El año pasado, y reemplazando a una profesora que había sido madre, tuve el honor de ser uno de los docentes del Servicio Cívico Voluntario. Allí acompañé hasta su egreso a los treinta y dos chicos que formaron parte de la primera promoción del CENS 3-492 que funcionaba en las instalaciones del Ejército en calle Boulogne Sur Mer de Ciudad de Mendoza.
Y digo “funcionaba”, porque por falta de renovación del convenio entre esta fuerza y el Gobierno provincial, ya no está más ahí este centro de adultos. ¿Y por qué no lo renovaron? Buena pregunta. Al parecer no es tanto por desarmar un proyecto del cobismo, como por la ineficacia de los funcionarios actuantes. La cosa es que el CENS está ahora dictando sus clases en los talleres de Vialidad ubicados en calle Vuelta de Obligado al 700 de Ciudad, en donde comparten el edificio con otras cuatro escuelas, los baños no funcionan como corresponde, y los bancos no alcanzan para los alumnos.
De los talleres de capacitación que complementaban la educación formal, poco y nada ha quedado. Luego de un primer año en el que las cosas funcionaron, el año pasado no hubo materiales de trabajo hasta octubre. Y como el ciclo lectivo estaba ya tan avanzado, en el Ejército “guardaron” los elementos para ser usados en el 2009, pero como no hay renovación del convenio…los talleres aún no arrancan. En la sede del Ejército funcionaban además dos CEBA (centros de adultos de educación inicial, tipo EGB). Estas escuelas también fueron “reubicadas”.
Y a esta altura de los acontecimientos, uno se pregunta. ¿Cómo puede ser, que un proyecto que se intenta replicar a nivel nacional porque da contención a un montón de chicos, es abandonado en su lugar de origen en donde estaba dando resultados? ¿Será posible que la simple inacción de los responsables de turno tire para atrás un proyecto que no tiene críticas ni de los opositores a Cobos, creador del sistema?
Tal vez alguien crea que tengo postura tomada al respecto: sí, así es. Habiendo sido parte, vi las ganas de los docentes y de los alumnos, similares a las de los demás centros de adultos de la provincia, pero con un agregado: muchos de los estudiantes empezaron a asistir solo por la beca que cobraban, y al avanzar en el cursado vieron que tenían una nueva e inesperada oportunidad de volver a reinsertarse en un mundo esquivo que ya los había excluido.
Hay treinta y dos mendocinos “reinsertados”, no es poca cosa si hacemos la comparación con la nada. Pero es insuficiente, casi nada, una vergüenza de poco, si tenemos en cuenta que con solo seguir adelante el número se habría multiplicado. Sería bueno escuchar un slogan de campaña de parte de los gobernantes que dijera “mas vale tarde que nunca”; no sé si redituará en votos, pero al menos un buen número de mendocinos estaríamos agradecidos.