Muchas han sido las palabrejas que los argentinos hemos incorporado en los últimos años, distinguidos amigos. Desde que empezó este siglo, nos ocupamos más que nunca de crear nuevos términos que designan, mayormente, a novedosas maneras de autodestruirnos que fuimos encontrando en lo que queda de este país. Los nuevos (o viejos) curros, componendas y trastadas que con tanto amor inventamos en este suelo patrio fueron convenientemente bautizados, con la incomparable gracia que conseguimos a fuerza de practicar el noble arte de perjudicar a todo lo que se mueve y arruinar todo lo que está quieto. Veamos solo unos pocos ejemplos de los vocablos que deberían incluirse en un futuro diccionario de modismos argentinos.
MENEMATO: Dícese del periodo de 10 años de gobierno ejercido por Carlos Saul I de Anillaco, caudillete provincial de grandes patillas y maneras campesinas, luego autoproclamado estadista internacional y hombre de fina elegancia. Está época se caracterizó por los festivos hábitos del mencionado jefe político, en especial su afecto a los viajes, los deportes, los autos veloces, las mujeres más veloces, y a los amigos de toda la vida (cuya lealtad era convenientemente premiada con altos cargos en la administración pública). En esos años, el país soportó la incomprensible paradoja (o parajoda) de crecer como nunca al tiempo que millones de sus habitantes se empobrecían velozmente. No solo se lo recordará por haber sido el Presidente argentino que más tiempo gobernó ininterrumpidamente, sino porque jamás se consideró fuera de la carrera política, aún cuando una letal combinación de avanzada edad, rechazo popular y esposa mucho más joven sugerían lo contrario. Aunque algunos dicen que no volverá porque se llevó millones, siempre insistió (e insistirá) con que tiene futuro. Y así será hasta que la parca lo alcance.
DELARUISMO: Vocablo que se refiere tanto a una facción (hoy desaparecida por implosión) del viejo partido político “Unión Cívica Radical” como al medio periodo de gobierno que ejerció Fernando De la Rua (verbigracia: Frenando de la Duda, Fernando De la Ruina, pasmado, marmota, catrasca, etc.). Fue una etapa argentina muy curiosa (como todas, bah) caracterizada por ser comandada por los hijos del mandatario, que junto a un grupo de unas diez personas le acercaban al titular del Poder Ejecutivo toda clase de papeles para que firme, incluida su propia renuncia. Él firmaba todo con una mano mientras con la otra regaba un árbol enano. En este punto los académicos discrepan. Muchos afirman que tal maniobra le resultaría imposible, dadas ciertas limitaciones neuronales por las cuales no podría tampoco masticar chicle y cruzar la calle simultáneamente. Su acción de gobierno tuvo la particularidad de empeorar lo que parecía inmejorable (porque no mejoraba ni a palos): La situación de las cosas públicas. Comenzó su trunco mandato con una imagen favorable del 70% y lo concluyó dos años después escapando en helicóptero por los techos de la casa de gobierno. Se desconoce su paradero. O mejor dicho: a nadie le interesa saber donde está.
PIQUETE: Así se llamó a la forma de protesta consistente en cortar calles y rutas en demanda, generalmente, de trabajo, de pago de salarios pendientes o de asistencia social. La característica más notable de estas manifestaciones consistía en que perjudicaba a todos menos a los causantes del agravio, que rara vez pasaban por las calles o rutas piqueteadas. Fue propia de las clases más necesitadas, y devino en una verdadera profesión de la que vivieron muchos. Llegó a ser parte del folclore nacional, y se ubicó cómodamente entre el mate amargo, las empanadas fritas y el dulce de leche como una de las más entrañables creaciones argentinas. Grandes localidades llegaron a ser famosas por sus piquetes y poco faltó para que se organizaran campeonatos nacionales de piquetes para ver quien era el mejor piqueteador. Pero sostienen los expertos que en Argentina todavía se está a tiempo de hacerlo, ya que si hay algo que sobra son motivos para piquetar todo lo que haya por ahí.
