La crisis como coartada y la emboscada de Obama a los derechos sociales

"En vez de disfrutar de lo que la Era Progresista anticipaba –una evolución hacia el socialismo, con un Estado capaz de suministrar las infraestructuras básicas y de satisfacer otras necesidades mediante subsidios—, a lo que estamos asistiendo en nuestro tiempo es a una recaída en un neofeudalismo. La diferencia, evidentemente, es que esta vez la sociedad no está controlada por militares terratenientes. Las finanzas cumplen hoy el papel que antaño cumplió la fuerza militar. En vez de estar atadas a la tierra como en el feudalismo, las familias de nuestros días pueden donde les da la gana, siempre que contraigan una deuda de por vida para pagar la hipoteca de cualquier vivienda que compren. Nuestra sociedad no paga una renta de la tierra ni tributa a los conquistadores; nosotros pagamos a los banqueros. Así como el acceso a la tierra era la condición necesaria para que las familias pudieran comer bajo el feudalismo, ahora se necesita acceso al crédito, al agua, a la asistencia médica, a las pensiones o a la seguridad Social y otras necesidades básicas, y hay que pagar intereses, peajes y rentas monopólicas a una oligarquía neofeudal que se desplaza con desparpajo de los EEUU a Irlanda y Grecia".

"Es verdad que el Presidente Clinton consiguió un superávit presupuestario. La economía sobrevivió porque el sistema bancario comercial proporcionó –cobrando intereses— el crédito necesario para crecer. Para forzar de nuevo a la economía a apoyarse en Wall Street, y no en el Estado, el gobierno necesita dejar de incurrir en déficits presupuestarios. La economía se enfrenta entonces a un dilema: o bien se contrae virulentamente, o bien deriva prácticamente todo su excedente a los bancos en concepto de renta económica dimanante del privilegio de poder crear crédito."

Ya saben ustedes que el cara a cara a cuenta de la deuda está tan melodramáticamente escenificado como una exhibición de la Federación mundial de lucha libre cuando Obama blande la manifiestamente huera amenaza de que si el Congreso "no aborda los duros desafíos de los derechos sociales y la reforma fiscal", no habrá dinero para pagar los cheques de la Seguridad Social del próximo mes. En su discurso sobre la deuda del pasado 25 de julio, Obama amenazó: si suspendemos pagos, no tendremos suficiente dinero para pagar todas nuestras facturas, incluidos los cheques de la Seguridad Social, las ayudas a los veteranos y los contratos del Estado con miles de empresas privadas."

Eso no es, ni por asomo, cierto. Pero se ha convertido en tema de amedrentamiento durante una semana, precisamente desde que el Presidente pronunció palabras casi idénticas en su entrevista con el conductor del programa Evening News de la CBS, Scott Pelley.

Huelga decir que el gobierno dispondrá de suficiente dinero para pagar los cheques mensuales de la Seguridad Social. La administración de la Seguridad Social tiene sus propios ahorros (en bonos del Tesoro). Ya sé que los juristas –como Obama y prácticamente todos los presidentes norteamericanos— raramente entienden los problemas de la teoría económica. Pero este es un asunto jurídico. Obama no puede ignorar que la Seguridad Social es solvente, con garantías líquidas para pagar durante muchas décadas. Sin embargo, Obama ha puesto a la Seguridad Social en un destacadísimo lugar de su lista de blancos.

La explicación más razonable de esta amenaza vacía es que Obama, generando pánico entre las personas mayores, busca generarles la esperanza de que, de uno u otro modo, el acuerdo presupuestario que trata de forjar para ganar su mano pueda salvarlas a ellas también. La verdad, ni que decir tiene, es que están siendo conducidas al matadero económico. (Y ni una palabra correctiva –para recordar al Presidente la realidad financiera— por parte del Secretario del Tesoro, Geithner –ese sectario de la rubineconomía [1]—, ni del neoliberal presidente de la Fed, Bernanke, ni de nadie de la administración demócrata de Wallstreet.)

Es un timo. Obama ha venido para enterrar la Seguridad Social, Medicare y Medicaid, no para salvarlas, sino para matarlas. Eso estuvo claro desde el comienzo mismo de su administración, cuando nombró su Comisión para la Reducción del Déficit, encabezada por el enemigo confeso de la Seguridad Social que es el Senador republicano Alan Simpson (Wyoming) y el jefe de personal de la rubineconomía bajo Clinton, Erskine Bowles. Los últimos nombramientos de Obama, republicanos y demócratas conservadores delegados por el Congreso para reformular el código fiscal de manera bipartidista –para evitar su rechazo—, no es sino un ardid para aprobar una "reforma" fiscal imposible de aprobar por unos representantes democráticamente elegidos.

Seguí leyendo más desde aquí.Fuente: www.sinpermiso.com