Seguramente al leer el título algún avezado conocedor pensó que el presente artículo trataría de la famosa “invasión británica” de los 60, cuando los Beatles, los Stones, los Who, los Kinks y demás grupos pisaron suelo americano y arrasaron con todo: charts, listas y shows. Pero no. Trataremos otro tema posterior: el tan mentado éxito de los grupos de rock inglés en Estados Unidos, sus consecuencias, y como, a partir de dicho éxito (buscado o no), ciertos grupos y “rockers” tuvieron reconocimiento mundial. La mayoría de las veces, lo que provocó ese reconocimiento fue un disco. Un quiebre en una banda, que de ser conocida en Inglaterra y su centro de influencia buscaba el éxito mundial. Y ello solo ocurrió cuando la masividad, casi siempre con calidad, se vendía y sonaba fuerte en Norteamérica. Y también trataremos ejemplos de músicos, que aún teniendo mayor calidad, hoy son artistas desconocidos y olvidados, precisamente porque no tuvieron éxito en América.
Pero vamos al grano. Empecemos por un grande: David Bowie. Ocho discos de Bowie pasaron antes de se convirtiera en la estrella mundial que hoy es (David Bowie; Space Oddity; The Man Who Sold the World; Hunky Dory; The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars; Aladdin Sane; Pin Ups; Diamond Dogs ). Todos estos discos van desde el año 1967 a 1974. Si, seguramente que Bowie a esta altura ya era un grande, sin dudas, pero no había conquistado América.
Ziggy fue muy exitoso, pero no masivamente. Si lo es hoy, retrospectivamente. El éxito de Bowie en América llegó con un disco que salió en 1975, totalmente destinado al mercado americano: los ritmos, las melodías, todo estaba planeado para la conquista, y así fue: se llamo “Youngs Americans”. Fue hecho directamente “a la americana”, y en Filadelfia. Y le dio a Bowie su primer Nº 1 en EEUU: un tema llamado “Fame”, que es un cañonazo funky, bien de la época, cuya autoría compartió nada más ni nada menos que con John Lennon. Eligió bien el amigo. Incluso, después de la salida del disco, se fue a vivir a Los Angeles. América conquistada para Bowie. Misión cumplida.
Otras bandas conquistaron EE.UU. con obras de arte, sin planearlo. El caso emblemático es el de Pink Floyd. Siete discos pasaron desde 1967 a 1972 (The Piper at the Gates of Dawn; A Saucerful of Secrets; Music from the Film More; Ummagumma; Atom Heart Mother; Meddle; Obscured by Clouds). Y nadie puede afirmar que los Pink Floyd hayan sido masivos, hasta que en 1973 llegó la obra de arte que no sólo conquistó América, sino al mundo entero, siendo hoy una de los mejores álbumes de la historia de la música, no solo del rock: “The dark side of the moon”. La idea se repite, no es que Pink Floyd haya sido una pequeña banda antes, todo lo contrario, pero mundialmente arrasaron con todo, cuando este disco conquistó América: fue el disco más vendido en la historia del rock, y la mayoría de sus ventas las obtuvo en el país del norte. Ejemplo redondo.
Sigamos con bandas. Un ejemplo clarísimo de lo que estamos tratando lo constituye Supertramp. Esta banda tuvo desde 1970 hasta 1977 cinco discos (Supertramp; Indelibly Stamped; Crime of the Century; Crisis? What Crisis?; Even in the Quietest Moments). Todos conocemos Crisis y El crimen del Siglo, dos discos extraordinarios, pero ¿quien conocía esos discos antes de que Supertramp arrasara, en 1979 con su glorioso “Breakfast in America”? Ese fue el disco que hizo que la banda conquistara América, el mundo, y que llegaran tan alto que no lo pudieran soportar ni ellos mismos. El disco estuvo planeado, dirigido y digitado al gusto americano. Vendió millones, y llego al Nº 1 en EEUU. Trabajo cumplido. Gloria y luego separación para esta gran banda, que no supo soportar dicho éxito.
Otro ejemplo. Todos los que tenemos entre 40 y 50 años somos fans de The Police. Un grupo increíble, que revolucionó todo en los ochenta. Cinco discos. Los primeros dos (Outlandos D`amour y Regatta de Blanc), fueron desconocidos en la época en que salieron: 1978 y 1979. De hecho estuvieron en Argentina en 1980 y no llenaron ni el Estadio Obras. ¿Por qué? Porque todavía no habían conquistado América. Y eso se produjo cuando salió Zenyatta Mondatta, un gran disco que conquistó EEUU, y llevó a la masividad al grupo, y a raíz de ello, todos conocimos que “antes”, habían sacado dos discos increíbles, pero que, por no haber cruzado esa barrera, no fueron conocidos en nuestro país, ni en el mundo, al momento de editarse. Prueba cabal es dicho show en Obras, al que solo asistieron unos pocos, hoy en día privilegiados. Luego siguieron, ya consagrados, con Fantasmas en la Máquina y Sincronicity.
