He descubierto que, como no comparto la Ley de Medios, no soy tan progre como yo creía. Es más, al parecer el multimedio Clarín, al cual yo creí que enfrentaba por su pulposa angurria capitalista, me paga. No sé cual será el número de la cuenta ni el banco, no he visto ni un peso, pero según tengo entendido todos los que nos oponemos al kirchnerismo estamos en esa, pagos por Clarín. Lo bien que hacen algunos ex amigos en no contarme más en sus filas fraternales, no llamarme ni compartirme de los cambios en sus vidas, porque al parecer, les juro que no sabía, éramos amigos por ser todos progres, y como no soy pro-K, y ellos tienen el monopolio (con perdón de la palabra) del progresismo, y bueno, claramente no soy progresista.
Otro que anda cobrando, según he leído por ahí en los comentarios que le hacen en sus notas, es Marcelo. No podría decir que es mi amigo, abusaría de esa palabra si lo llamo así, no hemos tenido la posibilidad de serlo aunque me gustaría, pero yo lo quiero al pibe, desde que tiraba rosas desde el escenario mientras con su voz rasposa cantaba un bolero rockeado. Y parece que cobra por hablar bien del gobierno, por ser de los de enfrente, de los K. No es que él opine así de gratis nomás, así como parece que yo tampoco opino como opino porque así pienso. Alguien nos paga. Tengo entendido que él tampoco encuentra la cuenta en la que le depositan, pero sigue opinando igual.
Lo he encontrado en el entretiempo en la popular sur del estadio, y no lo veo tan diferente a mí, eso creo al menos. Pero al parecer, y según los comentarios, en este país hay dos grandes billeteras que compran todo, pero todo todo lo que se escribe. O te paga este o aquel, pero que cobrás, cobrás.
¿Cómo se hará, en este mundo de blancos y negros, para opinar de onda? ¿Cómo hago para resucitar las ideologías supuestamente muertas en los noventa? ¿Quién pagará por esta nota? Supongo, porque la verdad es que no tengo certezas al respecto, que habrá quienes efectivamente cobran por su “ideología” sea esta pro K o anti K, pero de ahí a mandar a todos a la misma bolsa, la verdad es que me parece una simplificación digna de flojos mentales, que en vez de buscar argumentos para refutar al que piensa diferente, se contentan con acusarlo de vendido.
En fin, se acaban las palabras y la pregunta sigue sin respuesta. Por lo pronto, y a la espera de que nunca aparezcan las cuentas de Marcelo ni la mía, a la espera de que sigamos opinando igual o diferente pero de onda nomás, de puro convencimiento, me alejo de la tarea de escribir para pasar, a continuación, a leer a quien piensa diferente. De onda.