La distancia de la Eduviges a la viuda de Soria o cómo se construye un discurso desde el poder

El abogado Carlos Varela Álvarez pone en contraste dos casos, uno anónimo y otro público. Una nota que vale la pena leer para entender el funcionamiento del poder.

El 20-12 vino con todo. El Dakar, la salud de la Presidenta, el fin de los subsidios, los aullidos del oficialismo (sic) sindical. Pero nada llamó más la atención que la muerte del Gobernador de Río Negro, Carlos Soria, en una madrugada que era para los abrazos, saludos y buenaventuras. A esa noche trágica se sumó luego la ausencia del Intendente de Catriel. Todo derivó luego en apellidos difíciles; el de la viuda  de Soria,  Susana Freydoz, el vice Weretilneck, el Intendente Jhonston y ahora el juez de la causa  Stadler.

Recordé como abogado un caso que nos tocó defender con mi entonces socio Diego Lavado relativo a Eduviges.

Nos contrató un hermano de ella, acusada de matar a su marido, luego que éste le reclamara que el arroz que le había preparado estaba quemado y que la golpeara como siempre. Este que estaba borracho luego se acostó y la Eduviges lo roció con kerosene, le prendió fuego, cerró la puerta y se fue a la comisaría. Cuando llegaron los bomberos, su pareja había quedado calcinado en posición fetal con los puños cerrados como boxeador.

Eduviges puso punto final a pateaduras, un aborto a puñetazos, quebraduras de piernas y noches de hospitales. El rocío de kerosene por el arroz pasado sólo fue la gota que colmó el vaso.

Con mi socio dimos una pelea jurídica fenomenal en el juzgado de instrucción por la Eduviges acusada de Homicidio y por supuesto presa.  Nada sucedió, se la procesó y fue a juicio ante la segunda Cámara del Crimen integrada por los jueces Palma, Guiñazú y Risso de Orquín.

En el debate, usamos todos los libros sobre “ emoción violenta”, y “la  alteración mental transitoria”, alegábamos que la Eduviges actuó sin conciencia, que no supo lo que hizo, obnubilada por la violencia de la que era objeto, que incluso fue ella quien dio aviso a la comisaría. Con el fiscal de Cámara, un maduro pero entonces progresista Carlos Bohm, nos trenzabamos porque queríamos la libertad de Eduviges afincada en la impunidad.  O era justicia por mano propia  o era la respuesta de una víctima donde el sistema no había hecho nada.
La sentencia fue una ocurrencia mágica del Fiscal, entre nuestro alegato ideológico dentro de la Criminología Crítica y la entonces juventud profesional, nos concedieron el “incendio seguido de muerte”. Es decir Eduviges no hizo el incendio  a propósito ni quiso la muerte de su violador. Condena menor y Eduviges, la chica fea, flaca y avejentada del barrio Flores se fue a la calle entre lágrimas de defensores y respiro de jueces.

En Río Negro desde el primer momento se ha construido el discurso del accidente (comunicado de la Gobernación), del suicidio ( del psiquiatra que viola el secreto profesional), ( de la ingesta de los medicamentos de la viuda), etc, pero todos los medios hablan de la emoción violenta y Susana, su viuda, está en su casa, asistida médicamente.

No obstante no conocer el expediente, me alegro sinceramente que prime el principio de inocencia y que la libertad sea la regla del proceso para Susana.

Eso no pasó con Eduviges, que estuvo más de un año de prisión y que si no contaba y demostraba las pateaduras del hijo de puta con quien convivía su estadía hubiera sido perpetua.

Eso sí, al año después, Eduviges vino a nuestra oficina y pagó su última cuota de honorarios muy  bien ganados.  Se bajó de un Valiant IV celeste, ya no llevaba los gruesos lentes con la que la conocí, su pelo ahora largo y suelto y estaba más rellenita. La recuerdo  hermosa y libre,  caminaba sin culpa, se llevó su recibo y se fue sin saber  qué rumbos.

No sé cuál será el futuro de la viuda de Soria; el poder le dará cobijo seguramente y será la hora de los discursos justificativos de  psiquiatras y psicólogos, para ayudar al juez a fallar con imaginación, porque si la hubo para la habitante del barrio Flores porqué no para la ex primera dama provincial?.