Los altos mandos de la OTAN habían expresado abiertamente su sorpresa por la resistencia de Sirte. No esperaban que fuese tan feroz y obstinada. La ciudad donde había nacido Gadafi estaba cercada desde hacía más de dos meses. Llevaban semanas sin corriente eléctrica, sin apenas medicamentos en el único hospital. Los aviones de la OTAN no dejaba pasar apenas un día sin bombardear Sirte. Todo estaba en contra de los leales a Gadafi. Y, sin embargo, seguían resistiendo.
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