Es demasiado que la presidenta Cristina Kirchner haya asegurado que la Argentina vuelve al default en tres meses, si se sanciona el proyecto legislativo para actualizar todas las jubilaciones. Es demasiado que un millón de clientes de Fibertel deban contratar compulsivamente -también en tres meses- un nuevo servicio de Internet, porque el ministro de Planificación resolvió hacerlo desaparecer tras acusar a la empresa de "usurpar" la licencia durante años, sin que previamente haya existido ninguna advertencia, multa o intimación oficial. Es demasiado suponer que las retenciones a las exportaciones agrícolas habrán de desaparecer de la noche a la mañana y que la economía no sufrirá ninguna alteración.
Estas pulseadas entre el oficialismo y la oposición, así como entre el gobierno kirchnerista y el Grupo Clarín (a las que podría sumarse el caso Papel Prensa como una suerte de revancha político-ideológica con casi 40 años de atraso), tienen como denominador común la total ausencia del sentido de las proporciones. Y, en consecuencia, que la Argentina viva al día en materia de inversiones privadas. Si bien un aumento de la inversión es imprescindible para sostener en el tiempo el actual crecimiento de la economía, no pasa semana sin que aparezcan arbitrariedades políticas que inhiben a todos aquellos que no integran el círculo del "capitalismo de amigos". Shell y Techint también pueden volver a dar fe en estos días del revanchismo oficial a la hora de resolver conflictos.
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Jubilaciones y una pulseada que va más allá de la caja
El arco opositor logró una victoria política con la media sanción del proyecto del 82% móvil para jubilicaiones, aun sin ponerse de acuerdo en cómo financiarlos. Sin embargo, pocos son los legisladores opositores que apuestan a que esta ilusión de la clase pasiva se convierta en realidad. En La Nación, por el columnista Néstor Scibona.