Tenemos nuevo parlamento. Hubo cambios. Hubo elecciones. Y los resultados, en parte fueron sorpresivos, en parte esperados y en parte previsibles. Depende la zona, y depende el candidato. Claro, también depende quién analice para saber dónde alumbra con su linterna; no es lo mismo el análisis de Cristina que el de Carrió, no es lo mismo el de Macri que el de Solanas, no es lo mismo el de Página 12 que el de Clarín (¿no eran de la misma empresa?)...
En lo personal se me ocurren los siguientes aspectos a comentar:
Muchas veces, se nos 'escapa' una mirada rápida y superficial, y casi parece que se tratara de una contienda deportiva. Y es bueno tener presente que esto no es fútbol. Ganar o perder no es lo mismo en política que en deporte. Y esto es algo mucho más serio. Si 'uno' gana o pierde se alegra o entristece, pero es mucho lo que está en juego. Y tomarlo como un triunfo deportivo es degradar la política, que bastante degradada está.
- Hay una serie de dichos habituales en estos casos: que es un avance de la democracia, que 'hay que seguir trabajando', que hablar bien del adversario derrotado... etc, etc. En muchos casos, todo lo contrario a lo que se vio en la campaña, con lo que uno se pregunta cuál de las dos 'versiones' del mismo personaje es la verdadera. O ninguna.
- Personalmente creo que desde la vuelta de la democracia hay una importante degradación de "la política". El ejemplo más burdo es Tinelli y CQC, donde la burla es el punto de partida. Pero además, cayendo en el 'círculo vicioso' de «si no hablo, o no voy quedo como 'amargo', como 'triste', pero si voy puedo sumar puntos; y si voy, contribuyo más aun a la degradación de la política que es algo serio». Muy serio. Basta con ver el espacio que le dedicó la prensa a "Gran cuñado" y a los que eran 'expulsados de la casa' o los 'sentenciados'. Pero bien se podría decir que la degradación no empezó con ellos, lo cual es -al menos parcialmente- cierto. Ya desde el comienzo del retorno a la democracia, los candidatos no se buscaban entre los mejores, los militantes comprometidos con la 'cosa pública' o la capacidad en determinadas áreas, sino entre los que mejor 'medían', los que tenían una imagen instalada, actores, deportistas, personas conocidas. Y después, fue frecuente ver la acomodación de parientes y amigos, o la devolución de favores, antes que la búsqueda de la mejor manera de llevar adelante el proyecto por el que -supuestamente- se fue elegido/a. Y además, la importancia en tener buen asesor de imagen, un buen publicista, una buena campaña...
Yendo a los resultados, se ha hablado de "voto castigo". Claro que siempre es importante tener claro castigo ¿a qué? No es lo mismo castigar un modelo que un modo de llevarlo adelante, no es lo mismo castigar un personaje que una ley. Y sería fundamental -para el país, no para el gobierno o la oposición- analizar muy seriamente, si se castigó qué es lo que se castigó. Y por qué.
Puede decirse también que hay adversarios muy poderosos y que cualquier estratega diría que -en esos casos- hay que ir secando los afluentes antes de pretender poner un dique en el río. Si se pretende enfrentar el Grupo Clarín, no es prudente permitirle que se fusionen Cablevisión y Multicanal, o prorrogar las licencias de TV sin llamar a licitación, o poner exigencias. Si se pretende enfrentar el 'aparato duhaldista' no es prudente recostarse más y más en los caciques del Conurbano que no se caracterizan por sus lealtades. No se enfrenta con gritos, o actitudes patoteriles; y mucho menos con negociaciones 'bajo cuerda' con tal que no salga en los Medios.
Siempre es posible, como a veces se dice, que no se haya comunicado bien las propuestas. Pero a veces también eso puede esconder la actitud soberbia de negarse a escuchar. Y cada voto es una palabra a la que no estaría mal prestarle atención.
Acá creo que está uno de los temas fundamentales de la política y las elecciones:
La gente 'habló', y pidió cambio. Pero ¿cambio de qué?
