Falleció el primer presidente constitucional que tuvo este paìs, después de la última dictadura militar que sufrió el país. Se le rinde homenaje oficial y el pueblo le brinda reconocimiento a su hacer político. Se alzan voces a favor de su gestión y otras en fuerte oposición sobre la política implementada durante su gobierno.
Despedimos a un ex mandatario que tuvo un rol histórico en la transición que vivió el país; un gobierno que soportó fuerte presión militar y condicionamientos económicos y políticos, tanto en el país como del exterior.
Recuerdo, entre las pocas veces que nos vimos personalmente en la Casa de Gobierno, que dijo que lo único que le dejó la dictadura fue un manojo de llaves y que no sabía que puertas abría. Se llevaron hasta las maquinas de escribir. La devastación fue total.
Dejaron un país destruido y mucho dolor. Había que comenzar todo de nuevo, recuperar las instituciones del Estado colapsadas, el poder judicial con jueces corruptos, muchos de ellos cómplices de la dictadura y medios de comunicación que buscaban tapar los crímenes cometidos.
El escenario después de la derrota en Malvinas y la resistencia de los organismos de derechos humanos y sectores sociales era complejo y difícil. Los militares ya no podían gobernar y el gobierno de los EE.UU. impulsó una rápida democratización del continente, con democracias condicionadas y restringidas. Se les cayó la Doctrina de Seguridad Nacional basada en la confrontación Este-Oeste. La guerra de Malvinas fue la confrontación Norte-Sur
Los militares estaban dispuestos a entregar el gobierno pero no el poder. Muchos dirigentes políticos negociaron con los militares, tanto del radicalismo como del peronismo para alcanzar acuerdos y lograr la impunidad de los crímenes cometidos. El precio era el llamado a elecciones. Uno de los ejes fundamentales en esas negociaciones fue la política de derechos humanos.
La transición debía darse sin juicio a los responsables; el discurso fue: “lo pasado olvidado”, “hay que mirar para delante”, “todo fue doloroso, pero hay que construir el futuro”. Desde la jerarquía eclesiástica se afirmaba la necesidad de sancionar la “ley del olvido y la reconciliación”. La impunidad marcaba el derrotero de lo por venir. Algunos problemas no había que tocarlos, estaban dominados por el miedo y el oportunismo.
La dictadura militar dejó muerte y destrucción y una deuda externa inmoral, impagable que lamentablemente Alfonsín asumió sin investigar su origen y legitimidad. Hasta el día de hoy los gobiernos que le sucedieron , tampoco lo han hecho; continúan pagándola con el hambre y sobre la sangre del pueblo. Es una deuda pendiente que pesa cada día más sobre la vida de los sectores más empobrecidos.
Muchos creímos en Alfonsín y lo votamos, me incluyo, esperábamos que actúe con claridad y coraje político y que estaría a la altura de los desafíos y reclamos del país para recuperar la confianza y el derecho del pueblo.
Los organismos de DD.HH. teníamos preocupación por dirigentes políticos y sus claudicaciones y apoyamos la candidatura del Dr. Augusto Conte para diputado nacional para impulsar la política de DD.HH. en el Parlamento, y reclamar la aparición con vida de los desaparecidos y saber que había pasado con ellos. Los organismos de DD.HH. propusimos formación de una Comisión Bicameral para investigar los crímenes de la dictadura.
Alfonsín creo la CONADEP, en lugar de la Comisión Bicameral. Decidió pasar las causas al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, para que se juzguen a si mismos, cosa que nunca ocurrió. Los militares no podían ser juez y parte. Durante mas de dos años lo único que hicieron fue sobreseer por plazos vencidos al entonces capitán Alfredo Astíz, siniestro represor que hasta el día de hoy espera ser juzgado.
Para integrar la CONADEP puse como condición fundamental que las causas pasen a la justicia federal y no a la justicia militar. Alfonsín se negó. Había acuerdos entre el presidente y las fuerzas armadas de no juzgar a los militares. La grave situación del Consejo Supremo de las FF.AA. y la fuerte presión nacional e internacional, obliga al gobierno a sacar las causas al Consejo Supremo e iniciar el histórico juicio a las tres Primeras Juntas Militares; con la condena a los comandantes y el clamor que el Fiscal Julio Strassera expresara en el NUNCA MAS durante el juicio, fue un primer paso en la lucha contra la impunidad.
La situación económica era angustiante y recuperar las instituciones del Estado fue una tarea enorme, plagada de dificultades. Hay que reconocer y evaluar del gobierno radical lo positivo en restablecer relaciones de hermandad con países del continente. Buscar la participación democrática, aunque la misma fue más formal que efectiva. El gobierno tenía fuerte apoyo del pueblo y de muchos países que veían con simpatía al gobierno radical. Después llegó lo peor, las leyes de impunidad y el bloqueo a las causas judiciales. La claudicación en la Semana Santa con sus declaraciones tragicómicas, negociando con los represores y su célebre frase “La casa está en orden”, cuando el país estaba “patas arriba”. Siempre afirmó que fue para evitar un derramamiento de sangre.
Tuvo que dejar el gobierno antes de concluir su mandato. La oposición peronista - sindical y política no ayudó a reconstruir el país, se puso en férrea oposición para desgastar al gobierno. Con la llegada de Menem, de manos del peronismo más recalcitrante se terminó de entregar la soberanía nacional a manos de las grandes corporaciones extranjeras y el sometimiento a los Estados Unidos, privatizando las empresas y recursos del Estado y como broche de todo eso, Alfonsín terminó negociando con Menem en el Pacto de Olivos y facilitando su reelección. La reforma constitucional tiene consecuencias. Hoy somos un país sin soberanía.
Recuerdo a Monseñor Jaime de Nevares que renuncia a la Constituyente y cuando lo veo en Neuquén, le pregunto las causas de su renuncia y dijo: “Fue como fumarse un cigarrillo encendido por las dos puntas”. Todavía quema.
Creo que muchos sectores del pueblo no esperábamos de Alfonsín cambios profundos en la vida institucional del país. Su gobierno fue moderado, de transición, al que le faltó claridad en las decisiones políticas. Alfonsín creyó que podía controlar y neutralizar a las fuerzas armadas, no pudo hacerlo; creía más en su capacidad de maniobra que en el pueblo. Hoy lo saludamos en su partida y esperamos que la memoria ayude a iluminar el presente. La historia tiene páginas entre luces y sombras que nunca serán escritas, pero que están en la memoria del pueblo y se transmiten de mano en mano, de mirada en mirada a las nuevas generaciones. Una cosa es lo que se quiere y otra lo que se puede.
Le faltó dar el salto de creatividad y coraje: “seamos realistas, pidamos lo imposible”.