Cuando la Justicia es la analfabeta

María Ovando es una, entre miles de argentinos, que marginados, se convierte en criminal a los ojos de la civilización letrada.

                                                                                   "La enterré con la mano (…),

No sabía lo que hacía, no sabía dónde meterme".

María Ovando

Se convirtió en ciudadana cuando, según la Justicia, mató a su hija. Analfabeta, de 36 años y madre de doce chicos enterró a uno de ellos tras morírsele de hambre en los brazos. Los letrados hombres de la ley quisieron condenar a María a más de diez años de prisión. La  culparon de abandono de persona, agravado por el vínculo. Ayer, cumpliendo cerca de dos años de cárcel, la mujer fue absuelta. No es difícil adivinar quién funcionó con absoluta ignorancia en esta historia.

María Ovando es la protagonista de esta trágica historia. Para los ojos de los civilizados magistrados, María es una criminal más.

Nació pobre, no tuvo oportunidad y cada camino que emprendió, como un círculo que vuelve al origen, la dejó en el mismo lugar en el que arrancó. Pobreza estructural le llaman, a este fenómeno, los cientistas sociales. Esa miseria de la que no puede salirse.

Ella no sabe de letras ni de números  y, con seguridad, lejos esté ello de sus prioridades. De qué le serviría saber de números, si con vislumbrar que tiene "12" hijos que, pasan hambre, le basta para torturarse.

María sabe de otras cuestiones de la vida. De esas que no dan lugar a justificaciones. De esas que a uno lo dejan perplejo, inmóvil, impotente.

Fue mamá primeriza a los 14, a partir de allí tuvo un hijo tras otro, pasó hambre junto con ellos, recibió golpes de todo tipo. De los físicos y de los otros.

Finalmente, como si todo esto fuese nada, supo lo que significó excavar la tierra, hacer un pocito con las manos y dejar a su bebé, a Carolina, que, a sus tres años de vida, murió de inanición.

Sobran números. Sobran letras. Sobra bronca cuando uno se enfrenta con estas realidades.

Maria Ovando declarada absuelta tras haber permanecido casi dos años en la cárcel.

Y, por supuesto, lo que también sobran son las absurdas apreciaciones de esa mirada pseudo- progresista y justiciera, tan de moda últimamente. Esa mirada que, con descaro, pregunta: “¿Por qué tuvo tantos hijos si no iba poder alimentarlos?”

La respuesta es sencilla. Pero requiere de valientes que la escuchen.

Sucede que María Ovando no es un hecho aislado. Ella se ubica en una cadena (¿estructural?) de causas y consecuencias donde, a menudo, lo que pesa es la decisión de unos pocos, de unos muy pocos a los, objetivamente hablando, les sobra mucho.

¿Dónde estuvo y dónde está el Estado? ¿Qué se hace por miles y millones de Marías Ovandos? ¿Qué hizo y qué no hizo esa Justicia alfabetizada y progresista?

Ahh… sí, está claro. Los poderes Ejecutivo y Judicial le brindaron a María un lugar; un lugar en la lista de delincuentes, de criminales, de homicidas y la escondieron en un sistema penal.

Lindo progreso que se queda anudado en la garganta.

Carolina murió no sólo en los brazos de su mamá, murió en los brazos de un Estado y una Justicia que prefirió incluir esta dura realidad bajo la sombra del muerte y el asesinato.

Claro está. María no mató a su hija.

 

“Salí a la ruta para socorrer a Carolina y no pude llegar al hospital no tenía plata, no tenía nada”, expresó angustiada María, en diálogo con el periodista Jorge Lanata, mientras cumplía sus días en la cárcel de Villa Lanús en Misiones.

El Estado y la Justicia, tan alfabetizados ellos, olvidaron lo que significan palabras como inclusión, dignidad, oportunidad, respeto, educación, salud, entre tantos otros grafemas.  

"María es un caso que se hizo visible; pero Marías hay muchas. Algunas están criminalizadas y otras no. Lo paradojal es que el Estado la reconoce como ciudadana con la criminalización; antes de eso, era una mujer que vivía con sus doce hijos fuera de todo", sentenció el abogado defensor de Ovando, Eduardo Paredes.

 

¿Quién fue o quién es el analfabeto en esta historia? El Estado negó, durante años, comida, techo y educación a María y a sus hijos. Y tarde, muy tarde, la Justicia se acordó que esta madre existía. A esta altura de los hechos, fue más fácil incluirla como criminal.

"Misiones está entre las cinco provincias de mayor tasas de mortalidad infantil, nacimiento de bajo peso y exclusión. En donde el aparato político siempre opera sobre los sectores excluidos y doblemente sobre las mujeres", describió Paredes.                          

Si no viste el programa de Jorge Lanata donde María relata su historia, miralo aquí: