Los jóvenes son unos bandidos –andan en bandas- y cometen delitos. Siempre lo hicieron. Desde los gangs de principios del siglo XX hasta los revolucionarios de los 70, de los hippies a los piqueteros. Necesitan de la masa anónima para acicatear la moral de la sociedad. Tienen la culpa de todo lo que nos pasó y nos pasa. Desde destrozar la primavera (léase propiedad privada o pública) hasta violentar la autoridad policial. Son asesinos en potencia, delincuentes primitivos. Empezaron por la Rusia zarista con la frustrada revolución de 1905 que consiguieron materializar en 1917. Tomaron las armas hacia 1910 con Emiliano Zapata en Morelos, México, pugnando por sus tierras. Pusieron patas para arriba la burocracia universitaria Argentina en la ya mítica reforma de 1918.
Luego se les ocurrió acompañar a Hipólito Yrigoyen en Argentina para enfrentar a la oligarquía y al régimen, poblando de alpargatas chacareras el ejecutivo y el congreso. Continuaron, poblando la Plaza de Mayo el 17 de octubre del 45 con “los negritos del interior”. Un grupo de jóvenes barbudos se toman un barquito hecho trizas, el “Granma”, y pelearon desde la sierra hasta derrocar una dictadura pro americana en la islita-cabarute de Cuba, desfilando, triunfantes, por las calles de La Habana un 1 de enero de 1959.
Los jóvenes, fueron fusilados luego de la caída de Perón en el 55, apaleados por Onganía en el 66, en “la noche de los bastones” largos en la Universidad Nacional. Como si fuera poco, armaron un quilombo de dios y explotaron en el 69 con el “Cordobazo”. En Francia ya habían hecho de las suyas en el 68 con el “mayo francés”.
Crearon el rock en EEUU e Inglaterra a fines de los 50 y se rebelaron contra el Estado y la familia en los 60. Se hicieron hippies y se fueron a vivir con ovejas, en pelotas. Probaron las drogas más raras. Enfrentaron la guerra fratricida en Vietnam y les arrojaron flores a los militares.
Murieron miles por todo ello. Crearon movimientos revolucionarios en Chile, Argentina, Colombia y Nicaragua. En el 79, un 19 de julio, jóvenes marxistas y cristianos en nombre de Sandino dan vuelta la torta en Nicaragua, “tan violentamente dulce”, una revolución plagada de poetas. En Argentina llegan al poder en 73, sin embargo fueron masacrados a partir del 76. La mayoría de ellos jóvenes entre 15 y 18 años. Como refugio en dictadura se escudan en el rock nacional como forma de supervivencia.
Todos subversivos y terroristas, drogadictos anti-vida, decían. No obstante el legado lo levantan las Juventudes Políticas en los 80 y recuperan la democracia Argentina. Toman los espacios públicos e inundan de primavera democrática al país.
¿Qué será de los jóvenes del siglo XXI?