River y el síndrome de no respetar nada

Foto: Telam
Foto: Telam

El club que supo ser grande y respetado está debilitado y andrajoso. Nadie piensa en él, cada uno mira su propio ombligo, el club tambalea de tormenta en tormenta. Lo usan para operaciones egoístas y le sacan el jugo hasta secarlo. ¿Nadie respeta el nombre?

Las cosas se desmadraron hace rato y las estanterías se vienen abajo. ¿Nadie piensa en el futuro del club?, peor aún, mientras el estado de situación siga así y los egos personales se impongan, nada cambiará.


En la línea de fuego de muchas internas y luchas cruzadas quedó atrapado un técnico. Un entrenador al que se le pueden cuestionar muchísimas cosas pero que jamás le sacó el corazón a la camiseta.

Cuando muchos referentes se escondieron, él se hizo DT de golpe. Maduró en canchas chicas y tardes hostiles.

Resistió las críticas, aguantó los insultos sin memoria y no se bajó del barco. Pidió que lo bajen. No hay que culparlo, nunca es fácil abandonar aquellas cosas que van atadas al corazón y Almeyda tiene con River un lazo enorme, fuerte, indestructible.

De tanto defender al patrón de la estancia, recibió la misma paga que el Chori y el Torito. Lo traicionaron a poco del final, desprolijo y sin respeto por nada. Ni por la historia del club ni por los nombres involucrados.

El fin de semana la gente coreara el nombre del sucesor y pedirá un triunfo ante Lanús. Ellos también se olvidaron que el mismo al que hoy quieren colgar puso la cara cuando todos rajaban.

Cada tanto sería bueno que esa costumbre de cagarse en todo no termine obstruyendo la visión y convirtiendo en culpables a los que simplemente caminan con el pecho abierto y el corazón bailando al viento.