La Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR) tendrá mañana su propia "minicumbre" con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, iniciativa surgida de éste en el marco de la V Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago.
Obama, que también tendrá sendos encuentros con América Central y la comunidad caribeña, tratará así de formarse una idea más clara de una subregión en la que no sólo hay problemas específicos, sino además dos liderazgos clave para su relación con América Latina en conjunto: los de Luiz Inacio Lula Da Silva y Hugo Chávez.
"Me han informado. Nosotros iremos, estamos dispuestos a ir a la reunión y ojalá que vaya el presidente de Estados Unidos a oír, ojalá no siga el ejemplo del rey (Juan Carlos) de España que me dijo '¿por qué no te callas?', porque vamos a decir nuestra verdad", dijo Chávez en su primer comentario sobre la cita.
Lula, en cambio, se mostró más dispuesto. De hecho, conversó por teléfono con Obama el jueves y, aunque no reveló detalles de esa charla, dijo que le recordó a su interlocutor que es necesario "un cambio en la visión que tiene Estados Unidos de la política latinoamericana".
"Ya no tenemos Guerra Fría, ya no tenemos lucha armada. Sólo existe un grupo que defiende la lucha armada (las FARC de Colombia). (...). Y creo que vamos a construir eso (un cambio), porque Obama tiene todas las posibilidades de invertir la relación política entre Estados Unidos y América Latina", afirmó Lula.
La iniciativa de la reunión, formalizada por Obama mediante una llamada que le hizo a su homóloga de Chile, Michelle Bachelet, en su condición de presidenta de turno de UNASUR, sorprendió a los mandatarios sudamericanos, que no esperaban esa posibilidad de encontrarse con él en Puerto España dentro de un grupo más reducido.
El ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Mariano Fernández, anunció que la UNASUR no tendrá un planteamiento común en ese encuentro, sino entrará en una "conversación abierta".
La aclaración de Fernández quizá sobraba. Sudamérica difícilmente pueda tener una sola voz frente a cualquier interlocutor, pues está compuesta por 12 países con gobiernos de distinta orientación.
Chávez, quien ya asumió una actitud rebelde frente a la Cumbre de las Américas al anticipar que vetará su declaración final, es el referente de la posicíón más crítica hacia Washington y se descuenta que sus distancias frente al contenido de la reuníón continental se trasladarán también a la "minicumbre".
Lula, entretanto, se posiciona como el líder del grupo virtual que desde una posición "progresista" trata de sintonizar con el discurso de cambio de Obama. Para ejercer ese liderazgo desde una izquierda "moderada" o "democrática", Lula no sólo se vale de sus antecedentes, su gestión de gobierno y su carisma, sino también del peso económico de su país, el gigante sudamericano.
Aunque la realidad es más compleja que etiquetar a cada gobierno como "chavista" o "lulista", entre esas dos posiciones paradigmáticas se mueven la mayoría de gobiernos de Sudamérica.
Más a la derecha están el del Perú y el de Colombia, éste último "descolocado", según analistas, con la llegada a la Casa Blanca de un presidente que a diferencia de su antecesor, George W. Bush, no parece incluirlo dentro de sus socios regionales estratégicos.
Los tres primeros meses de gobierno de Obama han marcado algunos cambios en la relación de su país con América Latina. Audaces para algunos, muy tímidos para otros, lo claro es que ya no es se está en la era Bush y tanto la V Cumbre de las Américas como la "minicumbre" serán importantes para vislumbrar como serán los próximos capítulos.