Educación, realidad demandante

Basta revisar atentamente la historia de nuestro país , para comprender que nuestras épocas de excelencia educativa han sido breves; en cambio, los largos procesos de gobiernos pseudodemocráticos con dictadores o de facto , han borrado de un plumazo vil o de una represión incalificable, el rumbo que nos dejó Sarmiento y aquellas memorables sesiones en torno a la Ley 1420.

 Soy testigo activo de medio siglo de decadencia del sistema educativo. En estos años, debemos admitir que para ningún gobierno la educación fue prioritaria en la acción.  Leyes nacionales sin consenso  y formuladas sin tener en cuenta las variables del contexto en que las normas debían legislar, secretarias, departamentos de planificaciòn educativa y de evaluación, se han sucedido a través de los años , sin continuidad, con diversas instancias de diagnósticos pero sin impacto en el medio educativo Autoridades educativas que se van acomodando en distintos cargos sin la menor crítica de sus responsabilidades. Podría seguir con la descripción  de los errores que nos están llevando a más desaciertos. Funcionamos como islas, como individualidades, sin visión de conjunto o racionalización de recursos humanos y económicos.
 Frente a esta realidad, que podemos hacer? Seguramente, no lamentarnos por la “Pobre Patria mía”.

En primer lugar, dejar de improvisar.

La percepción que la ciudadanía, en general, tiene de la crisis educativa es congruente con la realidad del país: el sistema educativo argentino ha colapsado y no responde a las complejas situaciones de  un contexto signado por el aumento de la pobreza, la exclusión, la discriminación, la fragmentación , la violencia, el avance de los conocimientos , especialmente, los de la tecnología de la información y la expansión de patologías sociales.

La institución escolar como producción social, no debe ser ajena a estos  escenarios, que nos plantean nuevas miradas para comprender y operar en estas realidades que nos demandan conceptualizaciones y acciones diferentes.

En esta situación, las críticas y la desvalorización de la escuela pública se multiplican, también las declaraciones de gobernantes y políticos, los enunciados teóricos de pedagogos y especialistas y las demandas de instituciones religiosas y organizaciones civiles no gubernamentales. Sin embargo, no hemos acertado en soluciones estructurales que nos permitan construir estrategias viables para esta crisis cuasi terminal del modelo educativo actual.

Frente a esta realidad multicausal existen dos posiciones peligrosas: la primera, con cierto tinte de conservadurismo que sostiene que todo tiempo pasado fue mejor, sosteniendo el modelo societario de un Estado protagonista y que se ha denominado Estadocéntrica (Cavallo.1999). La segunda, consistente en fuertes argumentos se sectores económicos o religiosos, que proponen el retiro gradual de un estado cuestionado en algunas de sus funciones y exigen mayor autonomía de decisión en cuestiones de gestión y ordenamiento curricular. Lamentablemente, lo cierto es que estamos cansados de las marchas y contramarchas que suponen los cambios de gestión en las políticas educativas, que a juzgar por los resultados obtenidos, están hipotecando el futuro de nuestros niños y jóvenes en un mundo altamente competitivo.

Entonces, lo que resulta evidente en este panorama es la necesidad pensar en construir un modelo cuya organización responda a la realidad del contexto. Al mismo tiempo,” elaborar alternativas pedagógicas orientadas a resolver escenarios escolares con situaciones definidas por la agresión, el maltrato, el hostigamiento y la intimidación” (Lucero y Brandi.2.007)
Sin perder de vista estas consideraciones que requieren de gente comprometida,y pensante y con sentido común, me atrevo a sugerir , desde mi larga experiencia docente , algunas variables de sentido común:

• Exigir la Educación como Política de Estado.

• Niños y adolescentes deben ser prioridades. No con sistemas coyunturales de asistencialismo, sino con acciones concretas. Becas para los que las  necesiten con exigencias de calidad en el rendimiento.

• Edificios escolares en condiciones. Mantenimiento edilicio permanente.

•  Institutos de formación docente , con curriculum actualizados y pertinentes al contexto. Compromiso de las Universidades para asesorar en investigación y docencia en un plan provincial. Carrera docente, posibilidad del docente de acceder por méritos y concursos abiertos y periódicos a cargos de mayor jerarquía .Directores y Supervisores respetados en sus capacidades e iniciativas para ejecutar sus gestiones y no naufragar en el mar de una burocracia descomunal. Plan Provincial de Capacitación docente permanente. Con facilidades para que los docentes puedan concurrir sin afectar sus horas de trabajo.

• LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS DEBEN PRIORIZAR SU FUNCIÓN PEDAGÓGICA Es necesario recuperar la función propia del docente: la enseñanza.

• Salario digno. (Evitar huelgas que perjudican a  toda la comunidad).

• Redimensionar la Dirección General de Escuelas, que se ha transformado en un laberinto de secretarías y asesorías que dificultan  su funcionamiento. Controles médicos eficaces para otorgar las licencias y los cambios de funciones.

• Educación continua a través de los medios de comunicación. Sugerimos educación para padres, defensa del lenguaje, programas de salud, de participación ciudadana, etc.

• Obligación de los Padres de concurrir a los establecimientos escolares cuando se los convoca. Asistimos a un fenómeno universal denominado “Padres domados”, Urgente necesidad de asumir el rol de padres, frente a una tiranía de costumbres juveniles y cada vez más precoces en usos indebidos de espacios y tiempos de ocio, que se transforman merced al ruido, a las bebidas y a las drogas en espacios de enajenación y violencia..