Ya lo saben; a veces la fama es puro cuento, especialmente cuando las cacatúas sueñan con la pinta de Carlos Gardel. Yo he podido comprobar personalmente que esta provincia del sol y del buen vino es víctima de un gran malentendido (no solo de eso, pero pongámosle...) Sucede que allende sus fronteras tiene una fama lindera con la mistificación, como que los de afuera ven dos fotos de la cordillera y los viñedos y ya flashean. Algo raro pasa, seguro, pero no sé muy bien qué es. Tal vez, especulo, se trata de que quienes vienen pasan entre nosotros no más de una semana (datos de la Secretaría de Turismo) que es el tiempo justo para ver unas pocas bodegas, ir a la alta montaña, fatigar un Potrerillos-Uspallata o similar, city tour y quizás los diques del sur. Pará de contar, armá de nuevo las valijas y a rajar de acá que mañana hay que volver al laburo allá donde pasan las cosas.
Si se quedaran un tiempo prudencial (una década, ponele) verían que no todo lo que reluce es oro, y menos acá. A ver si decodificamos el asunto. ¿Por ventura alguien lleva la cuenta de los intentos de reforma constitucional que se largaron al ruedo? Digo, porque ya hemos visto infinidad de veces que en otros distritos al mandamás se le pone entre ceja y ceja reformar su Carta Magna local, se toma las medidas como quien se prueba un traje de confección, pega tres gritos y ya está. No es lo ideal, ni a palos. Esas provincias solo se diferencian de los feudos medievales en que...bueno, no importa. Pero acá estamos en el extremo exactamente opuesto, y tampoco puede ser bueno. Desde el segundo gobernador de la democracia (el primero ni lo intentó, tenía cosas mejores que hacer) todos los mandatarios locales han querido pegarle una buena refrescada a la Consti local, y no lo consiguieron salvo por pocas reformas de cierta importancia pero insuficientes para lo que se pretendía. Y ni hablar de cuando se quiso cambiarla por completo y directamente hacer una nueva: chiflidos, abucheos y sonoras pedorretas fue todo lo que recibieron por respuesta quienes lo intentaron, la mayoría de ellas provenientes de sus pares políticos, que se emperraban en que “¡NO, PORQUE NO!”, cual niñitos y tanto como se empecinaban sus adversarios en modificarla. Haciendo memoria, siempre fueron muy pocos los argumentos sólidos y razonables por sí o por no para fundamentar una postura u otra, la mayoría de las veces provenientes del periodismo y organizaciones sociales. La clase política prefirió chicanearse abundantemente, unos como abanderados de la modernidad reformista y necesaria para adaptarnos a estos tiempos que corren a lo pavote; y los contrarios fungiendo como cruzados defensores de sagradas tradiciones y fecundas idiosincrasias que nunca quedaba en claro cuales eran. La cuestión es que desde ¡1916! nuestra Consti sigue ahí, muerta de risa, y nadie le ha modificado más que un par de artículos a pesar que ella misma contempla un mecanismo de reforma bastante piola. En mi barrio le dicen: “Impotencia”. Y confundir eso con “calidad institucional”, como se ha hecho tantas veces, es como confundir aserrín con pan rallado.
Otra: Y aquí apelo a la memoria y precisión del amable lector, porque a mí se me hace lío; ¿Como andamos de “Dobles vías” hacia cualquier lado? Sucede que esa de Santa Rosa a Desaguadero y la otra de o a Tunuyán y no sé hasta donde más llevan eternidades en construcción y aún les faltan cinco para el peso. And Remember, please: La necesidad de construir un dique en Potrerillos ya la anunciaba Rodolfo Corominas Segura en su discurso como gobernador electo en ¡1936!. Por lo menos, hay que reconocer que lo inauguró un gobernador de nombre Rodolfo (Lafalla) en los 90. No deja de tener cierta coherencia. ¿Y qué me dicen del Paso Pehuenche a Chile? Una verdadera entelequia tal vez cuarentona a la que le faltan no más de 25 kilómetros de asfalto y del lado argentino, por si hiciera falta aclararlo. Siguen las firmas: El dique Los Blancos, ya incluido o dejado de incluir en más de tres presupuestos nacionales (según quien te lo cuente, figuraba o no). Ha sido licitado nuevamente, o pre-adjudicado, o cortadas por enésima vez las piolas de las cajas en que van las carpetas de los oferentes, y parece que esta vez sí lo van a hacer. Como siempre...A mi todo eso me suena a “Inoperancia”.
