Desde la época de la disputa por la resolución 125 en adelante, el kirchnerismo viene planteando a la sociedad una disyuntiva que, más allá de no ser real, se mete con sentimientos profundos del pueblo argentino, que sería preferible dejar en el altar de lo “sagrado”, si es que puede denominarse así a un sentimiento cívico de la grandísima mayoría de la Nación.
En aquella ocasión, el gobierno identificaba a “el campo” con los aliados civiles de los distintos golpes militares que azotaron a nuestro país, poniendo desde esta visión k, en la misma foto a la rancia Sociedad Rural con el agricultor mendocino que trabaja de sol a sol, de enero a diciembre, para sobrellevar su precaria economía de supervivencia. Lo mismo pasó con la ley de Medios que denominaron “de la Democracia”, dejando en claro que quien se opusiera a la misma era golpista, a pesar de que la ley ratifica varias normas de épocas de gobiernos militares, y que viene a ver la luz en el momento en el que se rompe la alianza entre el kirchnerismo y los multimedios, respondiendo, al igual que en los casos de Fibertel y Papel Prensa, más a los intereses particulares de un sector político que a una real lucha contra las corporaciones.
Y además de múltiples situaciones planteadas en estos meses, esta semana se repitió el jueguito, cuando acusaron de “similar a un golpe de estado” a la idea lanzada desde algunos sectores políticos de intervenir en el Poder Judicial de Santa Cruz, ante la oposición de sus autoridades de cumplir con un fallo de la Suprema Corte de Justicia.
Que quede claro: somos millones los argentinos que aplaudimos el posicionamiento en la vereda de enfrente de los multimedios opositores al Gobierno, no por opositores sino por monopolios; en este sentido, esperamos con ansias la misma actitud en relación a los multimedios no opositores, que son también pulpos de las comunicaciones que azotan las libertades básicas de los argentinos. Aplaudiremos también, igual que cuando se denunciaron los nombres de los concentradores sojeros, cuando se exhiba a quienes han comprado terrenos fiscales a precios irrisorios en el sur del país, produciendo el enriquecimiento descomunal de dirigentes que, aunque son funcionarios públicos desde hace décadas, muestran año tras año crecimientos en sus declaraciones juradas inconsistentes con la función pública.
Pero lo que en mi opinión no se les puede perdonar a los muchachos es que sistemáticamente “antidemocraticen” a todo aquel que no apoya sus iniciativas. Quienes pasamos por la década del ’80 como adultos, recordamos que en esa época la grandísima mayoría de los argentinos defenestrábamos a la dictadura militar y a sus deleznables acciones, más allá de que conociéramos o no a algún desaparecido, o que fuéramos de izquierda, centro o aún de derecha. Los “golpistas” eran poquísimos y escondidos en sus casas, el pueblo apoyaba abiertamente y se sentía realmente democrático, convirtiéndose “la Democracia” en algo que supimos ganarnos y defender entre todos. Tanto fue así, que al fallecer Raúl Alfonsín, el primer Presidente de la era democrática moderna, los argentinos hicimos un duelo masivo, que aunque fue leído por algunos como un “renacer” del radicalismo, y aunque haya ayudado en ese sentido, fue claramente un reconocimiento a quien nos unió a casi todos tras un ideal común: la Democracia.
Es por esto que la permanente dicotomía que se plantea entre lo democrático y lo antidemocrático desde el Gobierno, puede terminar convirtiéndose en un boomerang en contra de esto que tanto nos costó conseguir. Puede alguno de esos golpistas, que se guardó en su casa en los ´80, volver a salir y decir que “los democráticos” se enriquecen ilícitamente, fuerzan la legalidad, mienten con las estadísticas, y realizan un montón de acciones malas, pudiendo a continuación plantear la solución al problema. Sin dudas que habrá medios de prensa que, desde la ideología de sus propietarios o simplemente desde la conveniencia del negocio, van a dar espacio a estas acusaciones.
Y no va a ser justo. Los democráticos somos, mal que les pese, muchísimos más que solo los kirchneristas, y hasta tanto no entiendan que en el bando del pueblo hay gente de su partido pero del otro también, al menos dense por enterados que entre estos tipos y yo, hay algo personal.