Es posible que haya querido un cambio en el modo de hacer política; es posible que haya pedido un cambio de política. No es lo mismo:
- si se pidió un cambio de modo, es posible que haya pedido que baje el nivel de confrontación, que haya diálogo, que se baje del caballo de la soberbia, que de saquen de los cargos a una serie de 'impresentables', que se escuche a todos los que tienen algo serio que decir... Evidentemente esto no significa que no se mantengan los principios o que se 'bajen las banderas'. Dialogar no quiere decir 'todo es lo mismo', escuchar no quiere decir 'voy a hacer lo que digas'. A lo mejor un estilo avasallador era necesario después de la inacción delarruista, y el caos del 2001, pero salidos de ese momento crítico, ¿no hay que cambiar? En lo personal creo que desde el conflicto con 'el campo' quedó instalada una sensación de gobierno autoritario, no dialogante, patoteril, soberbio, de la que no se supo, no se pudo o no se quiso despegar.
- si se pidió un cambio de contenido, la cosa es más complicada. Se supone que yo creo que 'este rumbo que propongo' es el mejor, mientras que no lo es el propuesto por otros. Es posible que en el diálogo pueda escuchar, ver si no cambió algo que invite a hacer correcciones, o ajustes, pero obviamente si creo que el rumbo es el correcto, no voy a cambiar. Claro que no está mal, en ese caso, informar muy bien a la sociedad por qué se cree que ese rumbo es el correcto, y es mejor que el propuesto por otros (en este caso sí estamos ante una mejora de la comunicación).
- evidentemente, si el mismo personaje cambia de modelo de acuerdo a los humores o vaivenes pendulares de la sociedad, puedo preguntarme si se creía en tal o cual modelo, y se buscaba servir a la Patria de ese modo, o en realidad lo que se pretendía es sólo ser votado, con este o con otro modelo. La famosa frase de Groucho Marx: "estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros" es muy graciosa. Los caciques del Conurbano, no.
Obviamente, en toda elección hay ganadores y perdedores. Los perdedores (como Cristina) o los 'no tan ganadores' (como Micchetti) resaltaron que la elección es legislativa, no ejecutiva. Aunque antes y después dijeron que era -o sería- apoyo a la gestión. Es cierto que los votos legislativos se polarizan más; pero también es cierto que muchas veces son anticipo de lo que se pretende dos años después.
Brevemente podríamos decir que aparecen -al menos aparentemente- como ganadores:
- M. Macri: aunque es cierto que no alcanzó su candidata los votos que esperaban, y que no se ha instalado todavía como candidato a nivel nacional. Es habitual que la Capital Federal votó sistemáticamente distinto que el resto del país. Claro que como en la Ciudad están los Medios con proyección nacional pareciera que su pequeña figura se agranda. De todas maneras, es cierto que tiene muchos medios de su lado y eso puede jugarle a favor.
- E. Carrió se quiso mostrar como la gran ganadora, a pesar que "entró arañando". Su alianza con el cobismo, los radicales, y muchos socialistas no se ve que sea muy firme. Y su intolerancia apocalíptica puede jugarle en contra. La frase "el kirchnerismo fue derrotado en todo el país" no quiere decir nada, porque ese no es el tema en cuestión, a menos que para ella todos los demás modelos no-kirchneristas sean semejantes. Pero dudo que Solanas sea como De Narváez, o que Juez sea como Mestre. Su predicamento monotemático en la corrupción me parece absolutamente insuficiente: ¿es 'corrupto' Videla? ¿o 'solamente' es asesino, genocida, e instaurador de un modelo económico que destruyó el país? Creo que no basta mostrar "incorruptibles", sino que también es necesario mostrar proyectos.
- C. Reutemann sí aparece como uno de los vencedores. Su cercanía al campo en una provincia donde el campo es importante sin dudas lo benefició (también económicamente, ya que es sabido que tiene campos de soja). Es uno de los que entró en la política de la mano y la bendición de Menem, y aparentemente no quedó 'pegado' a la muerte de Pocho Lepratti, a las inundaciones de Santa Fe y a su voto positivo a la ley de flexibilización laboral (ley 25.013).
- L. Juez también parece ganador, aunque no parece querer proyectarse a nivel nacional. Es interesante que el radicalismo logró un segundo lugar en la provincia de Córdoba. Es posible preguntarse si hará alianzas con alguien, an la cámara de senadores, y con quién. Los nombres que dio, al mencionar a sus 'amigos' (Sabatella, Solanas, Binner) pueden invitar a pensar en un 'grupo' (no parece, al menos por ahora, 'bloque') que en algunas cosas no estará muy cerca del PRO, en las votaciones.
