Rescatar la raíz para mirar al futuro

Esta edición del Americanto ha propuesta algo a lo que no estamos acostumbrado: mirar para atrás.

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En su momento todos los funcionarios lo contaron como un detalle de esta nueva edición del Americanto. Pero es mucho más que eso. Es algo fundamental.

Desde el martes pasado, un grupo de artistas mendocinos está dando vueltas por distintos puntos de la provincia con una sola intención: cantar serenatas.

Primero, fue la casa de Tito Francia y más tarde en la Medialuna de Pedro Molina. Ayer, fue el turno de homenajear a Juanita Vera, el loco Juan y la Gladys Ravalle. Y más tarde, todos juntos le dieron una serenata a El Retortuño y sus hacedores.

Y esta noche, habrá guitarreadas, como las de antes, en diferentes lugares, como la casa de los Navarro en el barrio Supe, la Casa de la vedera alta en Las Heras y el mismo Retortuño.

La verdad es que hay que felicitar a quien se le ocurrió la idea de hacer estos encuentros que son parte de nuestros antepasados y casi olvidados por los presentes. Sólo algún grupo trasnochado puede tener la intención de salir a cantar serenatas por ahí.

Vale aclarar algo: la serenata cuyana no es sólo de amor. Es un canto (que casi siempre es tonada, cueca y gato) que sirve para homenajear a alguien. Así, el homenajeado por lo único que se tiene que preocupar es por conseguir una copa de vino para “pagar” ese regalo. Así, se podrá ver a un grupo de guitarreros cantarle a otro compadre o una dama o un lugar.

Eso es lo que está pasando por estos días acá, en Mendoza. Y es necesario que esto suceda porque estamos rescatando valores de nuestra tierra, de nuestros antepasados, que vinculan al hombre con la cultura y es algo necesario.

Las sociedades que crecen son las que mantienen viva su cultura, su historia y lo aplican en el presente para tener un futuro mejor. Son las que tienen memoria.

Sólo basándonos en nuestra historia podremos crecer, mirar para adelante.

Por eso, esta noche hay que salir de serenatas, hay que prenderse en alguna guitarreada porque nuestros corazones se pondrán contentos, tanto como el de nuestros abuelos y nuestros hijos.