El 3 de noviembre de 1992 se apagaba la vida terrenal de uno de los máximos exponentes literarios que ha dado la provincia de Mendoza: Armando Tejada Gómez.
Escritor, poeta, locutor, Tejada Gómez no sólo fue el dueño de muchas canciones emblemáticas del patrimonio popular sino que interpeló ese linaje sonoro desde una mirada reflexiva e incómoda.
Armando nació el 21 de abril de 1929 en Mendoza, a orillas del Cacique Guaymallén. Hijo de Lucas Tejada, tropero (llevaba ganado de Mendoza a San Juan y Chile, a través de la cordillera), y de Florencia Gómez, casada a los 14 años.
De joven comenzó a despertarse su inquietud social, participando de jornadas de protesta, luchas obreras y políticas al mismo tiempo que comienza a expresarse a través de su poesía.
En 1950 inició su tarea autoral junto a Oscar Matus (también mendocino y luego marido de Mercedes Sosa) y más allá de sus experiencias políticas, publica “Antología de Juan”, “Los compadres del horizonte” y “Ahí va Lucas Romero”.
En 1963 fue uno de los fundadores del Movimiento del Nuevo Cancionero junto a Oscar Matus, Mercedes Sosa, Tito Francia, Eduardo Aragón y otros y un año después se radicó en Buenos Aires y se dedicó íntegramente a su tarea artística.
Su primer espectáculo y disco se llamó “Sonopoemas del horizonte”, al que luego le siguieron otras obras grabadas y escritas como “Tonadas para usar”, “Los oficios de Pedro Changa”, “Profeta en su tierra”, “Amanecer bajo los puentes” y “Canto popular de la comidas”.
Luego de que su novela “Dios era olvido” ganara un premio internacional en Bilbao, España, regresó a Buenos Aires en 1979 y comenzó a utilizar el seudónimo de Carlos de Mendoza para registrar sus temas nuevos y que pudieran pasarse por las radios.
“Toda la piel de América” (cancionero), “Historia de tu ausencia”, “Bajo estado de sangre”, “La poesía”, “Cosas de niños” y “El río de la legua”, son algunos de sus libros de poemas.
Falleció en Buenos Aires y dos años más tarde se editó su libro póstumo “Los telares del sol”.
Algunas de sus composiciones más reconocidas fueron “Fuego en Animaná”, “Canción con todos”, compuesta con César Isella y con el tiempo se convirtió en un "himno" latinoamericano, “Zamba de la distancia”, “Canción para un niño en la calle”, “Zamba del laurel”, “Trovador del rocío”, “El mundo es un pañuelo”, “Resurrección de la alegría”, "Zamba del laurel", "Chaya de la albahaca" (con Gustavo “Cuchi” Leguizamón), "Canción de las simples cosas" (con César Isella), "Zamba azul" y "Regreso a la tonada" (con Tito Francia).
Desde luego que la obra de Tejada Gómez sigue marcando tendencias y es por eso que por estos días está llegando a su fin el rodaje de “Compadres”, un largometraje documental sobre la vida, la obra y el legado del poeta.
Guionado y dirigido por Ciro Novelli, “Compadres” cuenta con la participación de destacadas figuras de la cultura y la canción, como Martirio (España), Víctor Heredia, Enrique Llopis, Horacio Guarany, Ramón Abalo, Ernesto Suárez y Daniel Talquenca, además de la interpretación en vivo de canciones de Armando Tejada Gómez de parte de la murga El Semillero, Ini Severino, Susana Castro (San Juan), Lourdes Cuello, Dúo Nuevo Cuyo y Marcelino Azaguate. Incluso, participa Dora Giannoni, segunda esposa de Tejada Gómez.
En el papel de Tejada Gómez está el actor Sergio Martínez, y el documental fue grabado en locaciones de España, Mendoza, San Juan, Buenos Aires y La Habana.
Y en Mendoza hay permanentes recuerdos hacia la obra de Armando. Es habitual la presentación de “No hay canción si no es con todos”, el espectáculo que llevan adelante Andrés Iacopini y Ricardo Riquero o la emotiva “Tonada larga para el país del sol”, que es una cantata mendocina que tomó como referencia el recorrido del río Mendoza, desde su nacimiento en la cordillera, hasta las lagunas de Guanacache. En este trayecto guiado bajo la mirada protectora del cerro mayor de América, el Aconcagua. Así se van homenajeando, a través de la poesía de Armando Tejada Gómez y la música de Daniel Talquenca, todos los personajes que soñaron e hicieron posible nuestra Mendoza.
También Jorge Sosa y su compadre Pocho son permanentes difusores de la magnífica obra del de Guaymallén como así también cientos de intérpretes en todo en largo y ancho de la Argentina que sienten esa poesía como propia, logrando mantenerla viva a través del tiempo.
Por eso, hoy es un buen día para ir a la esquina de Pedro Molina y Costanera, poner una tonada y recordar a un hombre que pintó nuestra aldea de la mejor manera.