- F. De Narváez no puede proyectarse a nivel nacional (por no haber nacido en el país). De todos modos, Macri ya anunció que se presentará como candidato a Gobernador en el 2011 con lo que ya sabemos que no espera concluir su mandato para el que fue elegido el domingo. Si es que asume. Es evidente que su campaña empezó mucho antes que la campaña, instalando el 'candidato' (o 'producto') con afiches en toda la provincia hablando de la seguridad y otros temas sensibles. También él no parece haber quedado pegado a su apoyo al menemismo, a Duhalde, y al modelo neo-liberal, ni a las fundadas denuncias que H. Verbitsky presentó en Página 12.
- J. Cobos también parece ganador con proyección nacional. Su famoso voto no-positivo parece ponerlo como abanderado del diálogo y la tolerancia (precisamente lo que muchos le cuestionan al Gobierno). Es cierto que su proyección está ligada a las alianzas que sepa tejer, y habrá que ver la confianza que despierte en otros potenciales aliados.
Es posible preguntarse por el peso en el resultado de lo que se ha llamado los candidatos "testimoniales". Es verdad que en algunos casos parecen haber arrastrado votos en favor de Kirchner (Quilmes, por ejemplo), otros curiosamente mostraron lo contrario (en F. Varela Kirchner tuvo más votos que Pereyra-Salatino, afortunadamente), y en otros es evidente que mucha gente acompañó al/la candidato/a municipal y no a Kirchner (Berazategui, Ezeiza, Tigre). Hablar de traición es muy exagerado. Significa que se esperaba lealtad de quienes no es evidente que estén dispuestos a manifestarla.
Una incógnita es cómo afecta o no la elección a Scioli. Perdedor también él, queda a cargo del PJ, sigue como gobernador, y hasta contó con la bendición de Reutemann. Personalmente creo que la presencia de Scioli es la mejor demostración de que para Néstor y Cristina les da lo mismo el modelo que sea, lo que importa es "ganar". En tema 'seguridad'. 'minoridad', y política en general, Scioli parece más a la 'derecha' que Solá, o incluso que Duhalde. No se ve que se le 'escape una idea' más que decir 'trabajar, optimismo, fuerza', y es otro de los introducidos en la política por Menem y luego compañero de ruta de Duhalde. No se ve que represente un modelo alternativo al de estos. Su aparente llamado a De Narváez para incorporarse al PJ revela que no parece muy distante, y termina dando la razón a Carrió en que el domingo parecía dirimirse una interna del PJ más que una elección nacional.
Todavía podemos formularnos unas preguntas más:
¿Se trata de un país sin memoria? Personalmente creo que en muchos casos, somos un país totalmente desmemoriado, o -peor aún- que se niega a hacer memoria. Y eso me parece gravísimo. Escuchar el rechazo a los militares y después un reconocimiento, rechazo al modelo menemista y después aplausos, crítica al radicalismo y finalmente apoyo, me parece muy grave. O negarse a pensar. Creo que es fundamental un análisis profundo y desapasionado de la época militar, de la década menemista y la incapacidad radical de terminar mandatos de Irigoyen (¡1930!) a nuestros días. Pero hay demasiados debates sobre los temas más variados que el país todavía no se ha dado. Y no parece querer darlo. Sería tan urgente que todas las instancias universitarias, de la cultura, los artistas, los referentes sociales, sindicales, religiosos, económicos, periodísticos, políticos aprovecháramos este momento para un gran debate nacional. Quizás el bicentenario sería buena ocasión, pero no parece que pueda -o quiera- darse. Al menos por ahora.
Resulta increíble que el radicalismo, que parecía muerto desde el 2001 todavía se levante de las cenizas (el "efecto Alfonsín" no parece haber sido -de todos modos- tan 'efectivo'; irónicamente uno dijo que les hubiera venido mejor que Alfonsín hubiera muerto unas cuantas semanas más tarde). Las actitudes 'patoteriles' del 'campo' parece que no se 'pesaron' como las del gobierno (obviamente no son lo mismo), y los dichos de muchos dirigentes, y particularmente del 'energúmeno de Gualeguaychú' no parece que fueran analizados como coherencia histórica. Algo semejante vale para los dichos recientes de dirigentes de la UIA. Parece que los 'dueños de la patria' -como los asesinos del country- no aceptan que la justicia llegue "a casa". Sólo vale para los de afuera. También en esto es bueno pensar en la memoria, en el autoritarismo, en la soberbia, los modelos. Y el debate o proyecto de país.
