Para comenzar, un poco de humor de la mano de César Bruto. El siguiente texto es un fragmento del capítulo Periodismo, gallineros y borocasia (sí, con "s"), incluido en el libroConsejos para futuros gobernantes, en su edición de 1992 del Centro Editor de América Latina.
Periodismo, gallineros y borocrasia
"Si razona el caballo,
se acabó la equitación". Ezequiel
Uno de los más grandes y suculentos errores que cometen los opositores consiste en ponerse a gritar de rabia cuando aparese un diario ofisialista, sin darse cuenta quese tipo de periodismo es el que ofrese mas grasia y obtimismo al pintar siempre la vida color de rosa y al demostrar palmatoriamente que la jente vibe en el mejor de los mundoS... Partiendo desa primisiA, yo le aconsejo a todo gobernantE de que apenas se aposente en el sillón de mandO agarre y inparta las ordenes para que su gobiernO tenga un diario propio, sin fijarse en la plata que cueste, la cual plata usté la puede cargar en "gastos jeneraleS", como se hase siempre, y el que venga atras que arree.
En serio se lo digo: fíjese que si usté agarra un diario opositor es una fija que sólo le hablan de las escaseses de vibiendas, de las abundancias de villaS miseriaS, de que los trenes andan mal y que los teléfonos no funsionan y los hospitaleS no tienen gasas ni algodoneS, y que los sueldos no alcansan, y que las cosas aumentan de presio, y quel desquisio de las repartisiones públicas está lleno hasta el tope...¡Vamos, por favor, no embromen! ¡Eso es ganas de machacar y machacar con noticias del tienpo de ñaupA, y le dan tristesa al público en vez de arreglarlo! En canbio, si usté abre un diario ofisialista, la jente senloquece de entusiasmo leyendo informasiones hermosas, pintorescas y reconfortantes, o sea que sienpre es mejor mostrar la hermosa cara de la fantasía bien gordita y colorada, y no el rostro repulsivo de la realidá, todo flaco y pálido que no hay por dónde agarrarlo.
Ya sé que yo no soy nadies para dar consejos a nadies, pero si amí me dejaran haser un diario ofisialista, yo sienpre pondría grandes notas con tremendas fotografías de las catástrofes que pasan en el estrangero. Digamos una pájina dedicada a mostrar el hanbre que sufren millones y millones de habitantes de Tan-chin-pun del norte; en otra pájina yo contaría de qué manera trabajan los esclavos de babiloniA, resibiendo latigasos en las espaldas y comiendo raíses de cualquier cosa [...] En síntesis; cuando el lebtor se entera del hanbre que tienen millones de tipos en Tan-chin-pun ya no se aflije por los sentenares de hanbrientos locales porque son menos, y cuando un trabajador de acá piensa cómo trataban a los trabajadores de babiloniA, baila en una pata de alegría.
Ya está, nos divertimos un poco, pasemos ahora a lo que no es tan divertido tras las palabras de César Bruto.
Hay una forma mucho más simple de conseguir que los diarios y los medios de comunicación en general den buenas noticias y que, además, las malas noticias que revelen no afecten al gobierno, cualquiera sea su color. Esta no consiste en apoderarse de todos los medios de comunicación, sino en comprar los favores de los que ya existen, y el mejor método para logrardo es mediante el uso de la pauta publicitaria.
Esta semana se conoció, a través de la revista Noticias (de la corpo, claro) el ranking de medios no oficiales que más pauta publicitaria recibieron, a lo que se sumó un spot del Grupo Clarín en el que se dice que el 99 por ciento de la pauta para televisión abierta de Buenos Aires se distribuyó entre cuatro de los cinco canales que existen.
No es difícil descubrir, a partir de los datos, cómo el Gobierno ha conseguido elaborar un frente que, a través de radios, televisión y diarios, divulgue la información oficial.
Está claro que el Grupo Clarín debe adecuarse a la ley y que cada acción propagandística que realice, ya sea a través de tribunales o mediante el uso de los medios que posee, no es más que la búsqueda de dilatar en el tiempo la posesión de las licencias que adquirió a lo largo de los años, favorecido por grupos empresarios cuando no por gobiernos, siendo siempre servil a los intereses de unos pocos. Y es de esperar que de una vez por todas cumpla la ley.
Pero también debería comenzar a quedar en claro que el Gobierno no puede ni debe ser tan descarado como para seguir sosteniendo un discurso que pretende ser de corte social pero que se traduce en acciones que apuntan a desbaratar un monopolio informativo para construir otro sobre sus ruinas.
Cuando el Gobierno habla de la corpo, oculta con quiénes está tratando. Un repaso mínimo sobre los medios que más plata del Estado reciben en pauta publicitaria nos deja una lista de nombre que, al menos, preocupa. Vila, Manzano, Szpolski, Hadad, Cristóbal López, Moneta, por citar sólo a algunos, son quienes reciben la mayor cantidad de aportes de parte del Estado, y no hace falta realizar un repaso por la historia de cada uno de estos personajes para saber que no estamos en presencia, justamente, de gente que tenga inclinaciones de tipo social o ideas contrarias a la monopolización. Muy por el contrario, se trata de gente que en algunos casos ha llevado a la quiebra bancos, de gente que posee cadenas de casinos, de gente que tiende sus tentáculos especlativos hacia todos los puntos cardinales y hacia todo negocio que ande dando vueltas por ahí.
El Gobierno ha logrado lo que César Bruto proponía pero a gran escala, porque creó una cadena de optimismo y felicidad en base a la distribución de plata y a la demagogia, ya que mientras que, por un lado, unos pocos se enriquecen con dinero del Estado, por otro lado, muchos reciben las migajas de un sistema que tiene en los grandes medios sus voces amigables y en los medios propios (Televisión Pública, Radio Nacional) o extremadamente afines(Página/12, Tiempo Argentino) una caterva de intelectuales que les dan una base de corte social a sus actos con discursos que no pueden justificar de ninguna manera la distribución de dinero que hace el Gobierno entre los empresarios que vieron que, por el momento (y sólo por el momento) era redituable ser kirchnerista y adecuarse a la Ley de Medios.
Alejandro Frias