El desafío cultural

La cultura ha pasado de la pobreza a la abundancia. Hasta hace poco, la cultura era considerada una carga que debía soportarse por razones políticas y educativas y hasta de marketing estatal. Pero desde hace ya varios años, el impacto creciente del sector cultural y creativo en el PBI genera un cambio espectacular.

Hoy la cultura aporta más al PBI que muchas de las industrias tradicionales, por lo menos  más que la pesca y la energía. Y si bien este dato modifica la jerarquía  en la agenda publica  de las políticas culturales, hay otra modificación mucho más profunda que está generando la cultura. Esa modificación es el cambio que se origina en el viejo concepto de la Economía como la ciencia administradora de bienes escasos, tangibles y finitos.  Hoy estamos asistiendo a una nueva etapa  de desarrollo económico, sustentada en la cultura, el conocimiento y la creatividad. Bienes estos que tienen la característica de ser  intangibles, numerosos e infinitos. Y portados potencialmente por todos los hombres y mujeres. Y esta nueva forma de pensar la Economía pone a la cultura en el centro del desarrollo sustentable de los pueblos.

Pero simultáneamente aparecen las dos brechas a resolver en esta dimensión novedosa de la producción de riqueza: la brecha digital y la brecha en la producción, distribución y apropiación del conocimiento. La primera de ellas, la digital se está trabajando de manera activa con el Plan Conectar Igualdad y otros similares, orientados a garantizar la equidad en la
apropiación tecnológica.

Con el tema de la otra brecha, la de la producción, distribución y apropiación del conocimiento la situación es más compleja. La destacada investigadora  Susana Vellegia, en un
artículo publicado en Indicadores Culturales de la UNTREF, publicada a fin del año pasado, dice y cito textualmente para aprovechar su riqueza:

“De acuerdo con las reglas del mercado, la información es clasificada en tres compartimientos principales: la científica y tecnológica, de y para los creadores y expertos; la técnica o especializada, que requieren los gestores y gerentes y la masiva, dirigida al espacio público bajo la forma de noticias y/o enterteinment. El acceso a las dos primeras es restringido, mientras que los circuitos para el procesamiento y la difusión de la tercera crecen geométricamente. No obstante existen relaciones de complementariedad entre las tres”.

Y continua Susana: “La conectividad, en cuanto vinculo físico con las computadoras e Internet, pese a su importancia, no es el factor de mayor peso en los nuevos procesos de diferenciación social atribuidos  a la “brecha digital”. Es en la división entre el conocimiento científico disponible, que constituye un producto social – o un bien público – y su apropiación por escasos individuos y grupos donde reside el “núcleo duro “de la brecha. Esta situación  cristaliza la forma más severa de la fragmentación social: entre el sector de los entendidos o conocedores, relacionados al mundo académico, el poder económico y los procesos de acumulación de capital, de un lado y el de los entretenidos, constituido por las sociedades y los sectores excluidos del acceso al conocimiento, al capital simbólico necesario para ejercer  sus derechos y la adquisición de los perfiles laborales que demanda la nueva economía.

La principal contradicción del nuevo modo de acumulación consistiría en que mientras las TICs, la digitalización, la convergencia y las innovaciones científicas tecnológicas multiplican las redes telemáticas, proporcionando una híper abundancia de canales para la circulación de informaciones de distinto tipo, teóricamente al alcance de todos y con ello mayores posibilidades de intercambio e interacción, poniendo de relieve el carácter social del conocimiento, mas se concentra la propiedad privada del mismo para convertirlo en mercancía.” https://www.untref.edu.ar/documentos/indicadores2010/El%20conocimiento%20como%20informacionmercancia%20%C2%BFDe%20los%20imaginarios%20analogicos%20hacia%20un%20imaginario%20digital%20global%20%20Susana%20Velleggia.pdf

Esta contradicción tiene mucha importancia en la definición de las políticas culturales.
Para poder inclinar la balanza debemos pensar cómo y qué hacer para garantizar que la producción, la distribución y la apropiación de la información y el conocimiento se reviertan y más y más ciudadanos, dejen de ser solo entretenidos y pasen a ser entendidos.

En este sentido aparecen varios problemas, que tienen muchos años de existencia.

Por un lado podemos hablar de centralismo en la definición y el financiamiento de las políticas. Los tres presupuestos públicos más grandes de cultura se concentran en un radio de 70 km. Entre Bs As y La Plata se encuentran los presupuestos de Cultura de la Nación, de la CABA y de la Prov. de Bs As. Mientras que en el resto del territorio, salvo la excepción de San Luis, prácticamente no existen presupuestos relevantes de las aéreas de cultura.

Y si a eso le sumamos que la mayoría de los organismos desconcentrados del Estado también se encuentran en Bs AS: INCAA, FNA, CONABIP,  INT, MATRA y otros asociados con Asuntos Culturales de Cancillería, la Unidad Cultura del Ministerio de Industrias y seguramente otros que no detecto, podemos decir que estamos frente a un problema político . Es muy difícil desde Bs As garantizar que la información y el conocimiento sean producidos, distribuidos y apropiados en forma equitativa por nuestro pueblo.

Las estadísticas del SINCA (Sistema de Información Cultural Argentino) son en este sentido alarmante. Casi el 95 % de la producción cultural, tanto la industrial como la intangible, se concentra en Bs As.

Tenemos que darnos la alternativa de modificar esta realidad para ser congruentes con el tipo de nación a la que aspiramos. Mucho se debe hacer desde las provincias y municipios para cambiar esta situación, pero también desde la Nación es preciso incrementar la presencia para ir modificando esta realidad.

Y fundamentalmente desde la política, nuestro compromiso debe ser también consolidar los proyectos de nuestras Provincias y modificar el pensamiento de muchos de los dirigentes  políticos acerca de la cultura, que la siguen considerando un gasto o la encargada de los festejos o del entretenimiento en el territorio.  

La producción popular y las Mipymes culturales

La gran oportunidad la podemos tener si ponemos el foco en el impresionante proceso de conformación de miles de Mipymes culturales y creativas en el territorio nacional.

Estos emprendimientos tienen variados orígenes, pero el más destacado de todos es la mayoritaria participación en ellos de los jóvenes. Las motivaciones de estos emprendedores también son variadas: el compromiso ideológico, el autoempleo, la pasión por algunas de las artes, la creatividad intensa, el deseo de trabajar de otra manera distinta a la tradicional, etc.

Pero lo más importante es que estamos frente a un proceso que crece a pasos inimaginables hace una década atrás y que está potenciando la producción y la distribución de la información y el conocimiento.   Y esto está ligado mucho a la soberanía, en tanto la producción endógena de contenidos culturales nos genera, por un lado autonomía y consolidación de la nacionalidad y por otro nos libera gradualmente de la importación de contenidos y de la  fuga de divisas
Aquí es donde la cultura y la creatividad popular se transforman en armas de liberación.

Para sintetizar, debemos ser fuerza de cambio, consolidando las políticas públicas que afianzan nuestro federalismo y nuestra soberanía por un lado y por otro avanzar en profundidad en el apoyo financiero y en la capacitación de los miles de emprendedores creativos que tenemos en el territorio.

La política cultural será así integral, cumpliendo el Estado con su presencia irrenunciable en la consolidación de la cultura nacional y por otro, iremos construyendo un sector privado y uno asociativo que garantice la pluralidad de voces y la generación de empleo entre los jóvenes.