Muerte digna

Estamos en las vísperas del día mundial de los cuidados paliativos, que constituyen aquella parte de la medicina que se encarga del cuidado de los enfermos terminales y sus familiares.
En esta oportunidad, quiero hacer una reflexión y compartirla a través de este medio.

Muchas veces se habla de muerte digna a aquella que tiene que ver con el menor sufrimiento, hace algunos años se la asemejaba a la eutanasia, que bueno que la cosa ha cambiado.

Pero aún hoy, no hay un acuerdo al respecto, como si la dignidad, estuviera estandarizada. Como si hubiera un único patrón de dignidad, como si todos nos tuviéramos que amoldar a él para sentirnos dignos, en este caso al momento de morir.

En lo poco que he visto, me parece que hay tantas formas de morir como formas de vivir,  y que la dignidad en ese momento, entendida como que  es” sentirse  merecedor” o ” de calidad aceptable” , debe ser una continuidad de ese vivir.

Es por ello que todas las posturas, como los cuidados paliativos, la eutanasia, el suicidio asistido, deberían ser oídas, respetando la voluntad de quien quisiera servirse, en medio de un marco legal que las contuviera. Acá, una vez más no hay un Boca River, como nos quieren hacer creer.

Pero hoy mi reflexión está puesta en mi postura personal, que son los cuidados paliativos. Y hablar de lo mal que lo pasan los enfermos y sus familias en sus últimos momentos.  Sobre todo aquellos que tienen mayor estado de vulnerabilidad, los pobres y los viejos, y dentro de ellos, los que han perdido hasta su autonomía y se encuentran en hogares geriátricos.

Es sorprendente, frustrante, desmoralizante, que todavía no tengan acceso a control de los síntomas, como el dolor, o simplemente, a lo básico, como poder tener una atención médica especializada continuada, en su casa cuando ellos están postrados.

En Mendoza es una de las pocas provincias, donde aún no cuenta con una ley provincial que contenga los cuidados paliativos, si bien están contemplados en el PMO
(programa médico obligatorio) o en programa de garantía de calidad de Argentina, solo se cumplen a veces el acceso a la morfina, y celebro que esto haya cambiado, pero aún no hay suficientes manos que la prescriban , y las obras sociales en general no reconocen esas manos.
En general el desarrollo de programas de cuidados paliativos, le conviene a todos, a los sistemas de salud, porque utilizamos un vademecum acotado, no muy oneroso, porque se evitan internaciones innecesarias o encarnizamientos terapéuticos. Les conviene a los miembros de un equipo, que los atienden, porque  permite satisfacer la vocación de servicio y poder vivir de lo que eligieron. Les conviene  a los familiares de ese paciente, porque tienen una contención, porque se pueden hacer cargo de su afectos en su casa, en la mayoría de los casos,. Y  sobre todo le conviene al paciente porque deja de deambular , por guardias, consultorios , servicios de ambulancias, pidiendo que le calmen el dolor o simplemente lo escuchen, al tener una continuidad de cuidados y  porque le permite decidir, como lo hizo a lo largo de su vida, con la mayor dignidad posible.

 Y en definitiva, de esto se trata la muerte digna a mi criterio, que es decidir o no como lo hizo a lo largo de la vida, pero en este caso, con menos carga de sufrimiento.

Mi carta, persigue como  objetivos, hacernos reflexionar de lo que pasan los enfermos terminales, por un lado y que llegue a oidos de los decidores de hoy, para replantear el recupero de la dignidad aunque más no sea en el último trayecto de la vida