No a la violencia política

Los hechos del viernes pasado merecen que la dirigencia política provincial le ponga un freno a los ataques mutuos antes de que la violencia física se vuelva parte de la agenda de campaña.

La campaña electoral puede entrar en una espiral de violencia. El afán de “ganar o ganar” instalado como modelo político en el país no deja espacio al diálogo ni a la contraposición de ideas por los métodos tradicionales.

Primero, fue la destrucción de la cartelería política. Luego, la difusión de versiones que enturbian la imagen de los dirigentes políticos, metiéndolos en un traje tejido de sospechas. Y final e irremediablemente, la violencia.

El viernes, dos jóvenes que repartían folletos para el Frente Cívico fueron insultados y perseguidos, agredidos físicamente y heridos por quienes, abiertamente, se manifestaron como de signo contrario a su militancia.

Se podía percibir un enrarecimiento del clima político del país, pero creímos que se trataba de algo distante y propio del nerviosismo generado por la situación de empate que se produce en la provincia de Buenos Aires entre oficialismo y oposición.

Creímos que veríamos por televisión la guerra de acusaciones y soñábamos con el destierro definitivo de la violencia política.

Pero repentinamente, este viernes se vio quebrado el avance de la campaña aquí nomás, ante nuestros ojos, en Mendoza y en pleno día. Más datos aun: los jóvenes cobistas fueron heridos y despojados de sus materiales de militancia a las tres de la tarde a una cuadra de la Municipalidad de Guaymallén y a dos de la Comisaría Novena. Fueron agredidos salvajemente en la puerta de la casa familiar de uno de ellos.

Indudablemente, la escalada violenta de la semana que concluye constituye una bisagra en la etapa previa a las elecciones del 28 de junio próximo.

La dirigencia política –ésta es la buena noticia- reaccionó de inmediato. Tanto el intendente justicialista de Guaymallén, Alejandro Abraham como el jefe de campaña del Frente Cívico, César Biffi y el propio vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, llevaron tranquilidad a las familias de los jóvenes afectados.

Abraham reaccionó bien y rápido cuando se conoció que los agresores no sólo podrían ser de su partido sino que, además, empleados municipales: “Si es así, los hecho de inmediato”, aseguró y se solidarizó con los agredidos.

Lo propio hicieron Cobos y Biffi, pero con preocupación. De inmediato se comunicaron con el jefe de la campaña del Partido Justicialista, el intendente de Las Heras, Rubén Miranda y le pidieron que se pacte un “punto final a las agresiones”.

Es que es sabido que en política las cosas jamás deben llevarse a extremos maniqueos, al “todo o nada”, al “gano o mato”. Pero ese ha sido el signo que, desde la pelea del campo, de le impuso a la política nacional.

Cuando los dirigentes dicen en un discurso que al adversario lo “reventarán”, los punteros suelen leer sin comillas la frase y aplicarla, como hemos visto ahora, al pie de la letra.

A dos semanas de las elecciones, cuando todo indica que empezarán a sacarse más “trapitos al sol” entre unos y otros en la melesca de los votos de la ciudadanía, es ésta la que debe poner un freno a la irracionalidad y exigir un debate con altura, como los mendocinos merecemos.

Y, centralmente, aborrecer la violencia.

¿Cómo creés que se va a desarrollar lo que resta de la campaña en Mendoza?