La fábula del chajá, los tordos y el hornero

Es sabido que el tordo no hace nido propio: pone sus huevos en nido ajeno; especialmente del hornero. Bueno, esta es la historia de un laborioso hornero – que llamaremos Tito – que con mucho esfuerzo, sacrificio y constancia construyó una casita muy  sólida, que era el orgullo del bosque. Pero un día, apareció una pareja de aviesos tordos – que llamaremos los Adolfitos, que estaban solos, tristes y sin lugar en el bosque.

Tanto le imploraron al inocente hornero que lo acogiera en su nidito que éste, generosa e inocentemente, le dio albergue en él y le brindó generosa y sincera amistad. Pero es del caso que los tordos - fieles  a su naturaleza – en poco tiempo comenzaron a poner sus huevos en el nido ajeno y a cazar en el mismo territorio del hornero.

Pero eso no fue todo: poco a poco a los primeros torditos le siguieron  nuevos y envidiosos tordos, que hicieron alianza con los primeros y paulatinamente desplazaron al cándido hornero de su nido y usaron éste como propio. Migraron entonces a San Rafael varios tordos y torditas: Milli, Adrianita, Saulito, Martita y otros amigotes de las “raras avis”. Los demás pájaros del bosque no lo podían creer, no podían ni entrar a la sala ni a la alcoba de la otrora vivienda del sabio hornero.

Hasta que un día, unidos los ingratos tordos, fueron a gritarle al perverso chajá, el siniestro Omarcin, que vigilaba el bosque y a los antiguos honorables chimangos y entre todos echar al hornero de su nido. Éste, al poco tiempo, murió de pena. Los otros animalitos del bosque se enojaron e insultaban en secreto al sr. Chajá y todo el reino hablaba del mal paso del chajá aunque éste creía que caminaba derechito por la vida.

Pero allí no termina la historia: los tordos – que ya eran muchos – comenzaron a pelearse entre ellos por ocupar más espacio en el nido y éste, recargado de indisciplinados y ambiciosos tordos, se derrumbó estrepitosamente.

Los torditos se vieron obligados a volar en busca de nuevos nidos para usurpar y poner sus huevos. Dicen las malas lenguas que el Chajá Omarcín, decepcionado, les quitó el saludo a los torditos y que ahora busca un nuevo bosque donde instalarlos y hasta él mismo se está buscando otro lugar lejos de estas tierras, en las costas atlánticas, bajo la protección de unas aves palmípedas de la Patagonia.

Toda semejanza entre esta fábula del chajá, los tordos y el hornero, y los “adscriptos” del CONICET al Museo de Historia Natural de San Rafael es pura coincidencia y se debe posiblemente a un error de interpretación de los lectores.

Resulta útil recordar que las fábulas y los apólogos se utilizaron desde la Antigüedad grecorromana por los esclavos pedagogos para enseñar conducta ética a los niños que educaban.

GLOSARIO de hábitos:

 HORNERO: pájaro que se ha hecho célebre especialmente por su nido, citado en todas partes como un modelo de ingenio y de habilidad industriosa.

 TORDOS: Los renegridos son pájaros parásitos, seguramente la característica más notable de la especie, ya que pone sus huevos en los nidos de otras aves que comparten su hábitat.

 CHAJA: Aunque tiene la facultad de volar muy alto, tal como ocurre con las grandes rapaces, es frecuente verla correr como las gallinas y criarse sin dificultad en las chacras y estancias.