Ya nada es igual, fin del ciclo

Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

Es una sensación, una impresión generada por los años de vestuarios y procesos similares. No hay datos escondidos ni contactos que filtren la información. Sólo indicios apilados que muestran el fin del ciclo a la vuelta de la esquina.

Él está sentado solo, con las manos en la frente intentando descifrar la causa. No la va a entender, pero la sabe. Sus muchachos se equivocan, tienen un pésimo día y el papelón está consumado. Todos lo culpan y lo señalan. Cinco razones monumentales marcaron el rumbo de un pasillo que conduce a la salida.


Las cosas no venían bien, pero ese mal viaje aceleró todo. Compromisos que se dilatan, permisos que no se conceden y una sensación de desgaste que se agiganta. El diálogo frena, se pierden ciertos privilegios y él vuelve a creer que su suerte está echada.   

Leé los diarios y buena parte de la crítica lo destrozan, repasa las firmas, cree que no es casual. Vuelve a pensar en el desgaste. Lo culpan de ambicioso, lo quieren colgar por atrevido, le piden cautela.

De rebelde y frontal les da el gusto, pero llega al extremo, exagera. Se le va la mano.

Ahora le piden que no sea amarrete, que no es necesario quedarse tan lejos de los festejos. Le plantean cambios de nombres, llegan facturas atrasadas y el no quiere dar el brazo a torcer. La relación es otra, se nota en el día, se percibe en las noches.

Finalmente lo entiende, lo charla con su gente y comprende que deberá marcharse. Él tampoco está cómodo con el escenario actual. Le duele, saber que está todo para volver a convertirse en historia, pero no será posible. Deberá brindar en otro suelo y difícilmente se reincorpore a su trabajo.

Le queda una o varias charlas pendientes, le dicen que eso puede cambiar el rumbo. No lo cree, conoce a los de su sangre y con la cabeza baja asume que otra vez el ciclo se interrumpirá.

Ya no sueña con vueltas olímpicas ni coronas doradas. Cree que el futuro está llegando, aunque él no lo quiere dejar venir.