Madres, padres, hermanos, abuelos, tíos, etc., se acercan al Centro Preventivo y Asistencial en Adicciones todo el tiempo a denunciar, a pronunciar su malestar, su enojo, su fastidio. Claro, han sido estafados por una ilusión, la de haber pretendido "una vida mejor" para los chicos, la precaria ilusión de querer haberles dado "todo para que no les falte nada, para que no tengan una infancia como la que yo tuve". Engañados todos ellos, fueron estafados por la compra, de buena voluntad, de un discurso que prometía el oro detrás del arco iris. Un discurso que en su núcleo gris preparaba ya el compuesto letal de dominar y domeñar seres hablantes, seres pensantes. Un discurso per verso que muchos le siguen dando de comer todos los días. Lo cierto es que los chicos se drogan y mucho. Uno de ellos de 18 años recién cumplidos y en el marco de una pericia psicológica por haber infringido la ley de estupefacientes y ante mi comentario de encontrarlo "fascinado" por las drogas, me dice: "momento, las drogas están fascinadas conmigo no al revés". Consumidores consumidos, cosificados, despojados de cualquier palabra que los nombre, apenas "colgados" de algo. La legalidad incomoda y muy pocos quieren tomar la posta y marcar la cancha, aunque sea desde lo doméstico. Los consumidores compraron un producto que en definitiva es berreta, nocivo y reclaman, reclaman y reclaman con cacerolazos de haber pretendido todo, obteniendo lodo.
En el Centro escuchamos su reclamo, se orienta, se promueven distintas intervenciones multidisciplinarias, se trabaja con la palabra como centro, eso si, acá no hay libro de quejas, acá no se deja nada "para que haga el otro". Paramos al equipo desde atrás, desde la base, construyendo la defensa del consumidor entre los que estemos. Es la llave que tenemos y funciona, facilitamos la lectura de la letra chica, la pausa protectora, la reflexión otrora aniquilada. Nos arremangamos y removemos la tierra, con lo que tenemos, le perdemos el miedo a los calambres y a la paciencia. Muchos se acuerdan sencillamente de vivir o se cansan de morirse constantemente. De a poquito van llevando los ladrillos, las palas, el cemento a sus casas y lo que me da fuerza todos los días: el material lo trajeron ellos sin haberse dado cuenta. Algunos se animan a instalar posibilidades de volver a una caricia, a una conversación o a apagar "la tele" para el almuerzo y lo sabemos porque muchos nos regalan su bendición desde sus propios dioses, algo difiere de lo anterior y se acuerdan de reír. Tal vez les sirva a muchos para no invertir dinero en humo el día de mañana con todo aquello enmascarado que esté porvenir. Nuestros operadores tomarán nota de la particularidad de su estafa más íntima, acérquese.