Reinas calientes en la era de la TV

¿De qué nos asombramos? La Vendimia es una puerta más a la fama efímera y mediática. El éxito al alcance de un click vs la celebración del trabajo.

Foto: Gerardo Gómez /MDZ
Foto: Gerardo Gómez /MDZ

Hay que acostumbrarse. Las reinas de la Vendimia vendrán cada vez más hot y más alejadas de aquella imagen de mujeres trabajadoras, futuras madres sacrificadas, reflejadas hasta el hartazgo en el espejo de la Virgen de la Carrodilla, pero sonrientes.

Desde hace rato la Vendimia ha perdido la edad de la inocencia. ¿Y cuál es el conflicto? Una gran mayoría busca conservar la tradición y honrar las celebraciones del trabajo, o al menos simular que lo hacemos, o aunque sea mirar cómo algunos lo hacen; mientras que buena parte de las jóvenes que disputan las coronas departamentales buscando el reinado nacional tienen la cabeza en otra cosa: la maldita (bendita) televisión y el éxito rápido. ¿Y eso está mal? ¿Quién puede juzgarlas? ¿O es peor que la Plata Dulce de Max Gregorcic? No, para nada. Están en su pleno derecho… ¿De qué nos escandalizamos? ¿O vamos a ir a buscar las candidatas a un convento para asegurarnos postulantes de perfil lo más asexuado posible? No-me-jo-dan.

Mendoza hace bien en descorrer los velos de las apariencias. Las reinas son de carne y hueso, con las ventajas y desventajas que semejante condición humana supone. ¿A qué tanto escándalo entonces? ¿Es culpa de ellas? ¿O no supimos leer hacia dónde va la sociedad? ¿Qué clase de valores estamos custodiando?

Chicas y chicos que hoy rondan los 20 años nacieron y se criaron en la era de la TV del éxito enorme y pasajero, de los realities, de Tinelli, de los programas de chimentos, de la fama y la fortuna rápidas, de botineras y raqueteras, de los escenarios vistosos o del golpe de suerte tras una aparición que derivase más tarde en jugosos contratos de TV. No vayan a creer que esto significa menos esfuerzo que, por ejemplo, el estudio. Hay que dedicarle mucho tiempo a la farándula, y sacrificios impensados para gran parte de la población. Es un trabajo militante en la que la mayoría de las niñas muere y se esfuerza por una nota con Jorge Rial o Viviana Canosa, ni que hablar de apariciones en ficción, o tal vez como panelistas-modelos esculturales, o de allí a las pasarelas más cotizadas. Eso es lo que “garpa”, sacrificios, dietas, trabajo esclavo y cultivo de imagen.

A ver… Sabrina Rojas, Gisela Gaviola, Griselda Sánchez, Agustina Córdova o Victoria Niven fueron las “primeras adelantadas” de la generación de la TV. Algunas de ellas fueron efímeras y otras han permanecido. Muchas se reflejaron en estas mujeres a espaldas de los sacros significados de la Vendimia. Sin ir más lejos, dos años atrás, la cándida “reina hot” de Luján, Daniela Maldonado, escandalizó a la provincia con sus fotos producidas en un baño. Y ahora llegó María Florencia, las lasherina Speed con sus videos (negados). Pero ha conseguido fama instantánea y la atención de los medios incluso nacionales. Para una chica que quiere ser modelo en serio, ya ganó. ¿Qué más quiere? La Vendimia fue apenas un peldaño. ¿A quién le importa lo demás?

Semanas atrás, analizando el mapa político de la provincia, pronostiqué en Twitter que muy probablemente la próxima Reina Nacional de la Vendimia sería de Las Heras. Bueno… salvo que Mendoza sorprenda con un vuelco liberal (me refiero a liberal en serio, en el sentido político auténtico y social de la palabra), eso no va a ocurrir. El jurado vendimial, anclado a una Vendimia que ya no existe, no le va a perdonar la sana desfachatez a esta lasherina atrevida, que lo sentó incluso a Rubén Miranda a poner la cara por una historia que admite dudas razonables.

Las sociedades reprimidas suelen dar lo peor de sí a la fosa común de las miserias. Mendoza atraviesa una importante crisis de liderazgos que emerge especialmente en la dispersión de la política, en la escasez de ideas superadoras, en la dilución en naderías de importantes ONG, en la falta de resolución de los líderes empresarios para tomar la posta, en la ausencia de planes para abrazar aquel presunto destino fundacional y permanente que cada pueblo sueña para sí. Las reinas hot, las chicas descaradas que llegan a la Fiesta Grande con álbumes calientes en Facebook y videos escandalosos, conspiran contra las ideas almidonadas que no nos han llevado a más lugar que éste. Son las Reinas de Pueblo Grande que con su cultura nos restriegan el espejo en el que nos hemos estado mirando. ¿Es eso lo que nos enoja tanto? ¿Qué tiene de tan sagrado la Vendimia que una joven de Las Heras, o del departamento que fuere, no puede vivirla como le parezca, o como le convenga?

La celebración del trabajo está bien. Es sana y alegre. Asociados a la Tierra desde siempre, los seres humanos bendecimos y festejamos sus frutos. Pero tampoco hay que exacerbar los fanatismos. La mejor forma de conservar es admitir los cambios. En el camino contrario, se nos pueden notar las costuras en la careta de la hipocresía. Y lo que vamos a ver detrás no nos va a gustar. Eso, está garantizado.