En nuestro reciente viaje al sur argentino y como amantes de las ciencias naturales, aprovechamos para visitar los museos de la Patagonia. Así fue que tuvimos el placer de conocer nuevos museos y otros refaccionados en diferentes provincias patagónicas y, al retornar a Mendoza, ingresamos también al Museo de Historia Natural de San Rafael. Durante años hemos visto (seguido) con atención los sucesos del museo Cornelio Moyano de la ciudad capital.
En la ciudad de Zapala, la que visitábamos desde hacía tiempo, nos encontramos con la sorpresa del nuevo edificio construido frente al antiguo Museo Mineralógico Juan A. Olsacher, con una inversión de casi $3.000.000, constituyendo el mejor edificio público de la ciudad, dedicado a su patrimonio cultural y natural. Nos entristeció recordar las 12.000 piezas donadas por Manuel Tellechea (hijo) y la Fundación Castro, donadas al CRICYT, con cargo a constituir un museo, que finalmente se desprendió de la colección y la envió al Museo J. C. Moyano, sin espacio real para contener ese patrimonio. El CRlCYT no cumplió lo firmado y lo que es más grave, se apropió de las mejoras edilicias que la Fundación y el dinero que particulares pusieron para el edificio del Museo en las antiguas cocheras, hoy oficinas del centro científico.
El Museo Municipal Carmen Funes, en el pequeño pueblo de Plaza Huincul, presenta con orgullo un edificio de una manzana completa con 2.500 m2 cubiertos, con la réplica entera del dinosaurio más grande del mundo, el Argentinosaurus Huinculensis; además de otras piezas en excelentes condiciones de exposición, con una colección de 600 ejemplares de dinosaurios clasificados.
En Loma de la Lata el Centro Paleontológico Lago Barreales permite apreciar “in situ” las tareas de excavación, limpieza y recuperación de restos de dinosaurios y otros fósiles, llevada a cabo por un puñado de esforzados profesionales y técnicos quienes, además, han montado didácticas salas de exposición de los materiales recuperados.
Avanzando al sur, en la ciudad de Trelew, Chubut, en el Museo Egidio Feruglio, el visitante tiene a su disposición lo más actualizado en museografía de la Argentina, con nivel de prestigio internacional, con réplicas de los dinosaurios argentinos de todos los periodos. Y otros numerosos fósiles que ilustran sobre la evolución de la vida en nuestro planeta. Más al sur visitamos el Museo de los Yámanas, museo privado, y el museo del Fin del Mundo, en la antigua prisión que tiene, entre otros detalles, biblioteca, sala de artes y demás áreas de investigación y comunicación, financiados por el estado provincial fueguino.
Todos estos museos tienen algo en común, a diferencia de Mendoza, demuestran el interés del Estado y de las organizaciones privadas por exhibir con orgullo sus patrimonios culturales, y en todos los casos los directores de estas instituciones son especialistas, profesionales trayectoria, y no allegados de la política de turno. En las provincias visitadas, los museos atraen enormes caudales de visitantes que ha renovado la oferta turística y, por ejemplo, en el Museo Feruglio se apaga automáticamente la luz en los horarios convenidos porque la gente desea permanecer el mayor tiempo posible dentro de él.
Toda una vida silenciosa transcurre detrás de las vitrinas, con profesionales investigando, continuando los trabajos de campo, y acrecentando el valor científico de los hallazgos, con los resultados de la investigación interdisciplinaria.
Retornando a la provincia pasamos por delante del Museo de Historia Natural de San Rafael, en la lsla Diamante, uno de los museos más importantes del interior del país. Al frente del museo parecía instalada una villa de emergencia, con kioscos envueltos en nylon, humareda, cajones de botellas vacías, sin ninguna estética, vendiendo productos industriales no relacionados con el lugar. Detrás de esa instalación nos hizo entristecer ver el antiguo parque botánico, que recorrimos en varias visitas anteriores, completamente seco y abandonado, y extrañamos la cúpula del departamento de astronomía. Los daños en el edificio hablan de un Municipio que abandonó una de sus mejores instituciones culturales. Fue toda una premonición de lo que el Intendente Félix le deparaba al Dr. Lagiglia, obligándolo a abandonar su fructífera obra, a pesar del apoyo que tenía en la ciudadanía del sur mendocino.
Desde Ushuaia a Mendoza visitamos numerosas exposiciones museológicas y observamos que pueblos más pequeños que los existentes en cualquiera de nuestros departamentos de Mendoza, tienen museos, que no sólo son el asombro de los visitantes, sino que han superado con creces el espíritu de entrega de sus gobernantes, para enaltecer y valorar el patrimonio cultural y científico que se extiende por todo el territorio nacional.
No nos resulta comprensible que los museos de Mendoza, que tiene una larga tradición, como el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Juan Cornelio Moyano, desde 1911, o el de San Rafael, desde 1955, por sólo mencionar a dos de ellos, que eran unos de Ios principales centros de la especialidad en el país, hoy se encuentran en un inexplicable olvido y desatención de sus necesidades.
Sin apoyo del poder público es imposible que existan museos modernos, acordes con las exigencias de cuidado y proyección científica, cualquiera sea su especialidad, que otorguen servicios de calidad para la comunidad local y para los turistas que, como nosotros, recorrimos la Patagonia asombrados del cuidado y desarrollo que han alcanzado pequeñas comunidades con sus instalaciones museológicas e investigadores.
Evidentemente, el desarrollo de los museos en esta dirección hace absolutamente, incompatible que estén dirigidos por gente ajena a la problemática, sin técnicos ni administrativos capacitados y con salarios dignos. Los museos no son grandes y exitosas exposiciones; deben realizar una tarea ingente todo el año, con sus equipos de profesionales totalmente alejados de las prácticas de clientelismo político.
Esto explica la decadencia de los grandes museos de ciencias naturales que hicieron conocer a Mendoza en los anuarios de la cultura. Cualquier ciudadano advertido Ilegará a estas conclusiones, visitando nuestros empobrecidos y degradados museos mendocinos.