¿Los mendocinos nos sentimos cada vez más pequeños? Así parecen indicar ciertos estudios de opinión realizados en la provincia en los últimos tiempos.
Un relevamiento efectuado hace poco más de dos meses, señalaba que el 55% de los mendocinos percibía en la provincia una clara situación de declive. Quizás en el actual contexto de país, con expectativas sobre el futuro de la economía crecientemente derrotistas, el dato poco sorprende.
Sin embargo, hace exactamente año, cuando los argentinos se proclamaban mayoritariamente eufóricos por los datos de los indicadores económicos, por estas latitudes sólo el 27% de los mendocinos creía que la provincia había crecido en relación al año anterior. El resto pensaba que estaba igual o peor.
¿Por qué Mendoza es más pesimista que el resto del país?
Amén de problemáticas de índole social – como inseguridad, baja calidad educativa, pobreza estructural, etc. - que atraviesan por igual a la totalidad del territorio nacional, en Mendoza se advierte estancamiento y pérdida de carácter colectivo. Los mendocinos lo expresan a través de dos conceptos bien específicos: menoscabo de nuestro liderazgo regional y precarización de la clase dirigente.
Para comprender la percepción social, acudimos a un grupo de referentes provinciales, con el propósito de obtener una valoración profunda acerca de los postulados mencionados. A continuación las conclusiones:
Menoscabo del liderazgo regional
Para los representantes consultados, la pérdida de preeminencia de Mendoza en la región tiene su fundamento en la disminución de los recursos económicos que históricamente sostuvieron nuestra matriz productiva.
Varios fueron los factores que contribuyeron a socavar nuestra renta. Por un lado, la producción de petróleo y sus derivados - nuestra principal fuente de ingresos -, experimentó una importante caída en los últimos años. A ello debemos adicionarle, que la posesión de riquezas hidrocarburíferas nos condicionó al momento de recibir más puntos por coparticipación y nos marginó ante los beneficios de la promoción industrial. Inequidad que no podemos resolver hasta hoy.
Por otro lado, la coyuntura macroeconómica nacional está afectando fuertemente la competitividad de nuestra producción agroindustrial. Mendoza tiene una industria vitivinícola virtuosa, una producción frutícola de calidad, un enorme abanico de recursos para el turismo, pero el derrame es insuficiente, si no se revierte el desfasaje entre costos internos - presión tributaria, dificultades para cobrar reembolsos y reintegros de I.V.A. de exportadores - y tipo de cambio.
Por último, factores como la crisis hídrica y el agotamiento de la matriz energética provincial - consecuencia de demoras en inversiones estratégicas que debieron realizarse hace tiempo en dichas áreas -, comienzan a amenazar seriamente el desarrollo económico de Mendoza.
En síntesis, la provincia está terminando de agotar su stock de activos y no tiene recursos ascendentes. El resultado: una dinámica de negocios más deprimida. Ello se advierte en la calle.
Precarización de la clase dirigente
Los mendocinos consideran que estamos resignando el único capital político y humano que nos distinguía: nuestra clase dirigente.
Afirman con pesar que la actual dirigencia, a diferencia de nuestros antepasados, sólo actúa en favor de intereses mezquinos. Observan una enorme brecha entre el sector público y el privado. Señalan que hay dirigentes de buena voluntad, pero con escasa formación y capacidad de diálogo.
Sostienen que siguen manteniendo la capacidad de trabajo, pero carecen de ideas y de visión estratégica del conjunto.
A la dirigencia política se la acusa de haber perdido dimensión nacional e internacional. De amilanarse ante el poder central y relegar la defensa de los intereses mendocinos. De falta de vocación para la transformación y exceso de voluntad para la conservación del poder. Los partidos políticos son identificados como meras “empresas electorales”. Cada vez más propensos a abstraerse de las demandas ciudadanas, para ocuparse de sus “entuertos” personales.
La descripción anterior, podría corresponder a la dirigencia de cualquier distrito del país. Sin embargo, en Mendoza impacta de manera particular, porque la calidad de nuestros representantes era nuestro rasgo que distintivo.
No obstante, más allá del desaliento que deja traslucir el estudio, los mendocinos hemos demostrado a lo largo de la historia que siempre que quisimos, pudimos. El ejemplo reciente más elocuente es el Plan Estratégico Vitivinícola 2020. Un paradigma de planificación, voluntad y sinergia entre sectores.