También es importante preguntarnos dónde se ubica acá la 'famosa clase media'. Ya pasaron los tiempos de 'piquete y cacerola, la lucha es una sola', y -como afirmaba Saramago- terminado lo principal de la crisis, la 'clase media' se desentendió nuevamente de los pobres. Escuchar a uno en un reportaje que 'con Menem yo podía viajar y comprar' es no sólo incapacidad de análisis, (no entender que 'sus viajes' al costo de un '1 a 1' fueron lo que hicieron estallar al país en el 2001). Pero es habitual que la 'clase media' mire 'su' campito, 'su' terrenito, 'su' micromundo, y se desentienda del resto. El 'yo argentino', 'no te metás', suele ser '¡que los demás se jodan!'. Y eso también es un proyecto. Lamentable, por cierto. (No digo que toda la clase media sea así, pero sí que es habitual que lo sea).
Siempre queda pendiente la pregunta de qué somos o qué queremos "los argentinos". Y es claro que la convivencia, la tolerancia, el respeto a los demás, especialmente a quien piensa diferente no figuran entre nuestras capacidades. Es evidente que no hay "los argentinos", sino diferentes argentinos. Muy diferentes. Y no hablo de 'bipartidismo' o cosas semejantes. Pero ponernos a pensar cosas fundamentales, 'políticas de estado', cosas en las que estemos de acuerdo, parece una urgencia para que las elecciones del domingo sean un punto de partida y no una mecha que se enciende.
¿Y ahora?
Se me ocurren algunas cosas a tener en cuenta a partir de ahora:
- Es bueno mirar qué hizo De la Rúa cuando perdió las elecciones legislativas: "no eramos candidatos", "no estábamos en juego"... No entender, o no querer entender lo ocurrido puede ser propio de la soberbia del poder, o de la burbuja en la que los poderosos se niegan a salir para mirar "el país", "el mundo". Y eso es lo peor que le puede pasar al gobierno, o lo peor que le puede pasar al país. Es impostergable un análisis serio, profundo, mesurado y lo más hondo posible para entender qué dijo 'la gente'. Y cambiar todo lo que haya que cambiar sin traicionar el proyecto (si lo hay), y comunicar lo mejor posible todo lo que se considera que ayuda a crecer y sacar el país adelante.
- Creo que el gobierno debería hacer cientos de cambios: de personas, de estilos, de modos, y ajustes para que se vea clara y transparentemente hacia dónde se va o quiere ir, por qué se cree que ese modelo es mejor que los otros propuestos. Sin agresiones, sin intolerancia, con respeto y firmeza.
- Creo que es urgente el diálogo; que -insisto- no significa que toda propuesta es igual, que todo es lo mismo. No lo es. Pero es soberbio creer que tenemos todos los análisis, todas las propuestas y todos los criterios. Es bueno escuchar respetuosamente, aunque después mantengamos la opinión.
- Finalmente, creo que es impostergable e imprescindible mirar en quien apoyarse: ¿se seguirá confiando, por ejemplo, en los caciques del conurbano o impresentables pingüinos, o se va a abrir juego para buscar a los que mejor puedan 'encarnar' un modelo que se piensa es el mejor para el país?
Creo que el gobierno tiene muchas propuestas para hacer, muchas son mejores que las de muchos de la oposición, muchas no. Y no se trata de cosmética, se trata de aprovechar el traspié, para buscar a los mejores para mostrar (comunicar) que podemos empezar una nueva etapa levantando el país en un rumbo donde todos tengan cabida. Una patria donde los pobres sean 'hermanos/as' y no prescindibles, expulsados del sistema o simplemente 'nadie'. Es cuestión de modelo. Pero no sé si se si es lo que se pretende. Lo dudo. Y a lo mejor, eso también lo dijeron las urnas el domingo.