Juicio oral contra "el tirador de Belgrano"

El día 3 de junio pasado se inició el juicio oral contra Martín Ríos por el asesinato de Alfredo Marcenac, nuestro hijo, y por otras 11 tentativas de homicidio.

En las audiencias transcurridas hemos escuchado por un lado relatos de los hechos cometidos por Ríos, con absoluta frialdad, con precisión absoluta al momento de disparar, sin dudas a la hora de apuntar y tirar sobre sus víctimas, ni dudas a la hora de montar su bicicleta y huir o correr y ocultarse para que no lo descubran.  En cada testimonio de los testigos presenciales, si bien no existió una absoluta coincidencia en los datos complementarios como la forma de vestir o su estatura, sí prevaleció un elemento común: la descripción de la actitud fría y calculada del asesino Ríos frente a sus víctimas.

Frente a estos hechos que producen un profundo dolor a las familias de las víctimas, hemos escuchado también, las más variadas lecciones sobre esquizofrenia, conductas psicóticas, comportamientos esquizoides y muchas otras disquisiciones, algunas rayanas en el absurdo, otras desde la soberbia incomprensible de quienes pretenden “descifrar el interior de la mente de Martín Ríos al realizar los ataques”.

Si lo que se pretendiera de la justicia es que defina quién tiene razón o quién es capaz de lograr un mayor lucimiento académico en sus exposiciones, seguramente sería difícil discernir en este caso, ya que se ha convertido en una “florida exposición de expertos en salud mental”. Claro está, esos expertos se olvidan que la justicia no está para eso, ni a los ciudadanos que sufrimos la pérdida de nuestros seres queridos nos interesa en lo más mínimo escuchar las dudas existenciales de psicólogos y psiquiatras que nos dicen permanentemente que las cosas pueden ser interpretadas de un modo, pero también de otro, que los test son una especie de ADN de la personalidad y que ellos, desde su “saber experto y exclusivo” y casi mágicamente, pueden decirnos con 3 o 4 horas de entrevistas y algunas técnicas gráficas,  cómo es Martín Ríos, qué tipo de persona es, qué le pasaba, qué pudo haber pensado o sentido hace dos, tres o cinco años atrás. Y desde ese lugar de absoluta omnipotencia, a pesar de que algunos de ellos admiten que NI SIQUIERA LEYERON LOS TESTIMONIOS DE LOS TESTIGOS de los 4 hechos, DEDUCEN QUE EL ASESINO RÍOS NO COMPRENDIÓ SU ACTO REITERADO DE DISPARAR Y MATAR.

A esta altura de las circunstancias, después de casi 3 años de discusiones estériles y después de 5  jornadas de juicio oral, nos preguntamos, ¿qué importancia le adjudican la justicia y los “expertos” a la vida de nuestro hijo, esa vida que el asesino Ríos arrasó sin ningún signo de culpa?. ¿Es que  los expertos están más interesados en el asesino que en la vida de Alfredo y las otras personas a quienes Ríos intentó matar?

Desde el lugar de víctimas, tanto Alfredo como el resto de los heridos y sus familias, seguimos siendo castigados y fustigados por discursos irrelevantes que lo único que pretenden es justificar lo injustificable. Porque volvemos una vez más al principio: no interesa saber cómo es la personalidad de Ríos, (esto pueden guardarlo para escribir sus libros después); lo que interesa saber es QUÉ HIZO RÍOS y SI COMPRENDIÒ CUANDO LO HIZO. Y en este sentido los hechos son contundentes: Ríos preparó los 4 ataques, talló las balas para que causaran daños irreparables, concretó los ataques con total tranquilidad, intentó matar y mató,  y además huyó todas las veces porque conocía la gravedad de sus actos. Martín Ríos desprecia la vida de las demás personas, disfruta haciendo daño a otros, es perverso en sus acciones y lo demuestra matando. Por más que pretendamos inventar interpretaciones, la verdad de los hechos es irrefutable. Esperamos y deseamos que la justicia pueda prevalecer sobre los discursos médicos y condene al asesino por lo que hizo, no por lo que es. Sólo eso pedimos en nombre de nuestro hijo Alfredo MARCENAC, asesinado por placer, por Martín Ríos el 6 de julio de 2006.