Es un despropósito que siga en libertad

Creo que el Tribunal que juzgó a padre Grassi intentó quedar bien con Dios y con el Diablo.

Lo absolvió de 15 delitos, que ahora la Fiscalía y los querellantes apalarán ante el Tribunal de Casación.

Lo condenó sólo por dos delitos de corrupción de menores y de pedofilia.

Quince años con condena firme y de estricto cumplimiento, parecen, según muchos, ajustados a derecho.

Lo que es un verdadero despropósito es que el condenado, aunque sea en primera instancia, por la tipificación del delito permanezca en libertad y se le permita el acceso a la Fundación Felices los Niños; sitio donde se produjeron los episodios que hoy tienen sentencia condenatoria.

Habrá que esperar, lamentablemente todavía mucho tiempo más, para que esta tragedia finalice.

Lo que puedo asegurar, desde mi posición de cristiano y de sacerdote, es que lo ocurrido a Grassi y con Grassi ( que contó con el consentimiento de su obispo para cear la Fundación) es que la ayuda y acercamiento a los pobres y necesitados debe hacerse desde la misma pobreza evangélica y con la solidaridad de los mismos pobres. Así lo practicó Jesús. No de debió favores a nadie. Sólo a los pobres.

Rodearse de gente de mucho dinero y poder, aun para sostener una causa noble, tiene su precio. Los ricos y poderosos, más temprano que tarde, "pasan las facturas". Y, a más de los delitos personales que se le puedan probar a Grassi, su grueso error y pecado es haberse hecho amigo de los poderosos.

¿Que usted dice que hay ricos y poderosos que son buenos y honestos?

Lo acepto. Pero me bastan los dedos de las manos para contabilizarlos.

"No se puede servir a Dios y al dinero", sentenció Jesús.

Ojalá nunca lo olvidemos.