Instrucciones para volver a fumar

Vivimos bajo la dictadura de la salud. Ser saludable es el motivo y sentido de vida. Ya no quedan razones para el individualismo más puro, para el mito liberal. Cada acto nuestro, (nos lo han hecho creer) afecta a terceros. Los jóvenes primero.

Cunde el pánico. O mejor ¿Cunde el pánico? ¿Afirmación o pregunta? Un totalitarismo subterráneo y tecnológico, virósico y bacteriano apesta la red. Es el fascismo espontáneo, mezcla de disvalor y anomia, el que afecta a muchos foristas de los medios locales. Son todos troyanos.

Libertad de expresión. Libertad de opinión en desavillé o batón. Anónimos sin fronteras. Lechugones, hongos combustibles. Patriotas de la galaxia Gutenberg digital. Están ahí, opinando, más bien vociferando dialectos primitivos. Dan muchas ganas de fumar en medio de la “dictadura de la salud”. El tabaco se cobra muchas vidas que valen la pena. ¿Por qué no fumarles en la cara un cartón de fasos?

Jaque volvió de vacaciones, y no se nota, se anota. Lo de siempre para estas épocas. Inaugurando un puente para la foto, endureciendo su postura con los maestros y artistas de vendimia; pero al fin, bajándose los lienzos con los jueces y poderosos. Figurita repetida.
Nada nuevo bajo el sol. Y pensar que alguna vez fue gobernador Jaque de esta provincia. Si, cuatro años gobernó en Jaque, a Mendoza. ¿Qué, no se notó?  Entonces tararareá “Fumando espero” ese tango del 22 con música de Juan Viladomat Masanas y letra de Félix Garzo (¡Ojo, pero como lo cantaba Ignacio Corsini!) tango que debería prohibir el Ministerio de Salud.

Fumar es un placer
genial, sensual.
Fumando espero
al hombre a quien yo quiero,
tras los cristales
de alegres ventanales.
Mientras fumo,
mi vida no consumo
porque flotando el humo
me suelo adormecer...
Insuperable.

La capital de Fayad ya prepara su elección y los jóvenes son cuestión de comidilla. No siempre el joven es tesón y cambio pro-tragónico, más bien a veces, se revuelve el estofao con los mismos utensilios. Cara lindas, caras jóvenes, caras sucias donde hay pobres.

-Dame fuego, Roberto.