Mientras en Mendoza desde hace días se debate sobre la muy lamentable organización, difusión, participación y presentación de la “Feria del Libro” (casi podríamos decir que este debate se repite año tras año, es como el “Clásico Vendimia”, sólo que en este caso los caballos están muy cansados, los jinetes son gordos que no saben llevar las riendas y no hay registro de que alguien les quiera apostar un peso) yo vengo llegando de los Buenos Aires, en donde participé, junto con la compañera Nati Bori, del Foro Social de Revistas Culturales Independientes y Autogestionadas (faaaaahhh!!! pavada de título) y no es que quiera emular en mi enunciación al Payador Incorrecto, pero hay que decirlo: tuvo lindo el entrevero con la porteñada, che canejo.
No quisiera comparar, porque no es lo que me gusta, pero viendo como viene la cosa, no sé si no me queda otra. Los hacedores de las revistas culturales autogestivas de todo el país “hacen”, “producen”, “desafían”, se “arriesgan”, van a “todo o nada”. Creen en sus ideas y crean cultura. Revistas las hay para todos los gustos, están los que “militan” sus posturas políticas y la destilan en sus notas y reportajes, están los que definen un tema particular y lo hacen universal (los cultivadores de cannabis, por ejemplo), están los “clásicos” que combinan política, arte, sociología, psicoanális y literatura, están los que apuestan por la distribución gratuita de periódicos culturales, están los que venden en los kioscos y compiten con Caras y Gente, y en relación “inversión-ganancia” le terminan ganando a estos grandes monopolios. Están los que hacen una revista sólo de fotografía, los que invitan a famosos a participar en sus tapas, los que prefieren el dibujo a mano al digital y están las revistas culturales virtuales. El perfil de estos personajes también es variado, los hay jóvenes muy jóvenes, jovatos, señoras, travestis; están los que viven de los que hacen, los que lo hacen porque quieren y no les incomoda perder tiempo y dinero, los que van a manguear publicidad a los kioscos del barrio, los que se la bancan de su bolsillo y son felices, a los que no les importa que la revista lleve la publicidad del gobierno nacional, están los que lograron ser los niños “mimados” de la agenda de los comunicadores oficialistas (La Garganta Poderosa, Barcelona), están los reos y los meditabundos también.
Cada una de estas revistas es un colectivo de personas (periodistas, diseñadores, publicistas, pateadores de calles, canillitas de su propio sueño, escritores, poetas y cantores) que además de empujar para el mismo lado, se asocian con los otros colectivos de personas que están en las mismas condiciones de “desigualdad de poder” frente a los monopolios de la cultura. La mucha o poca agua que logran juntar no se la lleva para su molino, se la comparte y se la reproduce, han consiguen rebajar el costo de las impresiones a través de alianzas con cooperativas de imprenteros, están luchando por conseguir papel a un costo industrial, en donde tanto aquellas revistas de 8 mil ejemplares, así como las que apenas llegan a los 500, puedan acceder a un precio razonable por cada resma.
A pesar de que Arecia (Asociación de Revistas Culturales Independiente de Argentina) cuenta en su composición con una amplia mayoría de revistas de Buenos Aires, una de las iniciativas que surgieron en el foro fue la composición de “nodos” regionales para la difusión de revistas culturales de todo el país, provocando una interacción que logre “federalizar” las producciones autogestivas. Antes de terminar quiero mencionar que Arecia está impulsando el “Proyecto de Ley de Fomento para la Producción Autogestiva de Comunicación Social por Medios Gráficos y de Internet”, que los invito a leer e intercambiar ideas, les dejo aquí el link.
Ustedes se preguntarán cuál es la comparación con la Feria del Libro de Mendoza: Ninguna.