Hay más: ¿Les suena la palabra “Cobertizos”? Lo que es yo, cuando la escucho me lleno de ronchas. Se trata, lógicamente, de unos asuntos que impedirían que la nieve se acumule sobre la ruta 7 para el lado de Chile y entonces puedan pasar esos camiones que si no se apiñan por cientos o miles en Uspallata, generando perdidas de tiempo, dinero y dignidad en partes casi iguales. Por muchos más años de los necesarios anduvimos a los tironeos con la Nación a ver a quien tenía que hacerlos, en caso que fueran la solución adecuada, cosa que tampoco quedó en claro nunca. Eso sí: apenas una provincia cordillerana cualquiera pretende hacer un paso a Chile en su jurisdicción, empieza un lobby mendocino tan feroz ante el todopoderoso Estado Nacional que ojalá fuéramos capaces de poner semejante energía en algo más positivo. Es decir: ni arreglamos el balurdo propio ni dejamos que otros aporten alguna solución a un problema transnacional que nos hace quedar como el verdadero tujes en todos lados. Se quiere conservar aquí una especie de monopolio totalmente ilusorio del “Paso vial a Chile y por lo tanto a la cuenca del Asia-Pacífico”, también llamado periodística cuan sarcásticamente “Corredor bioceánico” que a todas luces no somos capaces de mantener en buenas condiciones operativas todo el año. Pero tampoco dejamos que alguien lo intente en otra zona del territorio argentino. ¡Cool! El otro día me chusmearon que eso se llama “Necedad”.
Y “vamos por más”, “nunca menos”, como decía ÉL y reafirma ELLA: Si seguimos así, dentro de poco, para entrar en algunas caracterizadas zonas vinícolas de esta provincia habrá que pedir visa en consulados varios. No sé si alguien se atreve a afirmar que Tupungato y Lulunta (por mencionar dos) nos siguen perteneciendo. Allí cuesta encontrar gente que hable castellano fluidamente, y ni hablar de que lo hagan con acento “menduco”. La vitivinicultura (en caso que tal cosa exista) se nos hizo ajena, como que ha dejado de pertenecer a Mendoza por lo menos en el segmento “Media y alta gama”. Claro, el negocio se sofisticó, se internacionalizó, se mezcló con otros, se diversificó y se “versificó” (porque le sobra sanata) y dejá una moneda interesante para el terruño (que ahora se llama “Terroir”, les recuerdo) ¿Pero qué fue de la vida de muchos históricos bodegueros mendocinos, esos que forjaron la industria? Bueno, los hay que tienen hoteles en Miami, otros venden autos de altísima gama, y no faltan los financistas que le prestan solo a quienes puedan demostrar que no necesitan plata. O pusieron shoppings, compraron áreas petroleras a precio de terreno baldío, o van con ánimos colonizadores a otras zonas archiconocidas para producir vinos como si antes nunca nadie hubiera pasado por ahí. Digamos: Parece que nuestra “Industria Madre” (otra frase estúpida) no hubiera podido evolucionar sin una transfusión de sangre foránea que más se parece a una libación vampirezca que a otra cosa. Algunos lo llaman “Tontería”, pero yo no soy de esos, porque no califico a nadie. Apenas expongo lo hechos y dejo que hablen por mí.
Finalizando, amigos y amigas mendocinos/as: Si no vivimos en medio del absurdo, ¿El absurdo donde está?. Y a los que me leen fuera de esta provincia: No la crean ideal, ni mueran por venir a vivir acá, ni nada. Todo tiene su precio, y el de ser o estar en MENDOZA hoy me parece demasiado alto. Hasta siempre.
Tw: @robertomagno2