CACEROLAZO: Manifestación propia de las clases medias urbanas, que empezó como protesta por la retención de depósitos bancarios que se hizo oportunamente y terminó por voltear algunos Presidentes. Consistía en salir masivamente a las calles munidos de elementos de cocina y golpearlos hasta el desmayo (desmayo producido a veces por golpes o gases lacrimógenos provistos por las fuerzas del orden). Llegó a ser el terror de los gobernantes, y a utilizar generosamente los recursos tecnológicos, por cuanto se convocaban por correo electrónico, mensajes de texto y redes sociales. Se popularizó al punto que muchos temieron que empezaran cacerolazos en protesta porque llovía, porque algún ministro usaba unos trajes horribles o porque no había ningún corredor argentino de Formula 1. Fue un arma temible, pero su abuso estuvo a punto de generar la aparición de un Sindicato Argentino de Caceroludos, que planeaba convertirse en una corporación proveedora de legisladores. Esto no pudo llevarse a cabo ya que un importante cacerolazo hizo desistir a quienes tenían tales propósitos.
CORRALITO: Así se conoció a la maniobra derivada de la “bancarización”, que creó un verdadero cerco de hierro alrededor de los ahorros de los pocos argentinos que en ese entonces podían aún guardar algo de dinero. Solo se podía retirar de los bancos montos muy exiguos, y ello provocó numerosos “cacerolazos”, tanto como denuncias por evasión de divisas o lisa y llana estafa. Es decir que de original no tenía nada. Generalizó la sospecha de que los bancos, si no podían devolver todo lo que les había sido entregado, era porque se lo habían llevado del país con la anuencia de funcionarios políticos varios. Por supuesto, nada pudo probarse y no hubo culpables; de otro modo, el respeto por las costumbres argentinas hubiera quedado gravemente resentido. Sus efectos deletéreos subsistieron hasta nuestros días, y hace pocos meses el gobierno en curso terminó de pagar lo que otros gobiernos habían confiscado doce años antes, no sin escandaletes mediáticos de por medio. Es lo que hay.
SOJIZACIÓN: Dicese de la compulsión a sembrar soja por todos lados, lo cual produjo uno de los más épicos y caros altercados sociopolíticos de los que se tenga memoria en el país, y eso es mucho decir. Fue porque en un momento dado la soja llegó a costar millonadas en los mercados internacionales, y por ello los productores empezaron a sembrarla hasta en las macetas de sus departamentos porteños. Cuando el gobierno comprendió que si no les paraban el carro iban de plantar soja hasta en el patio de las palmeras de la Casa Rosada, les incrementó las “retenciones” (otro invento argento) de un modo descomedido, lo que provocó un incendio memorable. Dicen que ya pasó lo peor, pero en cualquier momento se arma de nuevo el mismo lío, porque acá los bardos nunca desaparecen del todo.
KICHNERISMO: Denominase de tal manera a una sub especie de Peronismo que llegó a ser la dominante entre 2003 y 2…? Se trató de una variante discursivamente de izquierda, económicamente de centro y operativamente de derecha, caracterizada por una voracidad de poder pocas veces vista (o nunca vista fuera del peronismo, mejor dicho) que reivindicando una etapa nefasta del país (la década del 70’) armó un “relato” polarizado entre “Buenos” y “malos”, entre “Patria” o “Muerte”, entre “Medios hegemónicos” y “Medios a los que ya les gustaría ser hegemónicos” (los dominados por ellos), entre “Oli-garquia corporativa” y “Pueblo”, y todo así, siempre en el más rabioso blanco y negro, omitiendo que estamos en la época del 3D con sonido Dolbi Stereo 5.1 y pantalla ancha tipo Imax. Casi siempre gobernó mirando más al espejo retrovisor que hacia delante, y si no chocó al país fue por que supo generar una caja sin fondo de donde a cada rato sacaba conejos como de una galera de mago. Su destino todavía es incierto. El nuestro, ni te digo.
Como verán, amigos, la creatividad argentina no se detiene, y nuestra riqueza lingüística no tiene parangón en la historia. Si tuviéramos la misma habilidad para juntar guita, ahora viviríamos mejor que los petroleros árabes. En cambio, somos millonarios en sanatas…En fin, esto es. Será hasta el próximo chamuyo.
Tw: @robertomagno2