En qué se diferencian un peronista y un radical, parece la pregunta que antecede a un chiste, que dependiendo de que si el que lo cuenta es de los unos o de los otros, tendrá un final con héroe y villano distintos. Pero más allá de las bromas al respecto, pareciera que hay indicadores de peronismo y/o radicalismo presentes en muchos de los habitantes de este sacrosanto país que habitamos, que permitirían prever para qué lado son propensos a inclinarse los argentinos.
Y es que después de pedir opinión a un integrante del pan-radicalismo mendocino sobre si aquellos que se habían ido de la UCR eran o no radicales, abrió los ojos grandes y me dijo: ¿Vos decís que los radicales somos como los peronistas, un movimiento que abarca a todos los que alguna vez fuimos, más allá del partido en el que estemos actualmente? Admito que vi algo de susto en sus ojos al plantearse el interrogante, y aprovecho para pedir a los compañeros justicialistas que no se ofendan con la comparación, que nadie duda del aporte principalísimo que han hecho en la historia de este país los peronistas, sean estos aportes positivos o negativos, siempre según el cristal con que se los mire. Como un dato extra y quizá solo anecdótico, referido a la cantidad y no calidad de los aportes realizados al país, no es poco aclarar que, desde la primer elección con voto secreto y obligatorio en 1916 y hasta el 2009, Argentina ha tenido gobiernos peronistas por veintinueve años, y gobiernos radicales por…veintinueve años también, coincidentemente.
Pero volviendo a las diferencias, es notable que los peronistas se consideren como tales estén o no alineados con el PJ nacional, lo que lleva a que hoy haya peronistas tanto en el kirchnerismo como con Cobos, Binner, Duhalde, Macri, Reutemann, Solá o Solanas entre otros, habiendo ordenando a los opositores antes nombrados en estricto orden alfabético para evitar, una vez mas, malentendidos. Los radicales en cambio, solo se consideran radicales si están en la UCR, es como que se desprenden más fácil del nombre, o que tal vez siguen pensando en el radicalismo como en la casa de los padres de la que se fueron dando un portazo, y a la que, tarde o temprano, les gustaría volver aunque sea para limar asperezas y transitar en compañía el camino. Así, se habla de pan-radicalismo como de aquellos que son como si fueran radicales pero sin serlo, pero nunca de pan-peronismo, que los peronistas son peronistas y listo.
Hay, en mi opinión, una diferencia en cómo se vive la política desde estos dos sectores. Así, en los radicales primaría lo racional sobre lo emocional, por lo que para ellos no sería tan importante la camiseta como el contenido, pudiendo abandonar la lista 3 o los colores rojo y blanco si sus principios se los indica, mientras que para un peronista, su General y la foto de Evita son sagradas, dicho esto con todo el respeto que se merecen, y después si su gobierno gira a la derecha o la izquierda, no digamos que no les molesta, pero como que lo aceptan con más facilidad.
Estas formas de fijar las prioridades se reflejan también en los gobiernos de unos y de otros. Los radicales son (en general) de hacer gobiernos mas “republicanos” mas de respeto por las minorías, lo que llevado a ciertos extremos los ha dejado en algunas ocasiones quizá lentos de reflejos, frente a una visión de los peronistas en el imaginario colectivo de que “hacen”, pudiendo en muchos casos esta acción rayar con el ilícito, o al menos con el atropello de las normativas vigentes, pero no dejando por eso de ser al fin y al cabo una acción.
Dependiendo de qué priorice cada uno de nosotros, es a quien apoyaremos. O tal vez cansados de una de las opciones optemos por la otra, pasando de preferir la “acción” a elegir la “legalidad” o viceversa, hasta que llegue un día el dirigente que actúe sin atropellar normas, o el sector político que amalgame lo mejor de ambas partes. Si esta nueva opción ya llegó o viene aún en camino, es algo que cada uno deberá resolver consigo mismo, para dejar de una vez por todas de votar convencidos de que nuestra elección es por el candidato menos perjudicial y lograr así salir del cuarto oscuro felices, luego de encontrar entre las opciones la lista compuesta por las personas que realmente queremos que nos representen.