Después de los comicios municipales del domingo pasado, varios medios de prensa y políticos se has subido al tren triunfal del desdoblamiento electoral. Y si bien en teoría la idea se ve como maravillosa, a la hora de poner los pies sobre la tierra la cosa se vuelve, en mi humilde opinión, bastante vidriosa.
En primer lugar, nada se ha dicho de los costos de estas elecciones fuera del conjunto. Los comicios de la Ciudad de Mendoza eran de gran interés para el kirchnerismo, motivo por el cual no tuvieron desde el Gobierno nacional problemas en hacerse cargo del costo de la misma pero, ¿y cuando no les interese? Los montos que se manejan en estas contiendas (solo de logística) son millonarios, y no hay bolsillo municipal que los resista…
Por otro lado, un ciudadano de Mendoza participa (algo similar ocurre en el resto del país), en promedio, en doce elecciones diferentes cada cuatro años, a saber: dos de Concejales, una de Intendente, dos de Senadores provinciales, dos de Diputados provinciales, una de Gobernador, dos de Diputados nacionales, una de Senadores nacionales y una de Presidente. Desdobladas, implican una elección cada cuatro meses, año tras año…Fácil es saber lo que ocurriría con la participación popular de llevarse adelante tamaña empresa. Ya en las elecciones del domingo pasado, el 70% histórico de votantes de Capital cayó al 62%, y varios partidos vieron disminuidas sus chances por esto. Entre los perjudicados se encuentra, en mi opinión, el radicalismo con sus aliados, que perdió el 30% de los votos que obtuvo en el 2009, bajando de más de 36000 a alrededor de 25000 voluntades.
Haciendo un paréntesis en el análisis general, cabe aquí una aclaración: el Intendente Fayad cambió a los candidatos “de todos” por los “propios”, por lo que, más allá de haber perjudicado a sus correligionarios, en lo personal ganó en concejales adeptos. Otros que perdieron al cambiar los candidatos de todos por los propios fueron los ex socios PD-PRO, que en este divorcio dejaron al macrismo fuera del Concejo, situación que no habría ocurrido de ir ambas fuerzas juntas. En esta división se les coló el socialismo con Montbrun, quien tal vez equivocadamente está convencido que las adhesiones a su partido subieron en un año del 2% a casi el 10% por sus virtudes personales. Lejos de eso, hay que admitir que (lamentablemente, para mi gusto) no es que venga el Che Guevara bajando desde el pedemonte a hacer la revolución socialista en Mendoza, sino que muchos de esos votantes que perdió Fayad por su distanciamiento del Vicepresidente, mutaron al socialismo o se quedaron en su casa, y muy probablemente seguirán a Cobos en elecciones futuras, a donde sea que este vaya.
Pero volviendo al desdoblamiento, ¿qué hacemos entonces, seguimos soportando las interminables listas sábana, en las que elegimos a personas (que más allá de su idoneidad o no) están mezcladas entre una gran cantidad de candidatos que no conocemos? Hay otra alternativa. Ya el año pasado la oposición presentó un proyecto de reforma electoral, desechado por el oficialismo, que incluía la denominada “Boleta Única”. En este sistema, si bien las distintas categorías de candidatos se eligen en un mismo acto, el votante debe optar por separado en cada una de las mismas. Será tal vez un poco más engorroso en el momento, pero definitivamente mucho menos que tener tres elecciones anuales…
De este modo, una vez más, no todo lo que brilla es oro. No es bueno elegir todo junto, pero es prácticamente imposible tener todo separado. Deberemos como sociedad, creo yo, optar por un camino tal vez un poco más tedioso, en el que le demos un poco más de nuestro tiempo a la selección de nuestros gobernantes. Nada es gratis en este mundo, y el tiempo que nos ahorramos en ese domingo electoral votando “rapidito” a cualquiera, lo pagamos en cómodas cuotas a lo largo de varios años, soportando a una dirigencia muchas veces no deseada.