El ex presidente Néstor Kirchner aprovechó una de las tribunas que lo acogen como presidente del Partido Justicialista para empujar a la arena electoral al gobernador bonaerense, Daniel Scioli.
Nada está asegurado en la provincia que, hasta ayer nomás, “le pertenecía”.
Busca la forma más elegante de no aceptar lo que para muchos de sus seguidores es indiscutido: es él quien debe encabezar la lista oficial para las próximas elecciones en la provincia de Buenos Aires.
¿Se trata de un gobierno en retirada? Los cronistas de CQC tuvieron el acceso a la intimidad de Néstor y Cristina Kirchner que no se le concede a nadie más. Sólo ellos pudieron ser parte del juego perverso al que la ludopatía política del kirchnerismo nos quiere acostumbrar. “¿Se va si pierde, presidenta..?”, preguntaron a uno y a la otra, recibiendo sonrisitas y espacios de silencio que se pueden llenar de cualquier tipo de especulación, pero no de aire, como globo de ensayo que parecía ser.
En este juego al límite, ya no sólo se decide a la carta cuándo le conviene a uno sólo que se hagan las elecciones, sino que se juega a la taba la institucionalidad del país.
Kirchner lanzó a Scioli al ruedo.
No le importa que aquél tenga en sus manos nada menos que la responsabilidad de garantizar la gobernabilidad del estado más importante del país. Lo que parece quedar en la superficie de la montaña de cosas importantes es la supervivencia política propia. Y poco más.
No sabemos si en el próximo acto lo desmentirá, socarronamente. O, tal vez, impulse un nuevo nombre, una nueva fecha, un capricho novedoso.