Parafraseando al Gran Bill, que supimos en su momento conseguir, los dirigentes políticos deberíamos aprender de lo cotidiano, no que lo cotidiano nos lleve de frente. Explicaciones al margen, no queremos hacer un mea culpa, por más que la realidad nos lleve de las narices a toparnos con la pobreza, la marginalidad, lo injusto, las excepciones y las reglas.¿deberíamos subirnos a un ring, cómo sugiere un mail de autor anónimo para resolver nuestras diferencias? ¿O estamos sensatamente maduros como para relegar ambiciones personales en pos del bien común? Habría que preguntarse cuál es el error más común entre nosotros, los dirigentes.¿Soberbia?¿Falta de compromiso?¿Ambición?¿Culto excesivo al personalismo?¡vamos, arriésgate, hermano, hermana, que conseguiste un conchabo del Estado y aún hoy sigues subsistiendo! Arriesguémonos a decir con todas las letras ¡Fue mi culpa! Porque en mayor o en menor medida, prostituimos la militancia con algunos carguillos (muchos a decir verdad), sin siquiera saber si el pariente o amigo o puntero que instalamos era el mejor para ese puesto.
Tal vez esta retrospectiva que propongo, viene a cuento por la cantidad de años que llevo militando en causas sociales, ya no de un partido político. Nos subimos a un tren que te puede dejar varado en cualquier estación y no somos capaces de vislumbrar una posibilidad cierta de discusión, de debate, de consenso. No.
El culpable fue el otro, la otra gestión, el otro gobierno, el vecino, el que estuvo antes, que dejó hecho un desastre todo esto. Alrededor crece la insatisfacción, la congoja, el aburrimiento y el descreimiento generalizado. ¿La gente? El común de la gente, bien gracias. Los índices de pobreza han aumentado, los indices de delincuencia han aumentado, la deserción escolar ha aumentado. Los otros, los otros, los otros.
¿Nosotros qué?
Bienvenida la carta de Cobos. si estamos dispuestos a leerla con el corazön; sin egoismos: Bienvenida la posibilidad de disenso, de enseñarle a los jóvenes que tenemos la posibilidad de cambiar algunas ideas sin dejar lo bueno que el otro hizo, que el distinto hizo. Quizás entonces algunos políticos merecerán el bronce, otros mereceremos menos, otros tal vez sean reconocidos por la historia. Y entonces dejaremos de pagar el precio que la sociedad nos reclama. Y practicar la política, merecerá otro reconocimiento, mucho más honorable por práctica que por título. ¡Ojalá algunos pilluelos dejen de pensar que una banca significa PODER! Que tener un amigo de un amigo de un amigo en tal o cual lugar, sea lo mejor para escapar de una regla.
Somos producto de una sociedad, que a su vez retroalimentamos con actos, funciones y decisiones. Una carta no cambiará el mundo, pero es un principio.