Mientras los medios se hacen un festín con las tragedias y las entrevistas sobre los aspectos más escabrosos se buscan por doquier, o se impone la imagen con más sangre a la vista, el Parque Indoamericano es ahora del más fuerte o del más violento.
Hemos asistido al espectáculo salvaje, pantalla mediante de grupos de personas que se balean, pegan y corren entre sí, cada uno con su razón, cada uno con su violencia en su espalda.
El Intendente Macri, con un discurso oscuro, de bajo nivel, intenta explicarnos que los muertos no son de él, que en todo caso es responsabilidad del narcotráfico o de los grupos organizados.
El Jefe de Gabinete retira la Policía Federal y dejan que la violencia sea la única dueña del lugar. Un juez le ordena que proteja el recinto y responde que él no puede considerar ese pedido porque no es con la represión como se soluciona este problema.
Mientras, los nuevos huérfanos y viudas, algunas en difícil castellano sólo piden paz y un poco de tierra en un país donde los metros sobran, menos para los oscuros.
La Presidenta celebra el día de los Derechos Humanos con Hebe Bonafini, Estela de Carlotto y Baltazar Garzón, detrás del escenario, anunciando nuevas burocracias, mientras el humo del dolor y la irracionalidad son los propietarios de la noche.
Por otro lado países, como Cuba, Venezuela, se han solidarizado con la Repúbica China y no han asistido a la entrega del Premio Nobel de la Paz al disidente chino Liu Xiaobo, condenado por escribir una carta crítica como ésta, a 11 años de prisión. Hay solidaridad con un país que ha invadido el Tibet, que tiene Pena de Muerte, pero que es bueno por los negocios que hacemos y la “protección “ que brinda.
Son los estándares de la política que mancha el tema de los derechos humanos en el Parque Indoamericano y en la China o en Cuba o en Estados Unidos con sus Guantánamos y manuales de torturas y juicios especiales.
Que Macri es un inepto, xenófobo, con políticas de exclusión y otro prometedor de quimeras, eso no es novedad.
Novedad es que un Estado niega la intervención para parar una masacre, para proteger a los más débiles, a los cientos de niños y mujeres de pobreza extrema que muestran las imágenes de los que han ocupado el Parque Indoamericano.
Justificar la ausencia del Estado Nacional ante la estupidez crónica del Intendente Macri, no es la solución, pues en todo caso la responsabilidad internacional es una sola.
Callar frente a esta pésima acción del Gobierno Nacional es justificar lo injustificable. Los muertos, se equivocan los Casandra locales, son más que nuestros, somos nosotros; los que callamos.