Los ejemplos siguen: Queen, tremenda banda, había tenido dos discos (Queen y Queen II), antes de que el single “Killer Queen”, conquistara los gustos americanos y luego arrasaran con “Sheer Heart Attack”, el disco que los posicionó y les hizo girar por primera vez en el país del norte. En este disco estaba “Stone Cold Crazy”, que también apasionó a los americanos (no por nada Metallica hizo el famoso cover de este tema). A partir de ahí, Queen fue imparable, con el doblete “A nigth in the Opera”, y “A day in the races”.
Hay más. Rod Stewart, ese gran frontman que tuvo su voz puesta en dos grandes bandas en los 60 y a principios de los 70: el Jeff Beck Group y The Faces (este último, un grupo a la altura de los Stones), respectivamente. Son dos grupos pilares de la historia del rock, y buenísimos. Luego de ellos, Stewart comienza una carrera solista, los discos que van desde 1971 a 1976 (Every Picture Tells a Story; Never a Dull Moment; Sing It Again Rod; Smiler; Atlantic Crossing; Night on the Town) se escucharon mucho y lo posicionaron, pero, faltaba la conquista del monstruo americano: en 1978 hizo el disco destinado a América, “Blondes have more fun”, ese disco que tenía el single “Da ya think I´m sexy”, con influencias de música disco, que era lo que los americanos querían en ese momento. La idea se repite: Stewart ya era un grande, tenía todo, menos la conquista de América en sus manos. La tuvo con este disco. Algunos recordarán la histórica presentación de Rod Stewart para la Unicef, donde presentó el disco, y el tema vestido de leopardo. Y solo él supo después del disco que las rubias la pasan mejor.
Sigamos. Peter Frampton. Un músico extraordinario. Formó parte de un grupo desconocido en los 60 (Herd), hasta que con Steve Marriot formó “Humble Pie”, un grupo tremendo, con una potencia pocas veces vista. Alternaban los dos en las voces. Esto fue desde 1969 hasta 1972 en que Frampton dejó la banda y comenzó una carrera solista. Hizo, entre 1972 y 1975, cuatro discos (Wind Of Change; Frampton´s Camel; Somethin´s Happening; y Frampton) pero en el año 1976 revolucionó todo con un inolvidable doble vinilo en vivo, el famoso “Frampton Comes Alive”, grabado, entre otros lados, principalmente en el Winterland de San Francisco. Fue el disco en vivo más vendido en la historia del rock por muchos años, y lo curioso es que no fue un disco con canciones nuevas. Todos los temas formaban parte de los discos anteriores, pero se hicieron conocidos en “Comes Alive”. ¿Por qué pasó esto? Porque nunca un disco en vivo transmitió la magia que poseía este doble vinilo, grabado a la perfección, con una calidez nunca escuchada en un vivo. Fue el disco en vivo más vendido en Estados Unidos, lanzó a Peter Frampton al estrellato mundial, y nunca pudo superar semejante éxito.
Otro caso emblema es el de U2. Ya eran una banda estrella, totalmente, pero faltaba la “universalidad” de la que estamos hablando. Hoy U2 llena estadios en todo el mundo con giras monstruosas, pero eso fue a partir de ¿que?... del disco de la banda destinado al mercado americano. Desde 1980 hasta 1984, U2 sacó estos discos: Boy, October, War y The Unforgettable Fire. Y si, eran conocidos y buenos. Pero con The Joshua Tree y su secuela Rattle and Hum, conquistaron América. Ya el título del primero hacía referencia a un lugar de California. Estuvo 9 semanas en el Nº 1 en Norteamérica, fue el álbum americano de U2, y ya en el segundo, directamente hicieron un homenaje a la música americana, parte en vivo de su gira que recientemente terminaban.
A la inversa, hubo músicos de una calidad extraordinaria que, por no obtener el éxito en EEUU, quedaron en la historia como casi desconocidos para la mayoría de la gente. El caso emblema es el de Marc Bolan. El y su grupo T. Rex, fueron los reyes del glam rock, hicieron unos discos buenísimos, (Electric Warrior, por ejemplo), y nunca tuvo éxito en EE UU. Por eso es que quedó sin la estela de la gloria que los demás si tienen.
Con el presente ensayo no se pretende inculcar que algo es bueno o malo porque triunfe en Norteamérica. A veces es todo lo contrario. Solo queríamos resaltar, y de eso no hay duda, que si triunfan y venden ahí, no solo EEUU, sino el mundo entero queda a los pies de los artistas, y que a partir de ahí cambian para siempre de status, juegan “en otras ligas”, y pueden hacer luego lo que quieran. Para unos fue el comienzo del fin porque no pudieron “negociar” con el éxito, para otros fue el comienzo de la gloria que la supieron ganar y llevar adelante.