A un año de la elección nacional que consagró por segunda vez a Cristina Fernández de Kirchner como presidente de la Nación, vale la pena hacer el ejercicio de confrontar el discurso de campaña, con los resultados de sus acciones, para tratar de entender qué significa para el Kirchnerismo: “Profundizar el modelo”, “Sintonía Fina”, “Ni un paso atrás”, “Vamos por todo”.
Evidentemente “profundizar el modelo” ha significado, en términos institucionales, consolidar su modelo de poder, reemplazando las leyes de la República, por las de un régimen de tipo autoritario que se ejerce sin decoro, ni pudor. Además, y en términos socioeconómicos, desconoce los problemas de la realidad, negándose a poner al país en la senda del desarrollo social y económico.
Inauguraron un nuevo período legislativo sumándole a los instrumentos de poder ya conseguidos (Ley de Medios, fondos para financiarse, leyes que generaron avasallamiento institucional) instrumentos de intimidación y coacción al darle sanción a la leyes que les permitieron perseguir a manifestantes, a quienes den datos falsos de precio o en definitiva a quienes osen oponerse al régimen.
En estos días asistimos a una avanzada invasiva al sistema judicial, tratando de imponer jueces que acaten la voluntad oficial en los distintos frentes que tiene el gobierno, por actos de corrupción, de violación de derechos a la libertad de expresión, de trabas impuestas a los jubilados para cobrar lo que el estado les adeuda o el ejercicio del comercio lícito. En suma, las libertades están siendo avasalladas y así lo interpretó la ciudadanía, frente a las limitaciones de la oposición.
En términos económicos la “Sintonía Fina” demostró incluir cepos de todo tipo que cada vez nos aíslan más de un mundo al que deberíamos estar conquistando. Hoy no sólo los ciudadanos ven limitadas sus posibilidades de entrar y salir libremente del país y las empresas de vincularse comercialmente en el exterior, por las restricciones cambiarias; sino que también se ha llegado al extremo que las provincias se encuentran financieramente encerradas en sus territorios sin poder honrar sus deudas, por no contar con divisas.
El discurso oficial culpa y agrede a todos aquellos que pretenden defender sus ahorros refugiándose en el dólar, frente a un peso que pierde valor por una inflación no reconocida -y por lo tanto desatendida- que erosiona el salario.
Según el INDEC, de agosto de 2011 a agosto de 2012, la inflación acumulada fue del 10%. Sin embargo, hay datos que ponen en evidencia la mentira oficial y el deterioro del poder adquisitivo, hace un año YPF vendía el litro de nafta a menos de cinco pesos, hoy lo cobra a más de 6 pesos, el pan aumentó 41%, los huevos 45%, la leche 27%, el queso 30% y la yerba más del 60%. Se encareció el transporte, pero sin un correlato en la calidad del servicio. Empeoró el servicio ferroviario que ya era deplorable, con el agravante de la muerte de 51 personas.
El relato oficialista anda escaso de verdades y doce meses después de las elecciones presidenciales la realidad es que el Modelo cruje; aunque algunos hagan oídos sordos.