¿El silencio de los no inocentes?

Han pasado muchos días desde que en un medio periodístico local, MDZol,  fuera publicada la nota del Dr. Augusto Menéndez, titulada “La jubilación forzosa del Dr. Lagiglia”, en la que fundamenta con sólidos argumentos jurídicos sobre lo que se ha dado en llamar “jubilación compulsiva”, un tipo de jubilaciones que acostumbran a “otorgar” tanto las reparticiones públicas como, en especial,  las universidades. Con asombro  he advertido que no ha habido comentario jurídico alguno de quienes podrían sentirse afectados, tanto favorable como desfavorablemente, como si nadie se hubiese enterado.    

Hay varias lecturas en ese escrito que me atrevo a analizar y son las siguientes: a) Es de no creer y da impotencia advertir que quienes gobiernan un departamento tan importante como San Rafael, desplazaron al director del Museo de Ciencias Naturales, doctor Lagiglia, para, presuntamente, someterlo a ese régimen oprobioso de jubilación. Esos gobernantes  demostraron desconocer las más elementales normas legales que rigen la materia, ya que lo hicieron de una manera tan chabacana, que es increíble que no mediara un asesoramiento profesional. En su proceder  se desnudaron intrigas de vaya a saber quién o quienes, que hicieron lobby para lograr esa injusta separación; o que intereses movieron a tanta desconsideración. Pero cuando intervienen las miserias y la soberbia, estos hechos son comunes. El doctor Menéndez, con argumentos irrefutables, citando fuentes legales y jurisprudenciales, demuestra la ilegitimidad de la Resolución Municipal 0567/08 que desplaza a Lagiglia de la dirección del museo, pretendiendo una jubilación compulsiva anticonstitucional, pero que ¡vaya paradoja! sigue siendo agente de la administración pública del municipio.  Sin  duda es la Resolución 0567 /08 una excelente pieza para tener como ejemplo en las facultades de Derecho de lo que no se debe hacer  y, además, de la incapacidad de quienes tienen el privilegio de gobernar. Pero si faltara algo más para no dudar del atropello a la legalidad y la improvisación, el Honorable Consejo Deliberante no la ratificó (pese a que dicha Resolución lo exigía) por lo que nunca entró en vigencia. Ergo: al doctor Lagiglia no lo “jubilaron”, pero no se le permitió la entrada al Museo que él había creado hace más de cincuenta años. Además, cuando el doctor Menéndez le “aconsejó” al Señor Intendente de San Rafael que se asesorara, porque el texto de la Resolución no se ajusta a la Ley 3909 de Procedimiento Administrativo, lo hizo sin ironías. Así parece que se gobierna en este país.

b) Los becarios del CONICET tampoco han opinando nada ¿será que sabían que en el museo “eran sapo de otro pozo”? Porque eso de no brindar “ningún beneficio al municipio” es absolutamente cierto. Ellos están allí para investigar en su propio beneficio, sin saberse  en qué  puede beneficiar su trabajo a la entidad; pero se arrogan derechos que no les corresponden, con el pretendido status de “ser investigador del CONICET”, con la petulancia que para ellos esto conlleva; derechos que no tienen por ser, como dice la nota mencionada, “meros convidados de piedra”. Habría que averiguar si, además de las asignaciones del CONICET,  algunos cobran también como empleados del Museo. Sería interesante que alguien lo investigara, ya que de investigadores se trata, porque es delito cobrar el mismo trabajo de dos patrones.

c) Lo otro que me llama la atención es que existiendo antecedentes sobre la inconstitucionalidad de las jubilaciones compulsivas, desconozco antecedentes de haberse presentado para defender sus derechos a permanecer en el cargo, como bien lo explicita el doctor Menéndez al citar el  fallo del doctor Marinelli (Art. 51 Estatuto Universitario de la UBA).

Por último, me referiré a la nota “La mediocridad al palo”, que escribió el doctor en Ciencias Naturales Gustavo Neme Una defensa pobre por lo errática, desprolija y de nulo contenido, según la cual deviene en que no hubo irregularidades al procederse al alejamiento  del doctor Lagiglia, abriendo juicio y opinando sobre legislación jubilatoria  - que demuestra desconocer totalmente -; pero, lamentablemente, las inquietudes propias de un investigador aquí parece que no contaron, y así es el increíble contenido de su nota.

Ahora el problema es quién tomará la posta para reemplazar a un profesional tan prestigioso y de tamaños quilates como Lagiglia. Además, si se hace sobre los conocidos en sospechas no faltarán quién  hable y engorden los rumores. Considero que así como tan livianamente se tomó esa desatinada medida, siguiendo con este criterio lo mejor que podría hacer el Honorable Consejo Deliberante sería nombrar como director del Museo de Ciencias Naturales de San Rafael, a la  reina de la vendimia, como ya se hizo en el museo de Malargüe décadas atrás.