bar empezó a moverse un poco más, y otra banda (The Stilettoes) comenzó a tocar, al mando de una “blonda” Debbie Harry, grupo que terminaría siendo el “Blondie” que todos conocimos.
Y el debut del grupo que hizo famoso al lugar no se hizo esperar. Llegó el día: 16 de agosto de 1974, unos desconocidos “The Ramones” se presentaron en el CBGB, y a partir de ahí no dejaron de tocar nunca más. Estos, a su vez, invitaron a tocar a una banda de “intelectuales”, que poco tenían que ver con ellos, pero que eran amigos de la zona, ya que David Byrne y Tina Weymouth vivían cerca y concurrían al lugar a tomar cerveza y a ver a las bandas. Debutaron como “The Talking Heads”, y por supuesto, siguieron tocando en el lugar por varios años más.
De a poco, Patti Smith empezó a recitar sus poemas acompañada de su inseparable guitarrista Lenny Kaye. Ninguno era un gran músico. Ninguno de los nombrados eran conocidos. Solo eran una idea, se sentían bien, y el lugar comenzó a explotar de gente “outsider”, que se sentía cómoda en él. No había hasta este entonces público “genuino”, para decirlo de algún modo: tocaba un grupo, y los demás músicos miraban, luego los que tocaban se ponían a ver a los otros, y así fue sucediendo.
Pero el 16 de julio de 1975 hubo un hecho histórico, no sólo para el CBGB sino para la historia del rock: hubo un festival de bandas sin contrato, y los Ramones descollaron ese día. Y un tal Seymour Stein, de Sire Records, percibió que ahí pasaba algo. Comenzó a frecuentar el CBGB en 1975, y la historia es conocida: fichó a los Ramones para su sello, alianza que duró muchísimos años, y que fue la mejor época del grupo.
Pero no solo se percibía desde EEUU que algo pasaba ahí: el Londres de la desocupación y de los jóvenes con seguro de desempleo comenzó a escuchar esa “música desprolija” y de pocos acordes, fáciles y “mal tocada”, de esa joya del rock que fue el primer disco de los Ramones, lo que fue el despegue musical de los Sex Pistols, y de The Clash. Incluso un personaje polémico, Malcom Mc Laren, vió a Richard Hell en el CBGB, ya con sus Heartbreakers con una remera rota tocando Blank Generation, y sembró en su cabeza algo que luego se transformaría en los famosos Sex Pistols. Pero ese es tema de otra historia, la del movimiento punk.
Con el correr de los años, el CBGB se transformó en una usina de bandas: además de las nombradas tocaron por primera vez ahí cientos de grupos, y el lugar tomo celebridad; no existía un centímetro cuadrado de sus paredes que no estuviese pintado con algún grafitti y consigna.
Siguieron saliendo bandas de sus paredes. Tocaron alguna vez ahí The Dictators, Dead Boys, Sonic Yout, Living Colour, B 52, The Strokes y también bandas más conocidas y de otras naciones como The Police, U2; y también bandas consagradas en otros lugares pisaron sus tablas como los Red Hot Chilli Peppers, Pearl Jam, Green Day y tantos otros.
Una sola banda argentina logró tocar en el CBGB: “Dos Minutos”, fue en 1995.
En varias entrevistas, tanto los Ramones, como Richard Hell, no dudaron en describir al lugar “original”, como un antro, lleno de borrachos, “pero con una acústica excepcional”, según Joey, ya que no encontró otra acústica igual en ningún lugar del mundo en que tocó. Y en los comienzos, era el único lugar en el que se sentían importantes. En el CBGB hubo un renacer del rock and roll primitivo. Patti Smith dijo que “…siempre hay un momento en la vida donde uno hace las cosas porque uno cree en ellas… y esa fue la época del CBGB…”.
En los ochenta algo había cambiado, la música “disco” de finales de los 70 y comienzos de los 80 hizo lo propio en la ciudad de Nueva York, invadiéndola, y ya en los 90 el foco del rock pasó de nuevo a Inglaterra con el brit pop, a Seattle con el grunge, a California con el hardcore, y el CBGB en Nueva York dejó de ser un lugar de nacimiento de bandas y “under”, para transformarse en un fenómeno de turismo mundial, que comenzó a tener “merchandising” propio, y a ser un destino comercial si se quiere. Iban a tocar bandas consagradas, grandes bandas, pero perdió la magia de sus comienzos. En esta época comenzó un auge mundial del CBGB, con imitaciones en todo el mundo: nacieron “CBGB” en Londres, Tokio, Berlín, Buenos Aires, y demás grandes ciudades, pero eran todas imitaciones.
El barrio que lo vio nacer comenzó a tener auge en Nueva York, los alquileres comenzaron a tener precios exorbitantes en relación a dos décadas pasadas, y llegó un momento que el viejo Hilly Cristal no pudo más. Hizo una campaña buscando firmas y financiación, pero no lo logró. Héroes del lugar como Richard Hell declaraban: “Cuando había plata, era toda para él, no es justo que esté ahora pidiendo prestado”. El Comité de Residentes del Bowery lo esperó lo mas que pudo, debía 90.000 dólares. Estuvo 14 meses luchando contra la movida inmobiliaria de Nueva York y no pudo. Solo Elvis Costelo ayudó con algo. No alcanzó.
Hasta que el 15 de octubre de 2006, la acústica del lugar deslumbró por última vez. El concierto final lo dio Pati Smith, cantando Gloria de Them, autoría de Van Morrison. Agradeció a Kristal por haber permitido la entrada del punk cuando nadie lo quería.
Los grandes ausentes de esa noche fueron los Ramones: tres ya habían fallecido. La reformación de Television fue un fiasco así que no fueron. Las eternas peleas entre David Byrne y Tina Weymouth no permitieron que los Talking Heads estuviesen esa noche. Solo dos grandes que nacieron ahí pudieron despedirlo: Blondie y Patti Smith. Cientos de personas quedaron afuera. Esa noche, para que nadie lo olvidara, Debbie Harry acuño una frase: “el CBGB es un estado mental”. El recital duró tres horas y media, estuvo Flea de los Red Hot Chili Peppers, se tocó el himno del lugar “Blizkrieg Pop” de los Ramones, y al final todos juntos tocaron “My Generation” de los Who, y Gloria de Van Morrison, versión del disco Horses de Patti Smith. Y nunca más abrió sus puertas.
Luego del cierre, se le planteo a Cristal trasladarlo a Las Vegas, llevándose las paredes, los retretes, urinales, barras, puertas, y todo lo que fuese posible sacar del lugar, y lo que no se podría llevar, se vendería. No se supo si esa idea era posible. Hilly Cristal murió un año después, en agosto del 2007.
Hoy en día quienes quieren respirar el aire del lugar, deben conformarse con entrar a una tienda de ropa, de un ex modisto de Calvin Klein y de Ralp Lauren, John Varbatos, quien tuvo la valentía de salvar al lugar de transformarse en un banco y conserva aún las pegatinas de las paredes y ciertos adornos del lugar.
Solo queríamos rescatar a este emblemático lugar que tanto dio a la cultura rock.