Pasé, miré y se lo conté a MDZ: "Un mundo de sensaciones..."

Domingo, 7:12 de la mañana. Ingresaba por el Acceso Este a la ciudad de Mendoza procedente de Chile, cuando el ómnibus se detuvo y a lo lejos se veía fuego. Éramos tres los ciudadanos argentinos, el resto, no más de una decena, eran chilenos.

Ante esa imagen, una señora trasandina comentó “un accidente, se ha incendiado un auto”. Y todos asentían. Miro por la ventanilla, y replico “no señora, es alguna huelga o manifestación”. Y un conciudadano se sumó “los taxis están cortando el nudo”. Minutos después, un agente de la Policía de Mendoza se acercó y avisó que los taxistas estaban cortando el ingreso a la Ciudad y a la Terminal de Ómnibus por el crimen de un compañero, y que debíamos descender sobre el Acceso.

Pensé “qué mejor postal de la Provincia de Mendoza que esto”. Una manifestación, cortando el principal acceso a la ciudad capital, por un crimen reciente. Eso es Mendoza hoy en día: una provincia peligrosa, una provincia convulsionada, con una ciudadanía cada día más acostumbrada a manifestar y soportar reclamos. Bienvenidos.

Estuve la semana pasada en Santiago. Cuando me fui de Mendoza, todavía los señores de verde no desfilaban por las calles de esta hermosa ciudad. Hoy, durante todo el día, en la Terminal, en la Peatonal, en Av. Colón, en todos lados por los que pasara, había Gendarmes “vigilando”. Y se me vino a la cabeza una imagen de aquel viaje solitario de adolescente a Centroamérica hace un par de años. Recordé aquella Ciudad de Guatemala, con policía militarizada, tal vez miembros del ejército, agentes de la DEA y del FBI “colaborando”, todos desparramados y copando la ciudad. Y me asusté. Me asusté de Mendoza, me asusté en Mendoza. Experimenté aquella sensación que tuve a los 17 años, cuando caminando solo por aquella ciudad que fuera tierra de los mayas, sentía el peligro latente. El hecho de que hubiera un policía con armas largas listo para disparar me decía “acá pasa cualquier cosa en cualquier momento”. Y eso asusta a cualquiera ¿no?

¿Qué sensación nos da una imagen? Comparemos la cantidad de policías que uno observa caminando por Ginebra a la cantidad de policías que uno observa caminando por Nueva York. Comparemos la cantidad de carabineros que uno observa caminando por Las Condes con la cantidad de policías y gendarmes que uno observa caminando por Mendoza. Y se viene la pregunta: ver la fuerza pública en la calle, ¿no asusta un poco? Vamos por otro lado: ver la fuerza pública en la calle, ¿sirve?

Un amigo policía me decía hace unos meses “con Aguinaga hacíamos algo, realmente había prevención, había planificación, había operativos, había tareas de investigación. Ahora Ciurca nos pone como figuritas en la calle, y así no hacemos nada para combatir el delito”.

Soy un simple estudiante universitario, con pensamiento político pero apartidario. Atendiendo a la realidad, dudo de mi capacidad para esbozar una idea de solución a este problema de la “inseguridad” o “delincuencia”, que entiendo resulta bastante complejo. Pero mi pregunta es: ¿sirve de algo ver a tanta policía en la calle? ¿Realmente hacen algo? ¿Está comprobado que tiene un efecto disuasivo?

Yo no veo contención, desarrollo, educación ni inclusión. No he escuchado ninguna propuesta o plan de mejoramiento de las condiciones socioeconómicas, sanitarias, educativas o laborales del tejido social. Más bien veo “bomberos de la desigualdad” en las calles, tratando de “apagar” esta situación que claramente ha superado al Gobierno. Y a todos como sociedad.

Por mi parte, yo, un joven de clase media (y si quieren, de clase “media-acomodada”), les digo que me da miedo salir a la calle en Mendoza hoy en día. Me da miedo tanta locura deambulando a mi lado. Me da miedo que la muerte a “un gatillo” de distancia se pasee a mi lado. Los gendarmes me alarman. El que la seguridad esté “hirviendo” me alarma.

Hoy, desconociendo los números reales del delito, para mí, en Mendoza, la famosa sensación de inseguridad ha aumentado.